La diplomática costarricense gana la tercera ronda del Consejo de Seguridad para suceder a António Guterres. La contienda apunta a situar a la primera mujer al frente de Naciones Unidas a partir de enero. El riesgo de veto de las potencias mantiene en el aire el desenlace.
La costarricense Rebeca Grynspan tomó ventaja este viernes al imponerse en la tercera votación informal del Consejo de Seguridad para suceder a António Guterres al frente de la ONU. La carrera se perfila hacia la elección de la primera mujer en liderar el organismo a partir de enero, aunque las divisiones internas amenazan con complicar el desenlace.
Grynspan, exvicepresidenta de Costa Rica y apartada temporalmente de la dirección de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) para volcarse en la campaña, recuperó el liderazgo tras haber ganado el primer sondeo y ceder el segundo ante la exministra de Exteriores de Guyane Carolyn Rodrigues-Birkett. En esta tercera ronda, la candidata centroamericana cosechó nueve apoyos, pero también encendió alarmas al registrar cinco votos en contra y una abstención.
Varios miembros del Consejo han manifestado su deseo de que la ONU, que atraviesa una difícil situación, tenga su primera mujer al frente cuando el secretario general Antonio Guterres concluya su mandato a finales de diciembre.
Tensiones y amenaza de veto
El margen de maniobra de la diplomática costarricense es estrecho: basta con que solo una de las objeciones provenga de los cinco miembros permanentes con derecho a veto —Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido o Francia— para descarrilar su candidatura. Rodrigues-Birkett, por su parte, quedó a un paso con ocho votos a favor, seis en contra y una abstención.
La contienda incluye a figuras de peso como el argentino Rafael Grossi (director del OIEA), el expresidente senegalés Macky Sall o la expresidenta chilena Michelle Bachelet.
Sin embargo, en los pasillos de Nueva York cobra fuerza el temor a que las potencias impongan a un candidato de consenso a puerta cerrada, esquivando el proceso formal antes de elevar la propuesta a la Asamblea General.
A las fricciones diplomáticas se suma la presión de Washington. Desde el Departamento de Estado advirtieron que el próximo secretario general deberá despojar a la institución de "ideologías politizadas" para devolverla a su función prioritaria: la paz y la seguridad internacionales.
El Consejo de Seguridad prevé realizar nuevas rondas con papeletas de colores para identificar qué potencias activan el veto, en vísperas de la semana de alto nivel de las Naciones Unidas.