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El invierno amenaza a miles de familias en Gaza que viven en casas destruidas y tiendas de campaña

Maryam Abu Hazein, palestina, sobre los escombros de su casa en la zona de Al-Maghraqa, al oeste de la ciudad de Gaza
Maryam Abu Hazin, palestina, sobre los escombros de su casa en la zona de Maghraqa, al oeste de la ciudad de Gaza -  Derechos de autor  محمد نشبت- يورونيوز
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Por محمد نشبت con يورونيوز
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Gaza afronta su cuarto invierno de guerra con miles de familias refugiadas en viviendas dañadas y tiendas de campaña, expuestas a las lluvias y al riesgo de derrumbe.

Cuando llueve, Abdallah Siam traslada los colchones de su familia hasta el único rincón de la casa donde el agua no se filtra por el techo, en Al Mughraqa, en el centro de la Franja de Gaza. Los bombardeos que alcanzaron las viviendas vecinas han dejado grietas en el tejado y a la familia apenas le queda otra opción que buscar un lugar seco donde pasar la noche. "Movemos nuestros colchones y dormimos allí. Esa es la solución", explica.

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A las puertas del cuarto invierno desde el inicio de la guerra en octubre de 2023, tras el ataque de Hamás contra el sur de Israel, las familias de Gaza se preparan para la temporada de lluvias en viviendas dañadas y tiendas de campaña deterioradas. El encarecimiento de los materiales dificulta la reparación de los refugios, mientras otras familias afrontan un peligro aún mayor: el derrumbe de los edificios en los que viven o junto a los que han instalado sus tiendas.

Según estimaciones preliminares del Grupo de Refugio, recogidas por la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en su informe del 2 de octubre, más de 4.000 edificios inseguros en Gaza necesitan ser demolidos total o parcialmente. De ellos, más de 2.300 siguen habitados y albergan a unas 44.000 personas.

Abdallah Siam dentro de su casa en Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza.
Abdallah Siam dentro de su casa en Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza. Mohamed Nashbat - Euronews

Buscar un rincón donde no entre el agua

Las filtraciones no se limitan a la vivienda de Siam. El palestino describe cómo el agua se cuela por las grietas del techo y cae al interior de la casa. Para él, las noches de lluvia se han convertido en "un sufrimiento que no es normal".

En la misma zona de Al Mughraqa, Mariam Abu Hazin se pasa el día intentando sacar el agua de su vivienda para evitar que las mantas vuelvan a empaparse. Cuenta que tuvo que pedir prestadas tres mantas a su hija después de que las suyas se mojaran y que no pudo devolvérselas hasta que consiguió secarlas.

Encontrar un lugar donde resguardarse de las goteras tampoco es fácil. El agua cae en las habitaciones y en el baño, por lo que coloca recipientes para recogerla y utiliza un recogedor para empujarla hacia el exterior. "Es como estar en la calle", lamenta, al explicar que dentro de su casa apenas encuentra protección frente a la lluvia.

Mariam Abu Hazin, palestina, sobre los escombros de su casa en la zona de Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza
Mariam Abu Hazin, palestina, sobre los escombros de su casa en la zona de Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza Mohamed Nashbat - Euronews

Mohamed al Bardawil, también vecino de Al Mughraqa, relaciona el temor a la llegada del invierno con el deterioro de los refugios y el elevado precio de los materiales necesarios para repararlos. "La verdad, no queremos que llegue el invierno", cuenta a 'Euronews'. Y añade que el viento y la lluvia afectan a todos por igual, "estemos en las casas o en las tiendas".

Restos de una casa destruida por los bombardeos en Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza, en la Franja de Gaza
Restos de una casa destruida por los bombardeos en Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza, en la Franja de Gaza Mohamed Nashbat - Euronews

Pero conseguir una tienda de campaña o reparar las que ya tienen resulta cada vez más caro. Durante una visita al mercado de Deir al Balah, en el centro de la Franja, el autor del reportaje comprobó que el precio de una lona había pasado de 120 a 180 séqueles (de 39 a 58,5 dólares), mientras que las de mayor tamaño alcanzaban los 230 séqueles (unos 75 dólares).

También se ha encarecido la tienda de campaña tipo cúpula, cuyo precio ha aumentado de 1.300 séqueles (más de 422 dólares) a 1.700 (más de 552 dólares). A estos gastos se suma el coste de acondicionar los refugios para protegerlos del viento y la lluvia.

Ahmad al Siqli, desplazado de Jan Yunis, explicó en una entrevista telefónica con 'Euronews' que reforzar su tienda le había costado unos 1.200 séqueles (390 dólares), entre las vigas de madera y las dos lonas que necesitó. Pudo afrontar el gasto gracias a la ayuda económica de su hermano, que vive fuera de la Franja.

Habitación en una vivienda dañada por los bombardeos israelíes, en Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza
Habitación en una vivienda dañada por los bombardeos israelíes, en Al Mughraqa, al oeste de la ciudad de Gaza Mohamed Nashbat - Euronews
Un piso de Deir al Balah, en el centro de la Franja de Gaza
Un piso de Deir al Balah, en el centro de la Franja de Gaza Mohamed Nashbat - Euronews

El desembolso depende del tipo de tienda, de los materiales empleados y de las reparaciones necesarias. Para muchas familias, sin embargo, incluso las intervenciones más básicas resultan inasumibles.

Según una evaluación realizada en junio y citada en septiembre por el Consejo Noruego para los Refugiados, el 71% de los hogares encuestados que viven en edificios dañados aseguró que no podía permitirse comprar los materiales necesarios para repararlos.

El riesgo de derrumbe amenaza también a quienes viven en tiendas de campaña

En algunos edificios, el peligro no se limita a las filtraciones de agua. Los daños estructurales acumulados durante la guerra han dejado inmuebles en riesgo de derrumbe, una amenaza que afecta tanto a sus residentes como a quienes se refugian en las inmediaciones.

El pasado 16 de septiembre, el edificio residencial Al Saada se desplomó en la ciudad de Gaza y causó la muerte de 21 personas, entre ellas 12 menores y cinco mujeres. El servicio de Defensa Civil aseguró que los residentes habían recibido advertencias sobre el peligro, pero que la falta de tiendas de campaña y alojamientos alternativos había llevado a varias familias a permanecer en el inmueble.

El organismo atribuyó el derrumbe a los daños sufridos por el edificio durante la guerra. Por su parte, Reuters informó de que el Ejército israelí negó haber atacado el inmueble y no respondió a sus preguntas sobre los testimonios de los residentes ni sobre la posibilidad de que hubiera resultado dañado por bombardeos en sus inmediaciones.

La preocupación se extiende a otras zonas densamente pobladas, donde las tiendas de campaña se levantan junto a edificios deteriorados. Es el caso de la torre Palestina, en la zona del Soldado Desconocido, en el barrio de Rimal, dañada por los bombardeos y rodeada de refugios improvisados.

El portavoz de Defensa Civil, Mahmud Basal, advirtió el 17 de septiembre del peligro que representa el posible derrumbe de estas estructuras, tanto para sus ocupantes como para las familias que viven alrededor. Según explicó, el servicio había recibido unas 150 llamadas de auxilio de personas que residían en edificios considerados peligrosos en apenas 24 horas.

Ante esta situación, la oficina de prensa del Gobierno en Gaza anunció el 20 de septiembre un plan para evacuar y demoler unos 255 edificios amenazados de derrumbe y proporcionar alojamiento temporal a sus residentes.

Sin embargo, reconoció las dificultades para llevarlo a cabo debido a la falta de maquinaria pesada, financiación y terrenos seguros. A ello se suma la negativa de algunas familias a abandonar sus hogares pese a las advertencias.

Tras el derrumbe del edificio Al Saada, el coordinador de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios en Palestina, Ramiz Alakbarov, reclamó la entrada urgente de equipos de rescate, maquinaria y combustible, así como el envío de tiendas de campaña y lonas a las familias más vulnerables en un plazo de cuatro semanas.

La destrucción en un piso de Deir al Balah, en el centro de la Franja de Gaza
La destrucción en un piso de Deir al Balah, en el centro de la Franja de Gaza Mohamed Nashbat - Euronews

Una carrera contrarreloj para conseguir refugios antes de las lluvias

Los preparativos para afrontar el invierno se encuentran con importantes obstáculos, tanto por las restricciones a la entrada de materiales como por la falta de financiación.

Según el Consejo Noruego para los Refugiados, las autoridades israelíes autorizaron en agosto la entrada de 36.960 piezas de madera y 660 kits de refugio de emergencia, pero posteriormente revocaron la decisión y bloquearon su acceso el 26 de agosto y el 2 de septiembre. También rechazaron una nueva solicitud de coordinación presentada por Naciones Unidas.

En una respuesta publicada por Reuters el 23 de septiembre, el organismo israelí encargado de coordinar las actividades gubernamentales en los territorios palestinos (Cogat) afirmó que no permitiría la entrada de maquinaria pesada ni de materiales de reconstrucción antes del desarme de Hamás. Israel acusa al movimiento de aprovecharse de la ayuda humanitaria, una acusación que Hamás niega.

En un informe del 25 de septiembre, Naciones Unidas contabilizó unas 17.000 unidades de material de refugio, entre tiendas de campaña, lonas y kits para cubrir huecos, incluidas en las existencias de las organizaciones humanitarias y en las compras ya realizadas o en curso. Estos recursos estaban destinados a apoyar a unas 50.000 familias.

No obstante, se trata de materiales en distintas fases de preparación, no de un recuento de tiendas de campaña pendientes de entrar por los pasos fronterizos. La financiación constituye otro obstáculo. Hasta el 18 de septiembre, el Grupo de Refugio solo había recibido el 26% de los 193,7 millones de dólares necesarios para atender las necesidades previstas.

Mientras tanto, los preparativos sobre el terreno incluyen la limpieza de desagües, la elevación de los refugios para evitar que se inunden, la reparación de las redes de alcantarillado y la búsqueda de emplazamientos seguros para posibles traslados voluntarios.

Una evaluación de más de 400 asentamientos de desplazados identificó 217 con un riesgo medio o alto de inundación. En ellos viven alrededor de 235.000 personas. Habilitar nuevos espacios seguros exige, además, retirar posibles explosivos, acondicionar los terrenos y garantizar el acceso al agua, el drenaje y las vías de comunicación.

Para familias como la de Abdallah Siam, todas estas dificultades se traducen en una preocupación inmediata: encontrar un lugar donde dormir sin que el agua entre por el techo. Siam reconoce que la lluvia es una bendición, pero en las condiciones actuales de su vivienda preferiría que no llegara. Sabe que el agua volverá a inundar la casa y resume su temor con una pregunta: "¿Quién puede desear ahogarse?".

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