Europa vivió el peor verano jamás registrado en muertes por calor; el cambio climático fue responsable de dos tercios.
Se estima que el sofocante verano de Europa ha provocado la muerte de más de 50.000 personas en zonas urbanas, lo que lo convierte en el "peor registrado hasta la fecha", según un nuevo informe.
Los investigadores señalan con claridad la causa: el cambio climático, debido principalmente a la quema de combustibles fósiles, ha sido responsable de aproximadamente dos tercios de estas muertes por exceso de calor.
Esta cifra supera con creces los anteriores máximos, de unos 29.000 fallecimientos en el verano de 2022 y 28.000 en 2003, en el conjunto de la zona analizada.
Es una muestra del calor extremo al que se ha enfrentado el continente que más rápido se calienta del mundo entre junio y agosto de este año. Una sucesión de olas de calor hizo que las temperaturas en Europa occidental se dispararan 2,9°C por encima de la media de 1991-2020, y en algunos días llegaron a aumentar hasta 12°C, afectando a menudo a países que ni están acostumbrados ni preparados para registros tan elevados.
"Estas cifras son un recordatorio contundente de que nuestros veranos más calurosos y más extremos están teniendo un impacto cada vez más grave en la salud pública", explica la coautora del estudio, la doctora Clair Barnes, investigadora en fenómenos meteorológicos extremos y cambio climático en el Imperial College de Londres.
"Detrás de estas estadísticas hay personas reales que han perdido la vida y familias reales que les lloran".
Casi una tercera parte de las muertes estimadas se produjo durante la ola de calor especialmente intensa registrada entre el 17 de junio y el 1 de julio, cuando las temperaturas fueron de media 5,3°C superiores a lo habitual.
¿Cómo se han estimado las muertes por el calor del verano?
El estudio ha utilizado modelos para estimar el número de muertes atribuibles al exceso de calor durante los veranos desde principios de siglo.
"En realidad, la verdadera carga de mortalidad debida al calor no se observa ni se mide directamente", señala el coautor del estudio, el doctor Malcolm Mistry, profesor ayudante de modelización climática y geoespacial en la London School of Hygiene and Tropical Medicine (LSHTM).
"Por eso, el calor se describe a menudo como un 'asesino silencioso', con un balance de víctimas subestimado en varias regiones del mundo".
Los científicos utilizaron registros de temperatura y modelos basados en la relación histórica entre calor y mortalidad para calcular el número de víctimas en el verano de 2026. Tuvieron en cuenta características geográficas y ambientales, factores socioeconómicos, la disponibilidad de servicios sanitarios y los vínculos específicos por edad entre temperatura y mortalidad.
La modelización se aplicó a 854 áreas urbanas de la Unión Europea (UE), el Reino Unido, Noruega y Suiza, zonas que representan en torno al 40% de la población de los 30 países analizados.
Un estudio de atribución independiente que abarca los veranos de 2000 a 2025 se utilizó como referencia, y los resultados para esos años fueron en líneas generales coherentes con las estadísticas oficiales divulgadas por las autoridades sanitarias nacionales. Muchos países europeos aún no han publicado las cifras definitivas del verano de 2026.
Los investigadores compararon después las temperaturas reales con las que se habrían esperado sin el calentamiento provocado por el cambio climático, para calcular las muertes adicionales causadas.
En conjunto, el 65% de las muertes atribuibles al exceso de calor, unas 32.000, en el verano de 2026 se relacionaron con el cambio climático de origen humano. A principios de siglo se estimaba que era responsable de alrededor del 40% de las muertes asociadas al calor.
"Es un nuevo recordatorio, por un lado, de la necesidad imperiosa de desplegar intervenciones específicas para proteger a quienes son más vulnerables a este calor cada vez más extremo y, por otro, de la creciente urgencia de avanzar con rapidez hacia el abandono de los combustibles fósiles, para frenar el ritmo del cambio y limitar el calentamiento futuro", sostiene la doctora Barnes.
¿Quién está más expuesto al calor extremo?
Las personas vulnerables son las más expuestas a los peligros del calor extremo, entre ellas quienes padecen alguna enfermedad, las personas mayores o muy jóvenes y quienes no pueden alejarse del calor, ya sea por motivos físicos o socioeconómicos.
En el estudio sobre el verano de 2026, las personas de 85 años o más concentraron aproximadamente la mitad de las muertes estimadas. Pero también se vieron afectados adultos más jóvenes: se calculan 800 muertes adicionales entre personas de entre 20 y 44 años, y un total de unas 6.000 personas menores de 65 años.
Los investigadores detectaron además diferencias geográficas, con el sur de Europa registrando significativamente más fallecimientos relacionados con las altas temperaturas que el norte del continente.
Esto se debe principalmente a las temperaturas más elevadas que soportan los países más meridionales, aunque también influyen otras vulnerabilidades.
"Por ejemplo, factores como el aumento de los niveles de contaminación atmosférica, la limitada infraestructura de espacios verdes, la accesibilidad a los sistemas de salud y las alertas por calor", explica el coautor del estudio, el doctor Garyfallos Konstantinoudis, profesor ayudante en el Grantham Institute del ICL.
Un verano sin precedentes en Europa: ¿qué país ha sido el más afectado?
Los riesgos para la salud pública del abrasador verano europeo han sido enormes, y varios Gobiernos han emitido avisos por altas temperaturas y estimaciones en tiempo real de la mortalidad relacionada con el calor.
Según el informe sobre el verano de 2026, Italia habría sufrido el mayor número de muertes adicionales asociadas al calor: un total de 13.303. Le siguen Francia, con 7.268, y España, con 6.824.
Los países tradicionalmente más frescos también tuvieron dificultades para afrontar el calor, agravado por infraestructuras pensadas para otro clima y por ciudadanos poco acostumbrados a temperaturas tan elevadas.
Alemania registró una estimación de 6.340 muertes adicionales y el Reino Unido, de 4.354.
"En el Reino Unido, el verano es históricamente la época más tranquila para nuestro servicio de salud. Este verano, sin embargo, ha registrado una demanda y una presión similares a las de una temporada invernal muy mala de virus", afirma Andrew Hartle, profesor de práctica de anestesia en Imperial College Healthcare.
La precisión de estos modelos les da el potencial de permitir que los servicios de salud se preparen para acontecimientos extremos antes de que se produzcan.
Además de recortar las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento futuro, las ciudades pueden invertir en la creación de espacios verdes y azules, que aportan el beneficio añadido de reducir las temperaturas y mejorar la calidad del aire.
Los autores del estudio señalan que el norte y Europa occidental deberían mirar al sur y aprovechar soluciones que allí ya están bien asentadas.
Entre ellas figuran invertir en refugios climáticos, reformar edificios para que resistan mejor el calor, por ejemplo añadiendo persianas o toldos exteriores, y promover cambios de comportamiento como preocuparse por los vecinos vulnerables, no salir al sol del mediodía, tomar en serio los avisos por altas temperaturas, buscar la sombra y beber abundante agua.