La república helénica planea construir una nueva instalación receptora de GNL, pero los agentes del sector dejan claro que se necesita financiación de la UE para avanzar en infraestructuras críticas que permitan desvincularse de la energía rusa.
Tracia, en el extremo sudoriental de Europa, ha sido durante décadas una región olvidada, alejada de los centros de decisión e inversión. Hoy, sin embargo, este panorama está cambiando radicalmente.
La zona, enclavada entre el noreste de Grecia, la mitad sur de Bulgaria y la Turquía europea, se está transformando en un centro geopolítico y energético crítico a medida que Europa se desacopla de la energía rusa y busca nuevas vías seguras de acceso al gas.
Tracia y la ciudad de Alejandrópolis, en particular, están ahora en el centro de este rediseño, reclamando un papel cada vez más importante en la diversificación y seguridad energética de la UE.
¿Por qué el gas sigue siendo necesario?
Mientras Europa se prepara para despedirse definitivamente de la energía rusa -las importaciones rusas de petróleo y gas serán nulas en 2028-, en las capitales europeas se libra una encarnizada batalla.
A pesar de los años de esfuerzos por acelerar la transición ecológica, se espera que el gas natural o GNL -el más limpio de los combustibles fósiles- siga siendo un elemento crítico de la combinación energética europea durante muchos años, actuando como combustible puente para la transición ecológica.
Según los análisis de la Comisión Europea y las organizaciones energéticas internacionales, el GNL sigue desempeñando un papel clave en la estabilidad de las redes eléctricas, el equilibrio de la producción de energías renovables y la seguridad energética de la industria.
La interrupción de los flujos rusos, combinada con la recuperación gradual de la demanda, crea un vacío importante en el mercado europeo. Se calcula que de aquí a 2030 Europa Central y Oriental necesitará 35.000 millones de metros cúbicos (bcm) adicionales de gas al año, que deberán satisfacerse mediante nuevas infraestructuras, suministros diversificados y rutas alternativas.
Se espera que los países que consigan colmar esta laguna obtengan un doble beneficio: por un lado, los ingresos procedentes del tránsito y el comercio de gas y, por otro, un mayor poder geopolítico como pilares fundamentales de la estrategia europea de diversificación energética.
La batalla de Grecia y el papel decisivo de Tracia
Mientras el bloqueo energético ruso deja inactivos muchos de los gasoductos que atraviesan Europa, el GNL se perfila como la alternativa clave para satisfacer las necesidades europeas. En este mercado, Grecia trata de asegurarse una cuota sustancial, aprovechando su situación geográfica y sus infraestructuras existentes y en desarrollo. Un elemento central de esta estrategia es el llamado corredor vertical.
Se trata de la red de gasoductos que conecta las dos terminales de GNL del país: la FSRU (Unidad Flotante de Almacenamiento y Regasificación) de Alejandrópolis y la yerminal de GNL de Revithoussa.
Este correcdor está interconectado con los sistemas de gas de Bulgaria y Rumanía, permitiendo el transporte de volúmenes hasta Ucrania. El mismo corredor puede abastecer los mercados de Hungría, Eslovaquia y Moldavia, reforzando la seguridad energética de Europa Central y Oriental.
Al mismo tiempo, se está debatiendo la ampliación de la red de gasoductos para que el GNL -principalmente de origen estadounidense- pueda entrar en Grecia y ser canalizado a más mercados europeos (por ejemplo, Italia a través de TAP, pero también Austria), convirtiendo al país en una puerta de entrada clave a la UE.
Para apoyar esta ambición, Grecia planea construir una segunda terminal flotante FSRU (Floating Storage and Regasification Unit), es decir, una unidad flotante de almacenamiento y regasificación de GNL. Una de las empresas que avanza en esta dirección es Gastrade, que explota la FSRU de Alejandrópolis.
La empresa ya ha recibido la aprobación medioambiental del Estado griego para la instalación de una segunda unidad, muy cerca de la que ya está en funcionamiento. Se llamará FSRU Thrace y estará situada en la misma zona marítima que la FSRU de Alejandrópolis.
Sin embargo, el proyecto va acompañado de importantes retos financieros. Los costes de construcción se estiman en cerca de 600 millones de euros, una cantidad que, según la dirección del proyecto, no puede garantizarse sin el apoyo de instrumentos financieros europeos o fondos estatales.
En Bruselas se está jugando actualmente una feroz partida de póker político y económico sobre el futuro de las infraestructuras de gas en Europa. La Comisión Europea ha adoptado una línea clara en los últimos años: eliminar progresivamente la financiación de proyectos de gas, por considerarlos incompatibles con los objetivos de transición verde y neutralidad climática. A esta postura se oponen los agentes de la industria europea y los gobiernos nacionales, que insisten en que el gas seguirá siendo necesario durante muchos años.
Las negociaciones siguen su curso y Bruselas está sometida a fuertes presiones para que dé marcha atrás y permita la financiación de infraestructuras de gas. "No solo Grecia lo pide. Rumanía, por ejemplo, está desarrollando un nuevo yacimiento de gas, Neptune Deep, y quiere tener la posibilidad de vender los volúmenes en el mercado europeo", explican a 'Euronews' actores griegos de la industria energética.
El papel de los estadounidenses
En un momento en que la Comisión Europea está sometida a una presión cada vez mayor para que reconsidere su postura sobre el gas, Estados Unidos se está moviendo más deprisa.
Importantes instituciones financieras estadounidenses, como EXIM y la Corporación Internacional de Financiación del Desarrollo de Estados Unidos**,** han manifestado su interés en participar en la financiación de la construcción de una segunda terminal flotante FSRU en Alejandrópolis, viendo en el proyecto una oportunidad para impulsar las exportaciones estadounidenses de GNL a Europa a través del corredor vertical.
Este asunto será el centro de una reunión especial prevista por el Departamento de Energía de EE.UU. en Washington a finales de febrero para reforzar el corredor vertical. A la reunión asistirán ministros de Energía y representantes de la industria energética de los países de Europa Central y Oriental.
A la reunión de Washington asistirá una delegación de la Comisión Europea de la Energía**,** encabezada por la directora de Energía de la UE, Ditte Juul Jørgensen. Las vías de financiación de los proyectos del corredor vertical ocuparán un lugar destacado en el orden del día de la reunión. Los debates en torno a la financiación europea de proyectos de gas se han intensificado recientemente, sobre todo en el contexto de la decisión de desvincularse del gas ruso.
Países como Ucrania, Hungría y Eslovaquia necesitarán apoyo europeo para proyectos de infraestructuras que sustituyan al gas ruso. "Esperamos que este debate concluya en 2026 y arroje un resultado positivo", explica Kostis Sifneos, vicepresidente de Gastrade, en su intervención durante la presentación del proyecto de la FSRU de Alejandrópolis.
En un momento en que la seguridad energética ocupa un lugar central en la política europea, proyectos como las instalaciones flotantes FSRU serán un campo de pruebas para una planificación energética europea más realista. Todas las miradas se dirigen ahora a Bruselas, que debe decidir en qué condiciones y con qué estrategia geográfica seguirá fluyendo el gas hacia el mercado europeo.