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¿Es el euro digital la herramienta de la UE para la soberanía de pagos?

Mila Inc. colabora con el proveedor líder de pagos digitales SumUp
Mila Inc colabora con el proveedor líder de pagos digitales SumUp Derechos de autor  AP Photo Copyright Business Wire 2021
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Por Evi Kiorri
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Seis de cada diez transacciones europeas pasan por infraestructuras estadounidenses, como Visa, Mastercard o PayPal. Bruselas quiere cambiar esta situación con el ambicioso plan del euro digital.

La dependencia de la UE de sistemas de pago extranjeros se ha vuelto intolerable en una era de guerras comerciales, sanciones y fragmentación geopolítica. Europa está siguiendo una estrategia con dos frentes, una iniciativa pública, el euro digital, una moneda digital de banco central emitida por el BCE, y una iniciativa privada, redes de pago cuenta a cuenta como Wero, respaldadas por los grandes bancos europeos.

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El Banco Central Europeo tiene previsto emitir efectivo digital que constituya un crédito directo frente al banco central, y no frente a un banco comercial. No fluctuará como el Bitcoin, no se procesará a través de Estados Unidos como una tarjeta de débito y tendrá curso legal, a diferencia de las llamadas 'stablecoins'.

El BCE prevé seleccionar a los proveedores de servicios de pago a partir de comienzos de 2026, iniciar un piloto de 12 meses con transacciones reales a finales de 2027 y, posiblemente, emitir el euro digital en torno a 2029, siempre que reciba el visto bueno político. Esta última condición es especialmente relevante.

El bloqueo legislativo

La Comisión Europea presentó su propuesta de reglamento sobre el euro digital en junio de 2023. Casi tres años después, el Parlamento Europeo aún no ha adoptado una posición negociadora. La comisión de Asuntos Económicos y Monetarios (ECON) ha bloqueado en repetidas ocasiones enmiendas clave, incluidas disposiciones que exigen plena funcionalidad en línea junto a un modo sin conexión.

El PPE, el grupo político del ponente de este expediente, Fernando Navarrete Rojas, ha impulsado un diseño más limitado, 'offline primero', presionado por los grupos de presión bancarios preocupados por la desintermediación.

Se estudia una intervención del pleno para mayo de 2026. Si la comisión ECON sigue atascada, los eurodiputados podrían votar directamente un mandato, omitiendo el paso por la comisión.

Mucho está en juego. Sin un mandato del Parlamento no pueden celebrarse los trílogos. Sin esas negociaciones no habrá ley y el Consejo de Gobierno del BCE no podrá emitir ningún euro digital.

Un mal diagnóstico conduce a soluciones ineficaces

A Judith Arnal, investigadora sénior en CEPS y en el Real Instituto Elcano, le preocupa cómo está planteando Bruselas el problema. "Me asusta un poco la narrativa que estoy oyendo ahora en el Parlamento Europeo", afirma. "Están mezclando cosas, básicamente metiendo en el mismo saco a Visa, Mastercard, Apple Pay, Google Pay, Microsoft".

El ecosistema de pagos minoristas, explica, tiene capas diferenciadas. Visa y Mastercard dominan la capa de esquemas, las reglas y la infraestructura. Pero en el procesamiento y la adquisición de pagos "dependemos exclusivamente de empresas originarias de la UE, así que ahí no hay dependencia".

Apple Pay y Google Pay, por su parte, son contenedores digitales, cómodos, sí, pero no una amenaza para la soberanía. "Lo que genera Apple Pay son posibles problemas de competencia. Son cuestiones de otra naturaleza y no deberíamos mezclarlas, porque un mal diagnóstico llevará a un mal remedio".

Le preocupa aún más que todo derive en "una especie de retórica contra las empresas estadounidenses, que confunde a la Administración Trump con compañías privadas". Una cosa es la disputa geopolítica, sostiene, y otra muy distinta es "dejar sin acceso a los esquemas de Visa y Mastercard a 27 Estados miembros".

El sector privado ya se mueve

Wero, la cartera paneuropea respaldada por la Iniciativa de Pagos Europea (EPI), ya está operativa en Francia, Alemania y Bélgica, con acuerdos de interoperabilidad que se extienden por Europa. El director de Estrategia de EPI, Ludovic Francesconi, ha explicado tanto sus ambiciones como sus límites.

"Europa es una economía abierta y hoy los esquemas internacionales representan seis de cada diez transacciones, sobre todo en los pagos internacionales", señala. "El objetivo es reequilibrar y ofrecer una alternativa. Una solución europea sólida aumenta la competencia, refuerza la resiliencia y da más opciones a bancos y comercios".

En cuanto al euro digital, Francesconi se muestra prudente pero constructivo. "Creemos que la cooperación es clave, aunque la finalidad del euro digital, más allá de su propósito monetario, aún está por definir. Podremos debatir las mejores formas de integrar el euro digital en nuestra cartera".

La visión que dibuja es la de una asociación público-privada. "Europa será más fuerte si las iniciativas públicas y privadas se conciben para reforzarse mutuamente en lugar de operar en paralelo o solaparse".

El impulso político en torno al euro digital acelera las iniciativas del sector privado

Arnal identifica cuatro obstáculos para cualquier alternativa europea de pago, los comercios deben encontrarla más rentable que las tarjetas, los consumidores tienen que disfrutar de un proceso fluido comparable al 'one-click checkout'.

Sin embargo, el fraude aumenta con los pagos instantáneos porque "una vez que es instantáneo, ya está, se acabó", debe gestionarse de forma eficaz, y es necesario establecer sólidos mecanismos de resolución de conflictos. "Estas iniciativas pueden llegar muy lejos", afirma Arnal. "Pero aún tienen que cumplir algunas condiciones adicionales y no es tan barato satisfacer esos requisitos."

Sin embargo, hay un beneficio no buscado. El impulso político en torno al euro digital ha acelerado las iniciativas del sector privado. "No tengo tan claro que, si el euro digital no hubiera estado sobre la mesa, el sector bancario se estuviera moviendo tan deprisa en estos acuerdos de interoperabilidad", señala Judith Arnal. "El impulso político del euro digital también ha llevado a la banca a avanzar con más determinación en aspectos que antes eran técnicamente más difíciles".

La apuesta de Europa por su soberanía en materia de pagos es real, necesaria y llega con retraso. Pero el euro digital no es una solución milagrosa. No funcionará a escala internacional, podría desestabilizar los depósitos bancarios si se diseña mal y sigue enredado en desafíos legislativos.

Puede estar emergiendo un enfoque más eficaz, un ecosistema por capas en el que Wero gestione las transacciones nacionales y europeas, Visa y Mastercard se ocupen de los pagos internacionales y el euro digital actúe como red de seguridad pública respaldada por el balance del BCE.

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