El euro digital podría llegar en 2029, pero una dura batalla entre Bruselas y la banca se interpone.
El sistema de pagos europeo está a las puertas de su mayor transformación en décadas.
El euro digital, el impulso para ganar soberanía frente a los gigantes estadounidenses de los pagos y una agria batalla entre la banca y Bruselas convergen, y el desenlace podría cambiar la forma en que los europeos realizan incluso los pagos cotidianos más sencillos.
El euro digital es efectivo electrónico, respaldado por el Banco Central Europeo (BCE) y concebido para convivir con los billetes y con los servicios que ofrecen los bancos comerciales.
Según la propuesta de la Comisión Europea, los usuarios dispondrían de una cartera digital, con un límite de gasto aún por definir, que serviría tanto para pagos en línea como sin conexión, con transacciones diseñadas para que no puedan rastrearse.
Si la legislación se aprueba antes de finales de 2026, podría estar disponible para pagos minoristas en 2029.
El impulso es tanto político como financiero.
Visa y Mastercard, ambas estadounidenses, concentran el 61% de los pagos con tarjeta en la eurozona y casi todas las operaciones transfronterizas, según datos del BCE.
El regreso del presidente estadounidense Donald Trump a la Casa Blanca y su enfoque hostil tanto en política exterior como en comercio aceleraron el debate, y en el Consejo Europeo de mediados de marzo los líderes de la UE fijaron un plazo para aprobar la legislación antes de finales de 2026.
El empeño del BCE en ponerlo en marcha responde en parte al auge de las stablecoins privadas, que han ido ganando terreno en el panorama de los pagos.
El mensaje que llega desde Bruselas y desde las instituciones de todo el continente es claro, Europa quiere controlar su propio dinero.
El contraste con otras grandes economías es evidente. Estados Unidos ha avanzado en la dirección opuesta, impulsando la ley GENIUS para dar un encaje regulatorio a las stablecoins privadas, mientras China ya ha desplegado a gran escala su yuan digital.
Europa está trazando una vía intermedia, respaldada por el Estado, fuertemente regulada y concebida para mantener la soberanía monetaria fuera de manos privadas.
Quién se opone al euro digital y quién lo defiende
No todo el mundo está convencido. A medida que la legislación avanza, la oposición de los bancos comerciales se ha intensificado.
En un acto del sector celebrado en Bruselas a mediados de abril, el presidente de la Federación Bancaria Francesa, Daniel Baal, apuntó directamente al proyecto.
"El euro digital para particulares, tal y como está diseñado, rompe este equilibrio al convertir el dinero del banco central en un competidor directo del dinero de los bancos comerciales", señaló.
Wero, la plataforma europea de pagos respaldada por los grandes bancos, también recela.
Su consejera delegada, Martina Weimert, reconoció que existe un caso de uso para los pagos sin conexión, pero advirtió de que el estatus de moneda de curso legal, que obligaría a los comercios a aceptar el euro digital igual que deben aceptar el efectivo, generaría una "distorsión de la competencia".
Los defensores del proyecto sostienen que los bancos no están entendiendo la cuestión de fondo.
"Es como si el efectivo no existiera y el sector sostuviera que es injusto porque los comercios tienen que aceptarlo y los usuarios no pagan comisión", explicó Peter Norwood, investigador de Finance Watch, una organización europea sin ánimo de lucro que busca reformar las finanzas en interés público, a Euronews.
"El efectivo es un bien público. Eso es lo que el euro digital pretende preservar en la era digital".
Sin estatus de moneda de curso legal, argumentó, el proyecto nunca alcanzaría una masa crítica.
"Si los comercios no están obligados a aceptarlo, su uso no se generalizará y no se garantizará la continuidad del dinero público", añadió Norwood.
El BCE intenta rebajar las tensiones en torno al euro digital defendiendo que el sector privado participará en su diseño y gestión.
El banco sostiene que las entidades comerciales actuarán como proveedores finales de los servicios y serán remuneradas por el BCE por ello.
La oposición al euro digital, sin embargo, va mucho más allá del sector bancario.
Los defensores de la privacidad y los partidarios de la descentralización han expresado su preocupación por que una moneda digital emitida por el Estado dé a los Gobiernos una visibilidad sin precedentes sobre el gasto de los ciudadanos y, potencialmente, la capacidad de limitarlo.
El límite previsto a las tenencias individuales apenas ha contribuido a disipar esos temores.
Las voces de la industria cripto, aunque tienen menos peso en Europa que en Estados Unidos, también han reaccionado, recelosas de una moneda digital que compite con alternativas descentralizadas pero opera bajo pleno control institucional.
El hombre que tiene las llaves
El futuro del euro digital está ahora en gran medida en manos de una sola persona, Fernando Navarrete Rojas, eurodiputado español de centroderecha del Partido Popular Europeo (PPE), que pilota el expediente en el Parlamento Europeo, la única institución de la UE que aún no lo ha desbloqueado.
Navarrete no respondió a las solicitudes de comentarios de Euronews.
Su comportamiento en las negociaciones parlamentarias, sus discursos públicos y sus intervenciones en actos del sector apuntan todos a una preferencia por soluciones del sector privado frente al euro digital.
Navarrete cuenta con una amplia trayectoria en el sector bancario. Ocupó varios cargos de alto nivel en el Banco de España y fue director financiero del Instituto de Crédito Oficial.
También dirigió el área económica y de políticas públicas de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), un laboratorio de ideas de derechas vinculado al expresidente del Gobierno José María Aznar López.
Según su registro de reuniones públicas, ha celebrado más de cien encuentros específicamente sobre el euro digital desde que asumió el expediente en diciembre de 2024.
Con los Gobiernos de la UE respaldando firmemente el proyecto, el Parlamento es el escenario donde se ganará o se perderá la batalla.
En un acto del sector celebrado a mediados de abril y organizado por la Federación Bancaria Francesa, Navarrete fue sincero sobre su escepticismo y describió el euro digital como una prioridad no urgente.
"Siento que quizá hayamos empezado por las partes del edificio que no son las más urgentes", afirmó.
Dejó claro que se inclina por el sector privado, al que describió como "mucho más eficiente".
Y, al igual que los bancos comerciales, advirtió de que el estatus de moneda de curso legal, que calificó de "arma atómica", podría socavar de forma letal las alternativas privadas. "Aunque el euro digital no sea bueno, te verás obligado a usarlo", dijo.
Entre bastidores
Según varias personas familiarizadas con las negociaciones, el eurodiputado español utilizó reuniones a puerta cerrada para ralentizar el proceso, introducir sus posiciones en el texto y presionar con fuerza a favor de una concesión clave, que el euro digital se limitara exclusivamente a usos sin conexión, alegando que una versión en línea competiría directamente con Wero, Visa, Mastercard y otros actores privados.
Las reuniones se fueron polarizando cada vez más.
Por un lado, los socialistas (S&D), los liberales (Renew Europe), los Verdes y la Izquierda respaldaban en líneas generales la propuesta de la Comisión.
Por otro, Navarrete, en representación del PPE, mantenía una posición minoritaria contraria, a la que se sumaban ocasionalmente partidos de extrema derecha, aunque su asistencia fue irregular.
Dos personas conocedoras de las negociaciones describen su comportamiento como imprevisible y decidido a frenar la legislación.
"No vamos a ninguna parte" fue el mensaje al término de varias reuniones.
El ministro de Finanzas alemán, Lars Klingbeil, afirmó en febrero que quienes se oponen al euro digital están perjudicando a Europa, un mensaje dirigido claramente a Navarrete y al grupo del PPE, dividido sobre el expediente.
Finalmente, la posición de limitarlo solo a usos sin conexión desapareció del texto, lo que permitió superar un importante obstáculo.
En qué punto está ahora el euro digital
Las negociaciones aún no han terminado y siguen siendo complejas, pero el proceso avanza.
Los borradores y las actas de las reuniones a los que ha tenido acceso Euronews apuntan a una dinámica más equilibrada que en meses anteriores.
La votación en el pleno prevista inicialmente para mayo se ha retrasado. Ahora se espera que la comisión parlamentaria vote a finales de junio y que el pleno lo haga a continuación.
Una vez que el Parlamento dé su visto bueno, comenzarán las negociaciones interinstitucionales entre los Estados miembros de la UE, el propio Parlamento y la Comisión, con el objetivo de que la legislación quede definitivamente adoptada antes de finales de 2026.