El cierre del estrecho de Ormuz ha disparado un 60% los precios del gas, añade presión a unas reservas invernales ya mermadas y obliga a los economistas a revisar sus previsiones de crecimiento e inflación para 2026.
Los futuros del gas natural TTF neerlandés, referencia para los precios en Europa, han alcanzado este jueves por la mañana los 50€ por megavatio hora: un incremento del 60% desde que los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán provocaron el cierre del estrecho de Ormuz. Se trata del mayor sobresalto energético en el continente desde la crisis de 2022 y llega a un mercado ya peligrosamente expuesto, con las reservas de gas en Europa en sus niveles estacionales más bajos de los últimos años.
Con el estrecho (por donde transita aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de crudo) aún cerrado, los economistas y analistas energéticos advierten de que incluso una interrupción breve podría lastrar el crecimiento europeo, devolver la inflación por encima del objetivo y obligar potencialmente al Banco Central Europeo (BCE) a replantearse unas trayectorias de tipos de interés que solo recientemente había estabilizado.
¿Por qué el estrecho de Ormuz es clave para Europa?
El riesgo es considerable: Qatar suministra aproximadamente el 15% de las importaciones totales de GNL del continente, por lo que mantener abierto el paso por el estrecho es una cuestión de seguridad energética. La dependencia europea de los flujos energéticos del Golfo ha aumentado de forma notable desde que el continente redujo drásticamente las importaciones de combustibles fósiles rusos tras 2022.
Bridget Payne, responsable de previsiones energéticas en Oxford Economics, señala que, por ahora, preocupa más la interrupción del comercio que una caída de la producción. Esta experta calcula que el suministro de petróleo podría verse alterado en unos cuatro millones de barriles diarios durante el próximo trimestre.
Aunque los productores del Golfo disponen de capacidad ociosa para compensar la pérdida de suministro iraní, Payne advirte de que las rutas marítimas alternativas solo pueden absorber alrededor de un tercio del crudo que normalmente transita por Ormuz. Europa llegó a marzo con unos niveles de almacenamiento de gas inusualmente bajos. Las reservas en el conjunto del continente rondan el 30%, y Alemania, la mayor economía europea, informa de existencias de apenas el 21,6%.
Oxford Economics advierte de que las alteraciones en las exportaciones de GNL de Qatar podrían obligar a los compradores asiáticos a competir con más agresividad con Europa por los cargamentos, ya que ellos dependen más del Golfo, lo que dificultaría que los países europeos repusieran sus reservas de gas antes del próximo invierno.
Aumentan los riesgos para la inflación y el crecimiento
Se espera que el encarecimiento de la energía se traslade a la inflación en toda Europa. "Las mermadas reservas de gas de Europa y su dependencia de las rutas de transporte que pasan por Oriente Medio apuntan a un mayor riesgo de un shock de oferta más inflacionista. Eso podría convertirse en un lastre adicional para nuestra previsión de crecimiento del PIB en 2026, que ya es inferior al consenso", afirma Oliver Rakau, economista jefe para Alemania en Oxford Economics.
Oxford Economics prevé que el conflicto aumente la inflación general de la zona euro entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales en 2026, hasta situarla en torno al 2,3%. El mayor coste de la energía también podría mermar la capacidad adquisitiva de los hogares y recortar el crecimiento económico.
Rakau calcula que el shock podría reducir el crecimiento del PIB de la zona euro en alrededor de 0,1 puntos porcentuales, hasta situarlo en torno al 1,0% este año. Los economistas de Goldman Sachs señalan que el conflicto en Irán ya les ha llevado a revisar sus previsiones de crecimiento, inflación y política monetaria. "Estamos introduciendo cambios en nuestras previsiones de crecimiento, inflación y actuación de los bancos centrales a la luz de la evolución del conflicto en Oriente Medio", declara Sven Jari Stehn, economista jefe para Europa en Goldman Sachs.
Sin embargo, las perspectivas podrían deteriorarse si los precios de la energía suben con más fuerza o se mantienen elevados durante más tiempo. En un escenario adverso, los precios del petróleo podrían mantenerse en torno a 80 dólares (74€) por barril, mientras que el gas rondaría los 70€ por megavatio hora, según las estimaciones del banco. En un escenario más grave, el crudo podría alcanzar los 100 dólares (92€) por barril y el gas los 100€ por megavatio hora. En los supuestos más extremos, el impacto podría ser mucho mayor.
La inflación general a finales de 2026 podría situarse casi dos puntos porcentuales por encima en un escenario adverso y hasta 3,6 puntos en caso de un shock severo. Goldman indica que, en ese escenario muy adverso, espera que el BCE acometa dos subidas de tipos de 25 puntos básicos en la segunda mitad de 2026, si el aumento de los precios de la energía generase efectos de segunda ronda significativos sobre la inflación subyacente.
Las perturbaciones logísticas añaden presión
La guerra también está alterando las redes logísticas mundiales, lo que añade más incertidumbre al comercio europeo. Según Judah Levine, responsable de investigación en Freightos, los ataques militares y las represalias en la región ya han obligado a varias navieras a suspender las reservas con destino a los puertos del golfo Pérsico.
"Los ataques de Estados Unidos e Israel en Irán y las posteriores represalias iraníes están provocando importantes trastornos logísticos en la región, que podrían empezar a sentirse de forma más generalizada si el conflicto se prolonga", explica Levine.
Por el estrecho de Ormuz pasa aproximadamente entre el 2% y el 3% del tráfico mundial de contenedores, y alrededor de 100 portacontenedores permanecen actualmente bloqueados en el golfo Pérsico. Algunos de los mayores armadores del mundo, entre ellos Hapag-Lloyd y MSC, han dejado de aceptar reservas hacia y desde los puertos del Golfo, mientras que CMA CGM ha dejado de admitir envíos a la región por completo.
La crisis también ha reavivado la preocupación por el mar Rojo. Los hutíes, que suspendieron en octubre sus ataques a buques comerciales, han amenazado con reanudarlos, lo que ha llevado a las pocas navieras que habían vuelto a esa ruta a desviarse de nuevo por el cabo de Buena Esperanza, con el consiguiente aumento adicional de los costes de transporte.
Al mismo tiempo, las interrupciones en los principales aeropuertos del Golfo han reducido la capacidad mundial de carga aérea. Qatar Airways Cargo, Emirates SkyCargo y Etihad representan juntas aproximadamente el 13% de la capacidad mundial de carga aérea y desempeñan un papel clave en la conexión entre Asia y Europa.
Con numerosos vuelos en tierra y el espacio aéreo regional cerrado, los operadores logísticos han empezado a fletar vuelos directos entre Asia y Europa, un cambio que ya está encareciendo los costes de transporte. Las tarifas de carga desde el Sudeste Asiático hasta Europa han subido más de un 6% en los últimos días, según el Freightos Air Index.
Las divisas reflejan una mayor aversión al riesgo
Los mercados financieros también reaccionan a la incertidumbre geopolítica. Las monedas europeas se han debilitado a medida que los inversores se refugian en activos considerados seguros, como el dólar estadounidense y el oro. Según Michał Jóźwiak, analista de mercados en la firma de servicios financieros Ebury, el euro ha caído alrededor de un 1,8% frente al dólar desde que se intensificó el conflicto. Las ventas han sido aún más acusadas en Europa Central y del Este.
El florín húngaro se ha depreciado casi un 5% frente al dólar, mientras que el esloti polaco ha perdido en torno a un 3,5%, en uno de los movimientos semanales más bruscos desde el inicio de la guerra de Ucrania en 2022. Una mayor debilidad de las divisas europeas podría amplificar además las presiones inflacionistas al encarecer las importaciones.
Para Europa, el conflicto en curso pone de relieve la vulnerabilidad de su modelo energético tras reducir su dependencia de Rusia. Aunque el continente ha reducido de forma significativa su dependencia del gas ruso por gasoducto desde 2022, buena parte de ese suministro se ha sustituido por GNL transportado por barco.
Este cambio ha dejado a Europa más expuesta a interrupciones en las rutas marítimas globales y a las tensiones geopolíticas en regiones de tránsito clave como Oriente Medio. Con unas reservas de gas ya bajas y la campaña estacional de llenado de los depósitos en marcha, cualquier interrupción prolongada de los flujos energéticos procedentes del Golfo podría transmitirse con rapidez a los mercados y a las economías europeas.