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Japón aprueba un presupuesto récord de 664.000 millones para Defensa

La primera ministra japonesa Sanae Takaichi interviene durante una reunión con Brad Smith, vicepresidente y presidente de Microsoft, en Tokio, el tres de abril de 2026
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, interviene durante una reunión con el vicepresidente y presidente de Microsoft, Brad Smith, en Tokio, el 3 de abril de 2026 Derechos de autor  Kazuhiro Nogi/Pool Photo via AP
Derechos de autor Kazuhiro Nogi/Pool Photo via AP
Por Quirino Mealha
Publicado Ultima actualización
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El Senado nipón da luz verde a las cuentas más expansivas de su historia bajo el mandato de la primera ministra Sanae Takaichi. El plan estatal prioriza el gasto militar y la seguridad social en un contexto de máxima tensión por la guerra en Irán y una deuda pública que ya supera el 250% del PIB.

El presupuesto estatal japonés para 2026 quedó aprobado de forma definitiva este martes, tras recibir el visto bueno de la Cámara Alta del Parlamento, y dotará al Estado con 122,3 billones de yenes (664.000 millones de euros), la mayor partida de la historia del país.

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La aprobación de la ley de gasto llega después de que el Gobierno se viera obligado a promulgar un presupuesto provisional de emergencia el 30 de marzo, al constatar que la Cámara Alta no daría luz verde a las cuentas completas antes del 31 de marzo, fecha del cierre del ejercicio fiscal.

La Cámara Baja del Parlamento japonés, con mayores competencias, ya había aprobado el presupuesto el 13 de marzo, ya que está controlada por una mayoría de dos tercios del Partido Liberal Democrático (PLD), en el poder y liderado por la primera ministra Sanae Takaichi.

En la Cámara Alta, en cambio, el PLD y su socio de coalición, el Partido de la Innovación de Japón, se quedan a cuatro escaños de la mayoría en un hemiciclo de 247 miembros.

Es la primera vez en 11 años que la ley de presupuestos del Estado japonés no se aprueba antes del 1 de abril, consecuencia de la decisión de Takaichi de convocar elecciones anticipadas en febrero, un mes que la Cámara Baja dedica habitualmente a debatir las cuentas. Fue además la primera vez desde 1990 que unas elecciones legislativas japonesas se celebraban en febrero, lo que ha hecho la situación especialmente inusual.

La aprobación del presupuesto confirma la apuesta de Takaichi por una política fiscal expansiva, ya que el texto incluye 39 billones de yenes (211.700 millones de euros) para gastos de seguridad social, lo que representa en torno al 32 % del total.

Entre otras medidas, las nuevas cuentas suman 700.000 millones de yenes (3.800 millones de euros) para la gratuidad de la matrícula de secundaria y los comedores de las escuelas públicas de primaria, mientras que 370.000 millones de yenes (2.000 millones de euros) se repartirán entre la Administración central y los gobiernos locales.

El proyecto de gasto reserva también 8,8 billones de yenes (47.700 millones de euros) para defensa, 300.000 millones de yenes (1.600 millones de euros) más que el año pasado. El aumento del gasto militar es uno de los objetivos declarados de la primera ministra. Este voluminoso presupuesto se ha elaborado en un contexto de presión en los mercados financieros, marcada por el aumento de los rendimientos de la deuda pública y el debilitamiento del yen japonés.

Temor a la inflación y deuda al alza en Japón

Los críticos advierten de que este paquete de gasto récord podría alimentar precisamente las tensiones que pretendía contener. La deuda pública de Japón supera ya el 250% del PIB, la ratio más alta entre las grandes economías, y el presupuesto de 122,3 billones de yenes (664.000 millones de euros) exigirá nuevas emisiones de deuda a gran escala.

Con la inflación subyacente instalada por encima del objetivo del 2% del Banco de Japón y el yen sometido a una presión bajista sostenida, los detractores temen que la postura abiertamente expansiva de Takaichi sea, sencillamente, "demasiado laxa".

El repunte de los rendimientos de la deuda soberana en las últimas semanas refleja una creciente inquietud en los mercados ante la posibilidad de que una política fiscal tan laxa erosione la estabilidad de precios, lograda con dificultad, y complique los esfuerzos del banco central por normalizar la política monetaria.

A todo ello se suma la incertidumbre en torno a la guerra en Irán, que también proyecta sombras sobre la economía japonesa. El estrecho de Ormuz es una arteria energética crucial para Japón, ya que más del 90% de sus importaciones de crudo proceden de Oriente Medio y la mayor parte transita por este cuello de botella marítimo.

Mientras el Gobierno japonés insiste en que las inversiones en Defensa, Educación y Seguridad Social sostendrán el crecimiento a largo plazo, los escépticos sostienen que, sin medidas creíbles de reducción de la deuda, este presupuesto puede terminar debilitando la resiliencia económica del país.

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