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La inflación en Reino Unido sube al 3,3% por el alza del petróleo y complica la política monetaria

Un hombre pasa frente al Banco de Inglaterra, en el distrito financiero de Londres, en febrero de 2026
Un hombre camina frente al Banco de Inglaterra, en el distrito financiero de Londres, en febrero de 2026. Derechos de autor  AP Photo/Kin Cheung
Derechos de autor AP Photo/Kin Cheung
Por Quirino Mealha
Publicado Ultima actualización
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La inflación en Reino Unido se aceleró en marzo hasta el 3,3%, impulsada por el encarecimiento del combustible tras la crisis en Oriente Medio. Los datos obligan a los mercados a revisar sus previsiones y ponen en duda un recorte de tipos a corto plazo.

El coste de la vida en el Reino Unido se aceleró a lo largo de marzo, impulsado por un fuerte encarecimiento de la gasolina y el diésel tras el estallido de la guerra en Irán. Según la Oficina Nacional de Estadística, la tasa interanual de inflación del índice de precios al consumo pasó al 3,3% desde el 3% del mes anterior, un cambio que estuvo en línea con las previsiones.

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Esta presión inflacionista se atribuye en gran medida a un repunte mensual del 8,7% en el coste de los carburantes para vehículos, la mayor subida desde el verano de 2022, tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.

Más allá de las gasolineras, las repercusiones del encarecimiento de la energía se han trasladado a los billetes de avión y al suministro de alimentos, lo que complica el panorama económico para el Gobierno y el Banco de Inglaterra. La responsable del Tesoro británico, Rachel Reeves, señaló que, aunque el conflicto no es interno, está encareciendo directamente las facturas de familias y empresas en todo el Reino Unido.

Lindsay James, estratega de inversión en Quilter, observó que "los datos de inflación publicados esta mañana muestran que el IPC vuelve a subir hasta el 3,3%, lo que confirma que las presiones sobre los precios se están reactivando en lugar de disiparse desde el estallido de la guerra en Irán".

Aunque los mercados internacionales han mostrado ciertos signos de recuperación en las cotizaciones bursátiles, el mercado físico de suministro de petróleo a Europa sigue bajo una enorme tensión. Los expertos señalan que una rápida reapertura del estrecho de Ormuz es la única vía viable para deshacer la actual tendencia inflacionista, pero la situación sigue siendo volátil e imprevisible.

El dilema de política monetaria del Banco de Inglaterra

El repunte de la inflación llega en un momento especialmente delicado, al coincidir con una fase de enfriamiento de la economía doméstica. Los últimos datos del mercado laboral apuntan a una caída del empleo y a un aumento de la inactividad económica, mientras el crecimiento salarial empieza a moderarse.

Para el trabajador medio británico, la combinación del encarecimiento de los bienes esenciales y la desaceleración de los salarios crea un entorno difícil para su poder adquisitivo real. En cuanto al Banco de Inglaterra, este repunte súbito de los precios ha trastocado la senda prevista para empezar a abaratar el coste de los préstamos esta primavera.

Antes de la escalada de la guerra en Irán, crecía el consenso de que el banco central recortaría su tipo de interés principal, actualmente en el 3,75%, ya que la inflación parecía encaminarse de nuevo hacia el objetivo oficial del 2%.

Sin embargo, ahora que se espera que la inflación pueda alcanzar el 4% en los próximos meses, el Comité de Política Monetaria se enfrenta a una decisión mucho más complicada en su reunión de la próxima semana. Entre los economistas crece el debate sobre si las subidas tradicionales de los tipos de interés son la herramienta adecuada para abordar esta crisis concreta.

Según James, "un aumento de los tipos corre el riesgo de diagnosticar mal el problema. Este impulso inflacionista está provocado por una interrupción de la oferta, no por un exceso de demanda. Unos tipos de interés más altos no harán nada por aumentar el flujo de petróleo u otros bienes procedentes de Oriente Medio".

Esta postura apunta a que el Banco de Inglaterra podría optar por mantener su posición actual, dejando los tipos sin cambios mientras vigila si estas subidas de precios empiezan a traducirse en mayores demandas salariales en el conjunto de la economía.

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