El último informe del organismo prevé un alza del 4 % en los precios de la energía este año por la guerra en Irán, que sacude las cadenas de suministro globales.
El último informe 'Commodity Markets Outlook' del Banco Mundial, publicado el martes, prevé un repunte del 24% en los precios de la energía este año, debido a que la guerra con Irán y el consiguiente bloqueo del estrecho de Ormuz están provocando un impacto histórico en los mercados mundiales.
Este aumento previsto supone la subida de los precios de la energía más significativa desde el estallido de la guerra rusoucraniana y amenaza con consolidar una inflación elevada y frenar el avance económico en los países en desarrollo. Según el informe, los mercados mundiales de materias primas atraviesan su periodo más volátil de los últimos cuatro años, con la energía y los fertilizantes al frente de un aumento general del 16% en el coste de las materias primas previsto para 2026.
La inestabilidad regional ya ha provocado la mayor interrupción del suministro de petróleo de la que se tiene constancia, con una caída de la producción mundial de más de diez millones de barriles diarios durante la crisis. Aunque algunos precios se han moderado desde sus máximos iniciales, el estudio señala que los efectos persistentes de los ataques contra infraestructuras y de los cuellos de botella en el transporte en el estrecho de Ormuz mantendrán los costes energéticos en niveles elevados en un futuro previsible.
Los analistas apuntan que la actual agitación ha invertido de hecho la tendencia a la baja de los precios de las materias primas observada durante el año anterior, ha creado un escenario de estanflación y está dificultando la gestión de los tipos de interés por parte de los bancos centrales.
Ayhan Kose, economista jefe adjunto del Banco Mundial, añade que los gobiernos deben resistir la tentación de recurrir a apoyos fiscales amplios y no focalizados que distorsionen los mercados y concentrar en cambio sus esfuerzos en ayudas temporales para los hogares más vulnerables, a fin de superar los próximos meses de incertidumbre económica.
Emiratos Árabes Unidos abandona la OPEP
El principal factor de la inestabilidad actual en los mercados es la perturbación sin precedentes de las rutas marítimas en Oriente Medio. El estrecho de Ormuz, un paso marítimo crucial por el que transita aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo transportado por mar, ha visto cómo el tráfico quedaba prácticamente paralizado durante la guerra.
Según el Banco Mundial, se prevé ahora que el barril de crudo Brent cotice de media en 86 dólares durante 2026, lo que supone un fuerte aumento frente a la media de 69 dólares registrada en 2025. Esta previsión se basa en la hipótesis de que las perturbaciones más graves comenzarán a remitir en mayo y de que los volúmenes de transporte marítimo irán regresando poco a poco a los niveles previos a la guerra de aquí a finales de año.
En el momento de redactar esta información, el crudo de referencia en Estados Unidos, el WTI, supera los 102 dólares por barril, mientras que el Brent, referencia internacional, rebasa los 110 dólares por primera vez en tres semanas.
Emiratos Árabes Unidos anunció también el martes que abandonará la OPEP y la alianza OPEP+ con efecto a partir del 1 de mayo. El ministro de Energía emiratí lo justificó por la reestructuración de la estrategia energética del país "para responder a una demanda cambiante" y prometió "un aumento gradual de la producción de petróleo".
Está por ver si este suministro adicional contribuirá a abaratar los precios o si, por el contrario, una menor coordinación entre los grandes productores de crudo resultará perjudicial en plena crisis. El Banco Mundial advierte de que, si el conflicto se prolonga o se extiende a más actores regionales, la presión al alza sobre los precios no hará sino intensificarse. Incluso en el escenario de referencia actual, el impacto ya ha provocado importantes ondas expansivas en otros sectores energéticos.
El estudio muestra que la volatilidad del mercado petrolero tiene consecuencias directas sobre las referencias del gas natural y del gas natural licuado (GNL), en un momento en que los países se apresuran a asegurarse suministros energéticos alternativos.
La Unión Europea ha desembolsado ya más de 27.000 millones de euros en costes adicionales por las importaciones de combustibles fósiles desde el inicio de la guerra con Irán. La AIE califica ya la situación como la mayor amenaza para la seguridad energética de la historia. Se espera que este encarecimiento del combustible frene el crecimiento mundial, con graves implicaciones para la creación de empleo y el desarrollo industrial tanto en las economías emergentes como en las avanzadas.
Este mes, el FMI recortó su previsión de crecimiento mundial para 2026 hasta el 3,1%, dos décimas menos que en su proyección anterior, y rebajó su estimación para la eurozona del 1,4% al 1,1%. La guerra también elevó las previsiones de inflación global del FMI hasta el 4,4% y, si la volatilidad energética se prolonga hasta 2027, el organismo advierte de un 'escenario severo' en el que el crecimiento mundial podría desplomarse hasta el 2%.
La volatilidad geopolítica y el efecto dominó
Un apartado especial del informe del Banco Mundial destaca el impacto desproporcionado del riesgo geopolítico sobre la estabilidad de los mercados. El análisis concluye que la volatilidad de los precios del petróleo durante los periodos de escalada de los conflictos es aproximadamente el doble que en tiempos más calmados.
En concreto, el estudio indica que una caída del 1% en la producción mundial de petróleo motivada por factores geopolíticos suele empujar los precios al alza una media del 11,5%. Estos choques tienen un potente efecto contagio, y el impacto sobre otros mercados de materias primas es alrededor de un 50% mayor que en condiciones normales.
Según el informe, un aumento del 10% en el precio del petróleo provocado por un choque geopolítico hace que los precios del gas natural alcancen un máximo un 7% superior y que los fertilizantes se encarezcan más de un 5% aproximadamente un año después. Estos efectos retardados implican que, incluso si el conflicto en Oriente Medio se resuelve a corto plazo, la economía mundial probablemente seguirá soportando presiones inflacionistas bien entrado el próximo año.