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El Mundial de fútbol 2026 promete miles de millones, ¿pero llegará el auge económico de verdad?

ARCHIVO. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el Despacho Oval, agosto de 2025.
Archivo. El presidente de Estados Unidos Donald Trump habla junto al presidente de la FIFA Gianni Infantino en el Despacho Oval, agosto de 2025. Derechos de autor  AP Photo/Jacquelyn Martin
Derechos de autor AP Photo/Jacquelyn Martin
Por Quirino Mealha
Publicado última actualización
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A menos de diez días del inicio, el mayor Mundial de la historia inyectará decenas de miles de millones en las economías anfitrionas, aunque los analistas prevén que el impacto relativo sea limitado.

El Mundial de fútbol de 2026, que comienza el 11 de junio en Estados Unidos, Canadá y México, es el más grande de la historia del torneo, con 48 selecciones nacionales que competirán por primera vez en 16 ciudades sede.

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La propia FIFA ha realizado previsiones muy ambiciosas sobre los beneficios económicos y calcula unos 30.500 millones de dólares (26.100 millones de euros) para el conjunto de los tres países anfitriones, y que el torneo generará hasta 40.900 millones de dólares (35.000 millones de euros) adicionales de PIB global.

La organización estima además que se crearán alrededor de 824.000 puestos de trabajo vinculados directa o indirectamente al evento.

Sin embargo, a medida que se acerca el pitido inicial del primer partido, los analistas advierten de que, cuando finalmente se conozcan, las cifras reales podrían dibujar un panorama mucho más modesto que el del relato actual.

La FIFA calcula que el coste total de este Mundial, incluida la inversión de la organización, las ciudades sede y los inversores en Estados Unidos, Canadá y México, rondará los 14.000 millones de dólares (12.000 millones de euros). Solo Estados Unidos absorbería más de 11.000 millones de dólares (9.400 millones de euros) de esa cantidad.

Según un análisis del banco danés Saxo, esas grandes cifras maquillan el impacto real y los expertos, de media, prevén una generación de ingresos menor que la estimada por la FIFA.

A modo de ejemplo, en el caso de Estados Unidos, cuya economía eclipsa a la mayoría de sus rivales, el impulso previsto de 17.000 millones de dólares (14.500 millones de euros) equivale a menos del 0,1% del PIB, lo que convierte al Mundial en un motor de crecimiento marginal.

México destaca como el ganador relativo de este acuerdo trinacional. Con unos beneficios económicos previstos de 3.000 millones de dólares (2.570 millones de euros), que representarían entre el 0,2% y el 0,5% del PIB según el modelo utilizado, la llegada de visitantes tiene un peso mucho más visible en una economía más dependiente del turismo y los servicios.

Ciudades sede como Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México son las que más acusarán el efecto económico.

Canadá, por su parte, podría registrar unos 3.800 millones de dólares canadienses (2.360 millones de euros) en beneficios, aunque los analistas subrayan que estas cifras deben ponderarse frente a los elevados costes públicos.

Un estudio reciente de Oxford Economics concluye además que, aunque las 11 ciudades anfitrionas de Estados Unidos registrarán este verano un aumento del PIB concentrado en ocio y hostelería, con Houston, Nueva York y Dallas entre las principales beneficiadas, cualquier creación de empleo será temporal.

La investigación señala que, dado que prácticamente no se ha construido nueva infraestructura específicamente para este torneo, la actividad turística en torno a los partidos desplazará en gran medida los flujos de visitantes ya existentes en lugar de generar valor económico adicional.

El problema de los 'elefantes blancos' y el impacto en el PIB

La historia reciente de los Mundiales ofrece un punto de referencia poco alentador.

Para empezar, el coste final de la organización tiende a superar con creces las estimaciones iniciales. Un estudio del profesor Bent Flyvbjerg, de la Universidad de Oxford, muestra que los grandes eventos deportivos rebasan sus presupuestos en una media del 172%.

Este efecto de inflación de costes se explica sobre todo por el hecho de que un Mundial no puede aplazarse. Cuando los proyectos de infraestructura sufren retrasos, los organizadores se ven obligados a acelerar las obras a cualquier precio para llegar a tiempo al partido inaugural.

En la práctica, son las arcas públicas las que suelen absorber estos sobrecostes.

En segundo lugar, más allá del nivel de gasto, está la cuestión del beneficio económico a medio y largo plazo de una inversión tan elevada.

Los estudios indican que una parte importante de las infraestructuras construidas para los torneos genera poco valor duradero una vez que termina la competición. Muchos estadios se convierten, por ejemplo, en los llamados 'elefantes blancos', costosos de mantener pero muy infrautilizados tras el evento.

Los Mundiales de 2014 en Brasil y de 2022 en Catar son ejemplos destacados de este problema, ya que dejaron tras de sí una serie de estadios sin un uso sostenible una vez terminado el torneo. La "Arena da Amazônia", en la ciudad brasileña de Manaos, es un símbolo persistente de ese gasto público mal orientado.

Catar 2022, con un coste de casi 220.000 millones de dólares (188.600 millones de euros), se convirtió en el Mundial más caro de la historia, transformó por completo el país en términos de infraestructuras pero dejó abiertas las dudas sobre su impacto económico a largo plazo.

La edición de 2026 presenta, no obstante, un perfil materialmente distinto en este aspecto. Estados Unidos, Canadá y México ya cuentan con la mayoría de las sedes necesarias, casi todas gestionadas por franquicias deportivas profesionales rentables y con bases consolidadas de aficionados.

El riesgo de 'elefantes blancos' es sustancialmente menor esta vez, aunque se espera que los países anfitriones vuelvan a superar el presupuesto.

ARCHIVO. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, besa el trofeo de la Copa del Mundo de la FIFA junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en Ottawa (Ontario), el 24 de mayo de 2026
ARCHIVO. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, besa el trofeo de la Copa del Mundo de la FIFA junto al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en Ottawa (Ontario), el 24 de mayo de 2026 Justin Tang /The Canadian Press via AP

La verdadera incógnita sigue siendo la demanda.

Según una encuesta a más de 200 hoteles en las 11 ciudades anfitrionas de Estados Unidos realizada por la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento, cerca del 80% declara reservas por debajo de las previsiones iniciales.

Los encuestados señalan las dificultades de los visitantes extranjeros para obtener visados, el aumento de las tensiones geopolíticas y los elevados precios de las entradas y los viajes como factores que lastran la asistencia.

Algunos hoteles han llegado incluso a calificar el torneo de "no evento".

Además, incluso si la demanda alcanzara las expectativas, los análisis históricos muestran que las estimaciones del impacto real sobre el PIB deben interpretarse con cautela, ya que los resultados suelen desviarse de forma significativa de las proyecciones iniciales.

Incluso cuando se observa crecimiento, este suele ser limitado en el tiempo, muy localizado y queda parcialmente compensado por los efectos de sustitución y desplazamiento.

Estos términos aluden al fenómeno macroeconómico que se produce cuando un aumento del endeudamiento, el gasto o la intervención del gobierno en los mercados reduce la inversión y el consumo del sector privado.

Por ello, los beneficios macroeconómicos globales siguen siendo limitados, especialmente en economías del tamaño de la estadounidense.

En este contexto, el Mundial de 2026 debe entenderse menos como un motor de transformación económica estructural y más como una reasignación temporal de la actividad, cuyo alcance real suele ser mucho más modesto de lo que sugiere el relato.

En definitiva, como concluyen también Oxford Economics y Saxo Bank en sus análisis, este verano se registrará cierto crecimiento del PIB, pero será temporal, localizado y, al menos en la mayor economía del mundo, apenas perceptible en los agregados.

Al final, el mayor espectáculo futbolístico del planeta puede resultar mucho más discreto para las economías nacionales de lo que sostienen sus organizadores.

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