El Instituto Alemán de Investigación Económica rebaja al 0,5% su previsión de crecimiento para 2026 y atribuye la debilidad de la recuperación al impacto de los precios de la energía y a los problemas estructurales de la industria.
La recuperación de la economía alemana está siendo más débil de lo que se preveía en primavera. Esa es la conclusión de los expertos del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW), que han recortado a la mitad su previsión de crecimiento para este año, hasta el 0,5%.
"El shock de los precios de la energía frena de forma apreciable la recuperación", afirma la responsable de coyuntura del DIW, Geraldine Dany-Knedlik. No obstante, "no estamos viviendo una situación comparable a la de 2022 y 2023", cuando comenzó la invasión rusa a gran escala de Ucrania. "El shock es menor, el suministro energético sigue garantizado y Alemania depende hoy menos de las importaciones de combustibles fósiles que al inicio de la guerra", explica.
"Que la economía crezca este año se debe únicamente al sector público", subraya la economista. El consumo de los hogares muestra signos de debilidad y las empresas también se han vuelto más cautas. En cambio, el aumento del gasto público, especialmente en defensa y a través del fondo especial de inversiones, sostiene el crecimiento económico.
El Gobierno alemán ya había rebajado sus previsiones en la proyección de primavera. Si inicialmente esperaba un crecimiento del 1%, a finales de abril redujo esa estimación al 0,5%, una cifra que coincide con la del Instituto de la Economía Mundial (IfW). No obstante, el Ejecutivo sigue defendiendo que el consumo privado es uno de los pilares de la economía, mientras que la inversión pública aporta importantes estímulos al crecimiento.
El gasto en Defensa sostiene la actividad
El incremento del gasto militar y, con cierto retraso, los recursos del fondo especial destinado a infraestructuras y neutralidad climática están respaldando la economía alemana y garantizando un ligero crecimiento durante el periodo analizado, según el DIW.
"Sin embargo, los impulsos de la política fiscal no compensan por completo la desaceleración económica", advierte Dany-Knedlik. "Lo decisivo es que los recursos de estos instrumentos extraordinarios se desembolsen con rapidez y se utilicen para inversiones adicionales, no para financiar proyectos ya previstos".
Según el instituto, los problemas de la economía alemana son también estructurales. La industria ha perdido competitividad respecto a décadas anteriores y, en particular, el sector del automóvil atraviesa una etapa complicada. A ello se suman los elevados costes de producción y el envejecimiento demográfico.
El DIW considera que estos factores limitan el potencial de crecimiento y dificultan una recuperación rápida, independientemente del contexto geopolítico actual.
Estados Unidos se beneficia y Europa paga la factura energética
La previsión internacional del DIW apunta a que Estados Unidos, gracias a su condición de gran productor de energía, seguirá registrando tasas de crecimiento relativamente sólidas, superiores al 2%, mientras que la eurozona avanzará a un ritmo mucho más lento.
Estados Unidos se ha convertido en uno de los principales exportadores mundiales de gas natural licuado (GNL) y se beneficia parcialmente de los elevados precios de la energía. Europa, por el contrario, depende de las importaciones. Tras el fin de los suministros de gas ruso, gran parte de esas compras se redirigieron hacia proveedores estadounidenses.
La Unión Europea sigue sin producir suficiente energía para cubrir sus necesidades y continúa expuesta a las fluctuaciones de los mercados internacionales. Los aumentos de precios afectan tanto al crecimiento económico como al poder adquisitivo de los consumidores.
No obstante, el DIW no prevé problemas de abastecimiento. La seguridad del suministro de petróleo y gas no estaría en riesgo gracias a una mayor diversificación de proveedores.
Aun así, sectores especialmente intensivos en energía, como la industria química, la siderurgia o la producción de papel, continúan sufriendo el impacto de los elevados precios de la electricidad y el gas. Por ello, Alemania se ve más afectada que otros países europeos.
La política fiscal amortigua el impacto, pero no basta
Dany-Knedlik describe la situación actual como "incómoda", ya que el encarecimiento de la energía frena el crecimiento y al mismo tiempo alimenta la inflación. Hasta ahora, la política fiscal expansiva ha ayudado a contener parte de esos efectos, pero no ha logrado impulsar el crecimiento con la intensidad esperada.
Para los consumidores, el aumento de los costes energéticos se traduce en facturas más elevadas de calefacción, electricidad y transporte, lo que deja menos margen para el consumo. Así lo señala también el instituto ifo en su diagnóstico conjunto de primavera de 2026.
Queda por ver si el Banco Central Europeo responderá a este contexto con una subida de los tipos de interés. Esto supone un problema para la economía alemana, ya que el consumo privado sigue siendo considerado por el Gobierno uno de los principales motores del crecimiento. El DIW discrepa de esa visión y sostiene que el avance económico actual descansa casi exclusivamente en el gasto público.
A ello se añaden cambios estructurales en el mercado laboral. Mientras que la industria manufacturera y el comercio continúan perdiendo empleo, el sector público sigue generando puestos de trabajo, aunque a un ritmo más moderado. El desplazamiento de la economía hacia los servicios es cada vez más evidente, pero el número total de personas activas continúa disminuyendo.
Empresarios, sindicatos y representantes de la coalición gubernamental se reúnen este miércoles en la Cancillería para debatir posibles reformas. Entre otros asuntos, analizarán las causas de la persistente debilidad estructural que sigue frenando el crecimiento de la mayor economía de Europa.