Las comisarias de 'Buenas madres', la nueva exposición del museo focalizado en torno al arte mediterráneo, plantea las diferentes formas en la que se puede experimentar la maternidad y cómo se ha juzgado a través de los siglos.
Desde hace 4.000 años, el Mediterráneo moldea el rostro de las madres. De las diosas antiguas a los iconos religiosos, la maternidad no es solo un asunto de familia, es también una cuestión política y un motor artístico. El Mucem, el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo de Marsella, acoge la exposición 'Bonnes Mères' (Buenas madres) y nos sumerge en este relato milenario.
En Marsella, la figura materna es indisociable de un potente símbolo que vela por la ciudad. Pero aquí, las comisarias han optado por sacudir ese singular sagrado para abrirse a una realidad mucho más amplia. "Hemos cuestionado la noción de lo que es una buena madre", explica Caroline Chenu, investigadora en el Mucem y comisaria de la exposición. "La hemos puesto en plural porque, en efecto, una misma mujer puede verse atravesada por distintas maternidades o sentimientos, ya que en la maternidad incluimos toda la reflexión en torno a la experiencia de ser madre".
Se han reunido 350 obras y objetos procedentes de 20 países del entorno mediterráneo, 120 de ellos pertenecientes a las colecciones del museo de Marsella, para la ocasión. Según Anne-Cécile Mailfert, presidenta de la Fundación de las Mujeres y comisaria de la exposición, no se trata únicamente del vínculo madre-hijo en la primera infancia.
"Nos centramos también en el lugar de las madres en la sociedad, en lo que la maternidad dice de nuestras sociedades y en lo que las madres tienen que decir sobre nuestra sociedad. Y lo que nosotras deseamos es que esta exposición pueda también desbordar los muros del Mucem, que las diosas madre se escapen de esta muestra y puedan también abrir un debate social sobre el lugar de las madres en general", expresa.
Si los primeros pasos de la exposición nos ponen frente a diosas de piedra, el recorrido abandona pronto el mármol para centrarse en la carne. Aquí, la imagen congelada de la madre ideal salta en pedazos y deja paso a la verdad desnuda de los cuerpos y a la singularidad de las experiencias. Con una escenografía especialmente inmersiva, 'Bonnes Mères' se atreve a adentrarse allí donde el silencio reina con demasiada frecuencia.
La exposición no se limita a mostrar: toma partido, rompe de frente los tabúes que aún rodean la condición femenina. El duelo perinatal, la soledad de los procesos de procreación o las interrupciones del embarazo salen de la esfera privada para convertirse en objetos de arte y de reflexión.
Al confrontar estas realidades contemporáneas con los arquetipos del pasado, el Mucem no ofrece solo una retrospectiva histórica: lanza un auténtico revulsivo en el debate social. Se abre ante nuestros ojos un debate de sociedad necesario, el de la posición de las madres en nuestras ciudades, lejos de los fantasmas y lo más cerca posible de las realidades humanas, con toda su complejidad y su fragilidad.
"Esta exposición es realmente para todo el mundo. Es una exposición que aspira a dirigirse a todas las personas y a rendir homenaje a las madres hablando sin tapujos, sin tabúes, de todas las realidades de la maternidad", explica Anne-Cécile Mailfert.
Una inmersión necesaria para reconciliar lo sagrado y lo íntimo. La exposición 'Bonnes Mères' se puede visitar en el Mucem hasta el 31 de agosto. Una oportunidad para mirar con otros ojos a quienes, desde siempre, han sostenido el mundo.