Diversión tontorrona para algunos, otra adaptación fallida de un videojuego para otros. Pienses lo que pienses, no te creas eso de que está hecha “para los fans”.
Nadie podría reprocharte que no sepas que, desde que se estrenó la primera película de Mortal Kombat en 1995, ha habido cinco continuaciones: Mortal Kombat Annihilation (1997), Mortal Kombat Legends: Scorpion's Revenge (2020), Mortal Kombat (2021), Mortal Kombat Legends: Battle of the Realms (2021) y Mortal Kombat Legends: Snow Blind (2022).
Aviso: todas son bastante malas y, aunque el reinicio en imagen real de 2021 fue un paso en la buena dirección para los fans de los queridos juegos de los años noventa, volvió a demostrar que las adaptaciones de videojuegos siguen siendo la bestia negra de Hollywood. Muchos citarán las recientes adaptaciones de Minecraft y Super Mario como éxitos de taquilla, pero recaudar mucho dinero no equivale a calidad. Y Mortal Kombat II no será la película que rompa la maldición.
Retoma la historia donde la dejó el reinicio de 2021, que desconcertantemente carecía de un torneo de lucha propiamente dicho, y se dedica a cambiar de protagonistas. Fuera Cole Young (Lewis Tan), relegado ahora a un papel secundario, y dentro Kitana (Adeline Rudolph) y Johnny Cage (Karl Urban). Ella es una princesa de un reino místico esclavizado por el malvado líder de Outworld, Shao Kahn (Martyn Ford); él es una estrella de cine de acción a regañadientes y en horas bajas, aficionada a soltar muchos tacos.
Kahn y sus guerreros han ganado nueve torneos contra los campeones de la Tierra; un décimo significaría el fin de la partida para el planeta. Que empiecen los juegos... Ah, y también está lo de un amuleto místico que consume una parte del metraje y corta en seco el ritmo.
Si tu idea de pasar un buen rato en el cine es una trama disparatada con personajes planos repartiéndose estopa sin descanso, entonces Mortal Kombat II ofrece un entretenimiento tan tonto como efectivo. Las secuencias de acción, aunque estén muy fragmentadas en montaje, son llamativamente sangrientas, con bolas de fuego, sombreros de borde afilado y Blue Portals que permiten muertes de lo más creativas.
Aunque el Cage de Urban se ha convertido de facto en un clon de Deadpool, lo que hunde MKII es la incapacidad del director Simon McQuoid y del guionista Jeremy Slater para encontrar un equilibrio sostenible entre los chistes constantes y la violencia explícita para mayores de 18 años. El consiguiente bandazo tonal convierte la película en otro espectáculo ruidoso de golpes y explosiones perfectamente prescindible, que es más o menos todo lo que cabe esperar de otra película de Mortal Kombat.
¿Victoria impecable? Ni de lejos. Y algunos de los responsables lo saben. El productor Todd Garner ya ha arremetido contra algunas de las primeras críticas, y no precisamente elogiosas, de la película.
Publicando en X, Garner escribió: "Algunas de estas críticas me hacen muchísima gracia. Está claro que nunca han jugado al juego y que no tienen ni idea de lo que quieren los fans ni de NINGUNA de las reglas o del canon de Mortal Kombat. Un crítico se enfadó porque un tipo 'tenía un ojo láser'. ¡Por qué demonios seguimos permitiendo que gente a la que no le gusta en absoluto el género critique estas películas! Incomprensible".
En sus respuestas redobló la apuesta, insistiendo una y otra vez en que la película se ha hecho "para los fans" y no para los críticos.
Ah, la vieja cantinela según la cual, si una película es "para los fans", eso invalida por defecto la opinión de los críticos.
Señor Garner, la razón por la que los críticos son críticos, para empezar, es porque son fans. Si las malas reseñas le sacan de quicio, entonces o bien no busque la crítica, o bien busque otro trabajo, endurézcase, o acepte que, cuando se lanza una película al mundo, es normal, esperable y legítimo que los críticos de cine den su opinión. La pluralidad de opiniones es algo magnífico. Algunos críticos disfrutarán con MKII; otros dirán que, si quiere mejores críticas, tiene que hacer mejores películas.
Mortal Kombat II ya está en los cines.