Corría el año 1977, dos años después de la muerte de Franco, cuando un grupo de personas marcaron un antes y un después en la historia del colectivo LGTBIQ+ en España al salir a manifestarse en las Ramblas de Barcelona tras años en la sombra.
Más de 4.000 personas echaron a andar por las Ramblas. Lo hicieron despacio, conscientes del peso de cada paso, sabiendo que lo que estaban haciendo era inédito, arriesgado y, al mismo tiempo, inevitable.
Llevaban años viviendo en la sombra, ocultando sus identidades bajo la dictadura franquista y sus leyes que criminalizaban la disidencia sexual. Ese domingo de junio, salieron por primera vez a la luz. Su lema era en catalán, y era una declaración de existencia:
- "Nosaltres no tenim por, nosaltres som", que, en español, se puede leer como: "Nosotras no tenemos miedo. Nosotras somos".
Era, sin saberlo por aquel entonces, la primera manifestación del Orgullo LGTBIQ+ en la historia de España y el mundo que dejarían atrás nunca volvería a ser exactamente el mismo.
Salir de la clandestinidad
Para entender la magnitud de aquel 26 de junio, hay que comprender el contexto del que emergía. Durante cuatro décadas, el régimen franquista había perseguido sistemáticamente a homosexuales y transexuales amparándose primero en la Ley de Vagos y Maleantes (1954) y después en la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social (1970).
Estas normas permitían el internamiento en cárceles especiales o en centros psiquiátricos de cualquier persona cuya orientación sexual o identidad de género se considerara una amenaza para el "orden moral". La homosexualidad no era solo un tabú; era un delito.
Franco murió en noviembre de 1975. España comenzaba, con cautela, a respirar. Las primeras elecciones democráticas se celebrarían apenas dos semanas después de aquella marcha, el 15 de junio de 1977.
El país estaba en plena Transición, un tiempo de esperanza frágil y de fronteras que se movían. En ese contexto, el colectivo LGTBIQ+ decidió que ya era hora de ocupar la calle.
La fotógrafa Colita Isabel Steva, una de las grandes cronistas visuales de la Barcelona de aquellos años, estuvo allí para inmortalizarlo. Su cámara capturó uno de los momentos más icónicos de la historia social española: un grupo de mujeres trans al frente de la marcha, con el brazo en alto y el orgullo en el rostro. Una imagen que abre este artículo y resume, en un solo instante, décadas de represión y la determinación de no seguir callando.
Una lucha que comenzó en las Ramblas
La manifestación de 1977 fue un comienzo, no un punto de llegada. Los años siguientes estuvieron marcados por la movilización constante y por victorias que llegaban despacio, a menudo arrancadas con esfuerzo.
En 1979, la homosexualidad fue eliminada de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, un paso fundamental aunque incompleto. La llegada de la democracia plena y la Constitución de 1978 abrieron el camino legal, pero los prejuicios sociales tardaron mucho más en ceder. La epidemia del VIH/SIDA, que golpeó duramente a España en los años ochenta, añadió una nueva carga de estigma y dolor al colectivo, pero también fortaleció su organización interna y visibilizó aún más la necesidad de políticas de salud y de reconocimiento.
En 1995, el Código Penal dejó de considerar la homosexualidad una circunstancia agravante en ningún tipo de delito. Un año antes, en 1994, se había celebrado el primer Orgullo multitudinario en Madrid, que con el tiempo se convertiría en uno de los mayores del mundo. En 1998, la Comunidad de Madrid reconoció las parejas de hecho con independencia del sexo de sus miembros, una medida que otras comunidades autónomas fueron adoptando progresivamente.
El hito de 2005: España lidera el mundo
El 30 de junio de 2005, España se convirtió en el tercer país del mundo, tras Países Bajos y Bélgica, en legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, incluyendo el derecho a adoptar. La Ley 13/2005, impulsada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, fue un cambio histórico que colocó a España en la vanguardia de los derechos LGTBIQ+ a escala global.
No fue un camino sin resistencias. La derecha política e instituciones como la Iglesia Católica impugnaron la ley ante el Tribunal Constitucional, que no se pronunció hasta 2012, ratificando su plena constitucionalidad. Entre medias, miles de parejas del mismo sexo ya se habían casado, habían formado familias y habían construido vidas reconocidas plenamente por el Estado.
Avances recientes: identidad, diversidad y nuevos derechos
Las últimas décadas han visto consolidarse un marco legal de protección cada vez más amplio. En 2023 entró en vigor la llamada Ley Trans, que permite a cualquier persona mayor de 16 años cambiar el sexo registrado en el DNI mediante un simple trámite administrativo, sin necesidad de diagnóstico médico ni intervención quirúrgica. Fue una de las legislaciones más avanzadas de Europa en materia de identidad de género.
España cuenta hoy con legislación contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género en el ámbito laboral, y diversas comunidades autónomas han aprobado sus propias leyes de protección. El Orgullo de Madrid, celebrado cada año en torno al último fin de semana de junio, atrae regularmente a más de un millón y medio de personas de todo el mundo, siendo uno de los eventos más grandes del planeta.
Un país diferente, una deuda que no se olvida
Los índices europeos de aceptación social sitúan de forma consistente a España entre los países más tolerantes del continente con la diversidad sexual y de género. Según el Eurobarómetro, más del 80% de la población española considera que la homosexualidad debe aceptarse libremente en la sociedad, una de las tasas más altas de la Unión Europea.
Y sin embargo, el trabajo no ha terminado. Las agresiones LGTBIfóbicas siguen ocurriendo. Las personas trans continúan enfrentando discriminación en el empleo y en la sanidad. Los jóvenes LGTBI+ siguen siendo un grupo especialmente vulnerable al acoso escolar y a las dificultades en el ámbito familiar. La igualdad legal no es sinónimo de igualdad real.
Por eso, cada vez que alguien sale a la calle en junio, en Barcelona, en Madrid, en Sevilla, en Bilbao, en cientos de ciudades y pueblos de este país, no solo celebra lo conseguido. También recuerda de dónde viene esta lucha: de aquellas 4.000 personas que un domingo de verano de 1977 caminaron por las Ramblas sin miedo, con el brazo en alto, diciendo simplemente que existían:
"Nosaltres no tenim por. Nosaltres som".