Francia lleva la mantequilla en su ADN gastronómico, de los cruasanes a las crêpes. Ahora, París estrena una tienda dedicada exclusivamente a este producto, con 30 variedades artesanales y sabores tan sorprendentes como frambuesa, chocolate o algas.
“Si tienes un pan extraordinario y una mantequilla extraordinaria, es difícil superar pan y mantequilla.”
Qué razón tenía el chef y escritor francés Jacques Pépin cuando pronunció esas palabras que han resistido el paso del tiempo. Y una boutique en París no hace más que darle la razón, al menos en lo que respecta a la mantequilla.
Presentado como la primera tienda de la capital francesa dedicada por completo a la mantequilla, Le Butter Shop abrió sus puertas el mes pasado y ofrece 30 variedades de la grasa favorita de Francia, procedentes de pequeños productores familiares de Bretaña, el valle del Loira y el norte del país, con opciones aromatizadas como chalota, pimienta, algas, ajo silvestre y limón con pimienta verde.
En Francia se consumen alrededor de ocho kilogramos de mantequilla por persona al año, según el ministerio de Agricultura, así que ya era hora.
Los clientes pueden probar a cucharadas antes de comprar cualquier cosa, desde una porción de diez gramos hasta un bloque de un kilogramo. Y si las variedades mencionadas no les convencen, también hay opciones dulces, como vainilla, frambuesa, fresa y chocolate.
“La mayoría de la gente no espera que le guste una mantequilla de frambuesa o una mantequilla de chocolate”, explica el propietario, Erwan Leo. “Y cuando la prueban, es cuando dicen: ‘Vaya, de acuerdo’.”
Leo, que también dirige un negocio de catas de vino, sostiene que la mantequilla debe utilizarse como el vino, para mejorar una comida. “La idea no es emborracharse”, advierte, y añade que catar mantequilla funciona como catar vino.
“Hay que coger la cucharilla, llevarla al paladar, a la lengua, dejar que se funda un poco y entonces los sabores empiezan a aparecer uno por uno.”
Leo añade que el secreto para disfrutar de una mantequilla bien grasa es comportarse como los parisinos, caminar mucho y practicar la moderación.
“No pasamos de cuatro tostadas con mantequilla al día”, comenta.
“Los italianos eligen el aceite de oliva, nosotros elegimos la mantequilla, aprendemos a dominarla.”
Los productores de Leo baten leche de vacas seleccionadas y con mayor contenido en grasa, dos o tres puntos porcentuales más, afirma, “realmente marca una gran diferencia”.
La pequeña tienda ha atraído a multitudes a través de las redes sociales y ahora cuenta con un equipo de cuatro personas.
“Desde el primer día ha sido una locura”, dice Leo. “La mayoría de la gente entra con la idea de probar una o dos mantequillas y acaba probando 25 tipos de mantequilla porque siente mucha curiosidad.”
Lo siguiente será una mantequilla con sabor a cruasán y quizá a violeta.
“Las posibilidades son infinitas”, afirma Leo.
Si después de todo esto no está pensando en untar más mantequilla, ya no sabemos cómo ayudarle.
Le Butter Shop se encuentra en el número cinco de la Rue Bouchut, en París, a dos pasos del Campo de Marte y de la Torre Eiffel.