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De Caravaggio a Corea, los artistas malteses rompen con el barroco

Julien Vinet y Sam Alekksandra, juntos como "Ponks", representarán a Malta en la Bienal de Gwangju
Julien Vinet y Sam Alekksandra, el dúo “Ponks”, representarán a Malta en la Bienal de Gwangju Derechos de autor  Edward De Gabriele
Derechos de autor Edward De Gabriele
Por Craig Saueurs
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El pabellón BEJN conecta Malta y Corea a través de la poesía, las cuerdas sagradas, las tradiciones de la festa y los datos espaciales.

Julien Vinet quiere que imagine el atardecer con él.

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El sol se posará como una corona sobre los edificios de piedra caliza, luego ríos de rojo y naranja inundarán el destartalado estudio que comparte con su compañera creativa, Sam Alekksandra. Mientras otro día se desliza hacia la noche sobre las Tres Ciudades de Malta, la luz cálida bañará unas paredes rosa desvaído cubiertas de carteles de sus recitales de poesía efímeros.

"La puesta de sol es especial aquí", afirma Vinet con convicción.

Este artista francés, que se trasladó a Malta hace alrededor de una década tras pasar ocho años en Japón, tiene facilidad para encontrar un significado inesperado en los momentos cotidianos. Le gusta escarbar en ellos hasta descubrir una verdad que merezca ser revelada, lo que él llama "belleza obsoleta".

Por eso él y Alekksandra, el dúo detrás del colectivo Ponks, se sienten atraídos por los espacios liminales, por aquello que queda atrapado en el intermedio, como su ritual del atardecer.

Y quizá no sea casualidad que ambos hayan encontrado libertad creativa en un país definido por su propio estar a medio camino.

'Poetry from the Future' de Ponks en el café Rumi de La Valeta durante la Bienal de Malta 2026
'Poetry from the Future' de Ponks en el café Rumi de La Valeta durante la Bienal de Malta 2026 Vladimir Chistiakov

Para Vinet, Malta le ha dado tiempo y espacio para cultivar sus dos facetas, la punk y la perfeccionista. Para Alekksandra, periodista maltesa reconvertida en poeta, le ha proporcionado un punto de referencia desde el que desarrollar su propio lenguaje artístico.

Ese tipo de margen creativo es relativamente nuevo en el país.

Durante años, los artistas en Malta contaban con pocas galerías y aún menos vías para mostrar su trabajo. Ahora, con nuevas instituciones como la Bienal de Malta y un perfil internacional en crecimiento, la escena artística empieza a ser muy distinta.

El espacio intermedio

Malta es una rareza, un pequeño grupo de islas en el Mediterráneo que lleva milenios absorbiendo una cultura tras otra. Su cocina abarca influencias africanas, mediterráneas y británicas. Tiene la única lengua semítica escrita con alfabeto latino. Conserva barcos fenicios, iglesias católicas y escudos del Reino Unido.

Pese a esa pluralidad de influencias, durante muchos años el arte maltés quedó atrapado en un único episodio del pasado. Como me diría más tarde una guía en la galería Muza de La Valeta: "Barroco por aquí, barroco por allá, para mucha gente en Malta el arte de verdad es solo el barroco".

Ahora, en esa fachada barroca empiezan a abrirse grietas.

Antes de conocer a Vinet y Alekksandra, hago una breve ruta por la escena artística de La Valeta, empezando, como casi todo el mundo, por la obra maestra de Caravaggio, 'La decapitación de san Juan Bautista', en la concatedral de San Juan. Pero hay mucho más en el panorama artístico maltés que santos y mártires.

Además de Muza y del nuevo MICAS, el primer museo nacional de Malta dedicado al arte contemporáneo, galerías como Valletta Contemporary han creado un espacio para propuestas más arriesgadas, algo de lo que muchos artistas me dijeron que Malta había carecido durante años.

Fundada por el arquitecto y artista Norbert Francis Attard, la galería ha transformado un almacén de 400 años en el extremo este bajo de la ciudad en un escaparate de dos plantas para artistas malteses e internacionales. Cuando la visito, acoge 'Still Time', una retrospectiva de 50 años del fotógrafo Joseph P. Smith comisariada por Lisa Gwen Chetcuti.

Norbert Francis Attard posa en su estudio en Gozo
Norbert Francis Attard posa en su estudio en Gozo Edward De Gabriele

"En Malta hay muy pocas galerías privadas y funcionan de manera diferente que en Londres o Nueva York", explica Chetcuti a Euronews Culture. Las galerías a menudo no son propietarias de las obras, de modo que no asumen un inventario que tengan que vender, y los artistas tampoco quieren necesariamente que lo hagan.

"En un país pequeño no quieren jugárselo todo a una sola carta", añade. "Esta exposición se ha hecho íntegramente con financiación pública".

Valletta Contemporary es una respuesta a la falta de galerías, pero las ambiciones de Attard van más allá de las exposiciones en la capital maltesa. Dirige una residencia en su casa y estudio en Gozo que trae a artistas del extranjero y apoya proyectos y exposiciones colaborativas.

Ahora está convirtiendo su casa de Gozo en un archivo público, con cafetería y jardín.

"Soy el tipo de persona que puede dejar de ser artista durante su vida como decisión consciente", afirma. "Eso no significa que deje de ser creativo, hay muchas maneras de crear".

Ruptura con la tradición

De vuelta en su estudio, Vinet y Alekksandra también piensan en lo que viene después.

Han quedado con su amigo y colaborador, el artista sonoro Michael Quinton, para hablar de su aportación al pabellón de Malta en la Bienal de Gwangju, en Corea del Sur, que se celebra del cinco de septiembre al 15 de noviembre.

Titulado BEJN / In-Between (fuente en inglés) y dirigido artísticamente por Vinet, el pabellón reúne a Attard, Ponks y Quinton en un proyecto que conecta Malta y Corea a través de tres instalaciones interrelacionadas.

El artista sonoro Michael Quinton recorre un mercado de Gwangju en busca de grabaciones de campo
El artista sonoro Michael Quinton recorre un mercado de Gwangju en busca de grabaciones de campo Malta Pavilion Gwangju Biennalie

Attard está creando una instalación espacial que bebe de las tradiciones de las festas maltesas y del sistema coreano Obangsaek, utiliza colores, tensión y equilibrio para llamar la atención sobre los conflictos y la memoria colectiva. Ponks construye el 'Rope Temple', una red de cuerda de cinco kilómetros con poemas de más de 140 escritores malteses y coreanos. El concepto se inspira en las tradiciones marítimas de Malta y en el geumjul, las cuerdas sagradas coreanas que se utilizan para ahuyentar a los malos espíritus.

Bajo el templo, el 'Base Polygon' dividirá la experiencia en tres salas que exploran distintas facetas de la poesía. En la primera, Quinton combina grabaciones de Malta y Corea para crear un paisaje sonoro que cambia a medida que los visitantes se mueven por el espacio.

Mientras Vinet y Alekksandra explican el templo, Quinton reproduce una música inquietantemente bella creada a partir de datos, nada menos. Gracias a su formación en ciencias exosolares, convierte datos recogidos en el espacio en sonido y hace audibles patrones invisibles para el ojo humano.

"Siempre buscamos el principio y el final, pero no escuchamos lo que ocurre entre medias", afirma Quinton. "Se trata de potenciar ese momento presente".

La escena creativa de Malta vive su propio momento intermedio. Todavía no ha superado las limitaciones con las que se han topado los artistas, pero tampoco está ya encorsetada por ellas.

"Es muy activa", explica Alekksandra, que señala la Bienal de Malta, que celebró su segunda edición esta primavera, como prueba de la rapidez con la que está cambiando el panorama. "La gente se las arregla con lo que tiene, seguimos haciendo cosas y seguimos creciendo".

Lo ha visto en primera persona. Los eventos de Ponks empezaron con poco más que un micrófono y un cartel, ahora más de 100 personas acuden con regularidad para escuchar y compartir sus obras.

"Nosotros solo ofrecimos el espacio y ese vacío se llenó", cuenta.

Malta viaja a Gwangju

La Bienal de Gwangju ofrece a algunas de las prácticas desarrolladas en Malta un escenario muy distinto. Para Alekksandra, el vínculo es especialmente fuerte porque Gwangju tiene su propia historia de escritores que utilizan el arte para responder a las convulsiones políticas.

"Gwangju es conocida como la ciudad de la resistencia, y ¿quién está a la vanguardia de la resistencia? Son los escritores, son los poetas", afirma. "Son quienes dan a la gente el valor para seguir [luchando] e inmortalizar lo que ocurre".

Alekksandra sabe lo que significa aferrarse a la poesía tras un trauma. Tras el asesinato en 2017 de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, afirma que la poesía le dio una forma de expresar emociones que no podían traducirse fácilmente en palabras corrientes.

Mientras contactaba con artistas para la exposición, pidió a un poeta coreano de más edad que le leyera su obra. "No entendía ni una palabra, pero empecé a llorar", recuerda.

"Subestimamos hasta qué punto podemos comunicarnos más allá del lenguaje".

Es una verdad que Vinet y Alekksandra dicen haber encontrado a menudo en Malta.

"Malta ya es un lugar intermedio", señala Vinet. Luego se asoma por la ventana del estudio. "Para unas pocas rocas en medio del mar, tiene una diversidad increíble, y eso es una fuerza".

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