El pabellón de Qatar en la Bienal de Venecia explora temas como la identidad, la hospitalidad y el intercambio cultural del mundo árabe y sus diásporas. La artista kuwaití-puertorriqueña Alia Farid se inspira en los recipientes tradicionales del Golfo para ofrecer agua a los viajeros del desierto.
Nada más entrar en la exposición de Qatar en la Bienal de Venecia, se alza un enorme recipiente escultórico para agua que se impone sobre los visitantes a su llegada.
La obra, titulada 'Jerrican', es una creación de la artista kuwaití-puertorriqueña Alia Farid y se inspira en los recipientes tradicionales del Golfo que se utilizaban para ofrecer agua a los viajeros que cruzaban el desierto. Para Farid, la pieza va mucho más allá del objeto en sí.
"Pienso en cómo la modernidad reconfigura de algún modo la comunidad y el ritual", explica. "La obra que presento está relacionada con una tradición del Golfo ligada a ofrecer agua a los viajeros en el desierto".
La exposición temporal da vida al futuro emplazamiento del pabellón permanente de Qatar en los Giardini y reúne a artistas, músicos y cocineros de todo el mundo árabe y sus diásporas. En el interior, los visitantes se mueven entre actuaciones, proyecciones de cine y cocinas que sirven platos inspirados en sabores de todo Oriente Medio.
La historia contada a través de la gastronomía
El chef palestino Fadi Kattan ha comisariado el programa culinario de la exposición y ha reunido a cocineros de Qatar, Baréin, Emiratos Árabes Unidos y otros países. Para él, la propia Venecia tiene un peso histórico especial.
"Entre los siglos XIII y XV, todas las especias que llegaban a Europa lo hacían a través del mundo árabe y entraban por Venecia", recuerda Kattan. "Así que es como decir, mil años después: Hola, seguimos aquí". Incluso las bebidas que se sirven en el pabellón reflejan esas capas de intercambio cultural.
"Con la bebida que ha desarrollado el equipo, lleva zumaque, zaatar, fenogreco, mahlab", explica Kattan. "Básicamente, cada país de la región ha contribuido de algún modo a una parte de ella. Esa es la fuerza del arte, de la gastronomía y de la cultura". La chef qatarí Noof Al Marri asegura que la comida se convierte en una forma de compartir historias entre culturas y generaciones. "Podemos sentar a todas las personas en una misma mesa y compartir, y todos se sienten felices", afirma. "Compartir la historia".
Un espacio pensado para el encuentro
Aquí se invita a los visitantes a sentarse, comer, escuchar música y pasar tiempo en el espacio, en lugar de limitarse a atravesarlo. "La gente habla, toma zumos, come, escucha música, ve una película y se queda aquí", explica la comisaria adjunta Ruba Katrib.
"Así que, en realidad, se trata de un espacio de reunión, un lugar para estar juntos". Esa atmósfera cambiante es precisamente lo que buscaban crear los organizadores. Más que una exposición estática, el pabellón cambia constantemente a través del sonido, el movimiento y la interacción, moldeado tanto por quienes lo visitan como por las propias obras.