Steven Spielberg vuelve a su pasión por los visitantes interestelares, con una conspiración gubernamental a punto de estallar. Reseña sin spoilers.
¡Que publiquen los archivos!
Esto ya dura demasiado, y ya va siendo hora de que los poderosos rindan cuentas por sus mentiras. La conspiración debe quedar al descubierto, y la verdad tiene que llegar a la gente.
Puede que el Gobierno de Donald Trump haya desclasificado hace tres semanas más de 160 expedientes de los archivos militares relacionados con ovnis (o UAP, "fenómenos anómalos no identificados"), pero sacar a modo de distracción unos cuantos vídeos de vigilancia borrosos no es lo que exige la ciudadanía. Por mucho que se intente enterrarla, la verdad sigue ahí fuera, y la búsqueda de Fox Mulder sigue siendo hoy en día sorprendentemente premonitoria.
Perdón, ¿en qué archivos estabas pensando?
Por muy decepcionante que haya sido la reciente lluvia de documentos estadounidenses, lo cierto es que ha coincidido de forma muy oportuna con el ruido de marketing en torno a la nueva película de Steven Spielberg, en la que el director vuelve a su vieja pasión por las visitas interestelares. El bombo alrededor de Disclosure Day llevó incluso a algunos fans entusiastas a especular con que podría tratarse de una secuela encubierta del clásico de 1977 del director, Close Encounters Of The Third Kind.
Aviso de spoiler, no lo es, pero sí comparten bastante ADN.
Conocemos a Daniel Kellner (Josh O'Connor), un especialista rebelde en ciberseguridad de la más que dudosa corporación Wardex. Tiene en su poder material muy delicado, 107 discos duros que contienen el archivo completo de las grabaciones estadounidenses de encuentros con alienígenas, desde el incidente de Roswell en 1947 en adelante. También ha robado una pieza de tecnología extraterrestre que su pérfido jefe, Noah Scanlon (Colin Firth), quiere recuperar a toda costa.
Scanlon ha tomado como rehén a la novia del aspirante a denunciante, Jane (Eve Hewson), y quiere saber quién más en Wardex le ha traicionado. El colega de Daniel, Hugo Wakefield (Coleman Domingo), es uno de ellos, ya que él también cree que ha llegado el momento de que el mundo conozca la verdad.
Al mismo tiempo, la animada presentadora del tiempo en televisión Margaret Fairchild (Emily Blunt) empieza a experimentar una especie de transformación. Todo comienza cuando un cardenal rojo entra volando en su cocina y, de repente, puede comunicarse en todos los idiomas. Incluso empieza a juguetear con la telepatía. Cuando sale en directo, sufre un ataque y empieza a hablar emitiendo una serie de extraños chasquidos, como si la habitara una entidad ajena.
Los destinos de Daniel y Margaret están destinados a cruzarse, todo ello sobre el telón de fondo de una guerra inminente, con Estados Unidos y Rusia al borde de lanzarse bombas nucleares hasta arrasarlo todo.
¿Puede una prueba irrefutable de la existencia de vida extraterrestre unir al mundo y recordarle a la humanidad su compasión? ¿O acabará desmintiendo la existencia de Dios y desestabilizando aún más a los gobiernos, hasta el punto de que tal vez haya llegado la hora de poner a sonar 'We'll Meet Again' de Vera Lynn?
Hay mucho que admirar en que Spielberg se lance de lleno a Expediente X en 2026. ¿Una conspiración gubernamental a punto de quedar al descubierto gracias a un grupo de inadaptados buscadores de la verdad que aún creen que la gente aceptará un informativo en una cadena de televisión local y no lo despachará como basura generada por IA o como fake news? Ojalá.
El problema es que el farragoso guion de David Koepp arruina en buena medida la propuesta.
Su libreto incluye momentos que, de forma estimulante, se acercan a algo muy deudor de 'Fringe', a su vez heredera de la serie de culto de Chris Carter. Sin embargo, y sin entrar en territorio de spoilers, también acumula diálogos torpes, más agujeros de guion y desconexiones con el presente de los que se pueden tapar agitando un artefacto alienígena, y momentos excesivamente literales que harán que cualquier espectador con dos dedos de frente tenga ganas de gritar: "Ya lo hemos entendido, por el amor al escepticismo de Dana Scully, seguid adelante".
Cuanto menos se diga sobre la decepcionante estética alienígena estereotipada (que no subvierte ninguna expectativa), así como sobre unos animales generados por ordenador realmente espantosos, mejor.
El brillante trabajo de Josh O'Connor, Colin Firth (que interpreta una versión canosa del Fumador de 'Expediente X') y una Emily Blunt que roba cada escena mantiene la película a flote, y la sinceridad casi infantil de Spielberg consigue abrirse paso. Con la voluntad de abordar si la humanidad es capaz de aceptar una revelación que pondría en cuestión desde la fe hasta la ciencia y el propio sentido de nuestra especie, el director firma una poderosa y oportuna defensa de la comunicación y la empatía, que según descubrimos los extraterrestres consideran la "ventaja evolutiva" de la raza humana.
Si añadimos algunas charlas sobre la ética del secreto, una monja socarrona (Elizabeth Marvel) y una espectacular secuencia de acción con un choque de trenes, el resultado es un blockbuster entretenido y en líneas generales estimulante.
Aunque no cabe duda de que Spielberg lleva el corazón en el sitio adecuado, es decir, a flor de piel, el director, de 79 años, sí lastra su montaña rusa con buenas dosis de sentimentalismo empalagoso. No debería sorprender demasiado, viendo algunos de sus trabajos anteriores, pero cuando el sentimentalismo deriva en tópicos, la implicación emocional y la paciencia del espectador se resienten.
Quienes entren por completo en 'Disclosure Day' aplaudirán su optimismo sin complejos y lo encontrarán refrescante en tiempos convulsos y cínicos.
Para otros más dubitativos, que no pasen por alto ciertos tropiezos del guion, las revelaciones de la película no provocarán asombro; eso sí, harán que el público suelte más de una carcajada.
En especial, el alargado desenlace, que debería haber terminado 15 minutos antes, resultará ridículamente cutre a escala intergaláctica. Y no porque la película gire en torno a la existencia de extraterrestres, sino porque Spielberg y Koepp no parecen haber aprendido nada del muy denostado final de 'Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal' y optan por redoblar la apuesta de la peor manera posible.
Con todos sus defectos, Disclosure Day se atreve con apuestas muy arriesgadas. Al final no consigue provocar el mismo pasmo asombrado que algunas de las incursiones previas de Spielberg en la ciencia ficción, pero el impulso narrativo la mantiene en pie. Y, a la postre, incluso dos buenos tercios de una aventura de Spielberg garantizan una visita satisfactoria a la sala de cine. Uno solo desearía que los misterios de Disclosure Day tuvieran una resolución más lograda y que su mensaje de esperanza encontrara una despedida menos anticlimática.
La verdad sigue ahí fuera. Que publiquen los archivos.
Todos. Los. Archivos.
Disclosure Day ya se ha estrenado en los cines europeos y llegará a las salas estadounidenses el viernes.