This content is not available in your region

Rapana venosa: de especie invasora a fuente de ingresos en el Mar Negro

euronews_icons_loading
Rapana venosa: de especie invasora a fuente de ingresos en el Mar Negro
Derechos de autor  Denis Loctier, Euronews/European Commission, 2021
Por Denis Loctier
Tamaño de texto Aa Aa

En Krapets, un tranquilo pueblo de la costa búlgara del Mar Negro, la pesca es un trabajo habitual, pero este verano los lugareños pescan con equipos de buceo. Los seguimos en el mar, guiados por Nelko Yordanov. Nelko es buzo y dirige el grupo de acción que ayuda a la pesca local a desarrollarse de forma sostenible, con apoyo de la UE. La pesca determina la economía y la cultura de esta región. En los últimos tiempos, ha sufrido un gran cambio, y no tenemos que ir muy lejos para verlo con nuestros propios ojos.

El fondo marino poco profundo está cubierto de ejemplares de un caracol conocido como rapana venosa. Esta especie originaria del Pacífico occidental invadió el Mar Negro hace unas décadas y explotó en número, devorando moluscos filtradores de agua. Los científicos se alarmaron, pero los pescadores aprovecharon la oportunidad: una corta temporada de capturas puede proporcionarles los ingresos de todo un año.

"El precio que pueden obtener por las capturas de rapana venosa es bastante bueno, alrededor de 50 céntimos de euro por kilo. Y, con buen tiempo, un buceador medio puede recoger entre 500 y 600 kilogramos al día", declara Nelko Yordanov, director del FLAG Shabla-Kavarna-Balchik.

Los caracoles de este tipo se extendieron por todo el Mar Negro, favorecidos por el aumento de las temperaturas, la baja salinidad y la ausencia de depredadores locales. Hoy en día, se han convertido en una de las principales especies comerciales, que se pescan cerca del límite sostenible, no solamente con pequeñas embarcaciones, que representan más del 90 % de la flota pesquera del Mar Negro, sino también con grandes buques, como este arrastrero que captura rapana venosa para una fábrica de procesamiento en Varna.

"El enorme crecimiento de las poblaciones de rapana venosa en el Mar Negro en las últimas décadas dio lugar a un mercado multimillonario de captura y procesamiento. Cada año, Bulgaria y Rumanía, así como otros países ribereños, exportan cientos de toneladas de carne de esta especie, congelada, principalmente a Corea del Sur y Japón", afirma Denis Loctier, periodista de Euronews.

Para garantizar que la futura explotación de esta población compartida siga siendo sostenible, la Organización Regional de Gestión de la Pesca, CGPM, puso en marcha un innovador estudio internacional de las poblaciones de rapana venosa del Mar Negro.

"Por un lado, es una especie invasora, pero por otro, es un recurso económico. Por eso creemos que debe ser gestionada conjuntamente por la Comisión General de Pesca del Mediterráneo y por los países del Mar Negro, sobre la base de un enfoque holístico", explica Elitsa Petrova, directora del Instituto de Recursos Pesqueros de Varna.

El proyecto BlackSea4Fish, financiado por la UE, coordina el estudio que realizan científicos de Bulgaria, Rumanía, Turquía, Georgia, Rusia y Ucrania.

"Con este estudio, por primera vez en la historia de la investigación pesquera en el Mar Negro, seis socios de los países ribereños utilizaron el mismo arte de pesca tipificado, lo emplearon al mismo tiempo durante el mismo período, recogieron las muestras de la misma manera, las procesaron de igual modo y analizaron y produjeron los datos de la misma forma. Así que, ahora sabemos de dónde vienen los datos, cómo se ha distribuido la rapana, y dónde están los ejemplares adultos y los más jóvenes", señala Hüseyin Ozbilgin, coordinador del proyecto BlackSea4Fish.

Una gestión de las poblaciones basada en la ciencia debería ayudar a mantener las poblaciones de este gasterópodo, protegiendo los puestos de trabajo en la pesca y la transformación. Esta fábrica de Varna, una de las que hay en Bulgaria, produce carne de rapana congelada, principalmente para los mercados asiáticos. Emplea a unos 130 trabajadores, en su mayoría mujeres.

"La mayoría de nuestros empleados trabaja en la transformación, donde la labor es exclusivamente manual; se trata de personas con un bajo nivel educativo que se ganan la vida con sus propias manos, y aquí, les va bastante bien", Lyubov Georgieva, propietaria y directora general de Electa.

La llamada ‘economía azul’ del Mar Negro se enfrenta a muchos desafíos, como el escaso número de poblaciones comerciales, un entorno y una climatología que resultan complicados y capturas ilegales y excesivas. Pero la Organización Regional de la Pesca, CGPM, ve una oportunidad para fomentar el crecimiento económico sostenible de los cultivos marinos.

"La industria de la acuicultura fue abordada con un poco de escepticismo en el pasado, pero ahora ya hay dos centros de desarrollo de acuicultura establecidos en torno al Mar Negro: uno en Rumanía y otro en Turquía. Y habrá un tercero, próximamente, en Bulgaria. Podrían dar la oportunidad a los pescadores de diversificar sus actividades y aumentar sus negocios", declara Konstantin Petrov, coordinador subregional de la CGPM para el Mar Negro.

La vecina Rumanía conoce bien la piscicultura, pero el cultivo de mejillones en el mar se ha enfrentado hasta ahora a muchas barreras, desde una regulación inadecuada hasta la falta de conocimientos. Eso está cambiando con el trabajo del Centro de Desarrollo de Acuicultura de Constanza.

"Desde 2020, las aguas rumanas del Mar Negro están clasificadas microbiológicamente. Intentamos tender un puente entre las autoridades, los inversores y los científicos: trabajar juntos, estar en la misma línea, porque la seguridad pública es una cuestión muy importante", afirma Victor Niţă, director ejecutivo del Centro de Desarrollo de Acuicultura de Constanza.

Una vez confirmado que las aguas rumanas cumplen las normas de acuicultura de la UE, el centro asesora y forma a los empresarios que quieren iniciar su negocio de marisqueo. Hay muchas cosas que aprender, como la forma en que los mejillones deben ser analizados para detectar bacterias patógenas.

"Es muy importante que los acuicultores sean conscientes de la importancia de estos análisis: los mejillones destinados al consumo deben ser debidamente controlados y revisados regularmente en un laboratorio", explica Aurelia Țoțoiu, patóloga e investigadora en Ecología y Biología Marina del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Marino (NIMRD).

El pescador local Matei Datcu nos lleva al emplazamiento de su nuevo criadero de mejillones, cerca de un punto turístico donde tiene una marisquería. Matei espera que, con el apoyo del Centro de Desarrollo de Acuicultura, los cultivos marinos le ayuden a diversificar su negocio: en pocos meses, estas cuerdas estarán cubiertas de mejillones listos para ser recogidos.

"Lo hago a pequeña escala, solamente para abastecer mi propio restaurante, en principio. Si en el futuro lo desarrollo más, podré vender los mejillones en otros lugares", señala Matei Datcu, pescador y cultivador de mejillones.

Decenas de empresas del otro lado de la frontera, en Bulgaria, defienden la acuicultura en el Mar Negro. Los mejillones de autocultivo son la especialidad de Dalboka, un restaurante costero creado por uno de los pioneros de la acuicultura marina búlgara, Veselin Prokopiev.

"Aquí tenemos mejillones con verduras, mejillones rellenos de arroz, mejillones con salsa picante, con migas de ajo, con queso blanco y setas... Y otros platos únicos son estos dos originales postres: mejillones con relleno de manzana, y con relleno de calabaza", declara Veselin Prokopiev, propietario del criadero de mejillones y restaurante Dalboka.

Muchos de quienes viven a orillas del Mar Negro no están acostumbrados a comer marisco, pero su popularidad va en aumento. En un año y medio, solamente este restaurante sirve 650 toneladas de mejillones, todos ellos procedentes del criadero situado a unos pocos cientos de metros.

"En el pasado, Bulgaria rara vez consideraba el Mar Negro como una fuente de alimentación, pero ahora puedo decir con firmeza que el interés del público por el marisco es enorme", añade Veselin Prokopiev.

Las nuevas industrias de productos del mar que se están desarrollando en torno a los caracoles y la acuicultura marinos pueden promover el uso sostenible de los recursos del Mar Negro y dar un impulso muy necesario a las economías costeras.