Chamonix y Oslo figuran entre las sedes potenciales consideradas de riesgo para albergar futuros Juegos Olímpicos.
La esquiadora belga Maya Cloetens no puede evitar pensar en el futuro de los deportes de invierno mientras se prepara para los Juegos Olímpicos del mes que viene en Milán y Cortina, Italia. Las evidencias del cambio climático la rodean en las montañas sobre Grenoble, Francia, donde, con 24 años, se enamoró del biatlón, una disciplina que combina esquí de fondo y tiro.
Grenoble acogió los Juegos Olímpicos de Invierno de 1968, pero sus inviernos hoy son más cortos y templados, con nevadas intensas menos constantes. Cuando los Juegos regresen a los Alpes franceses en 2030, Grenoble no será el epicentro.
"Crecí allí y veo de verdad la diferencia en la nieve", dice Cloetens. "En 15 años ha cambiado por completo". Con la Tierra calentándose a un ritmo récord, la lista de lugares capaces de albergar con fiabilidad unos Juegos de Invierno se reducirá sustancialmente en los próximos años, según los investigadores.
La situación es lo bastante grave como para que el Comité Olímpico Internacional (COI) esté barajando rotar los Juegos entre un conjunto permanente de sedes adecuadas y celebrarlos antes en la temporada, ya que marzo es ya demasiado cálido para los Juegos Paralímpicos, explica Karl Stoss, que preside la Comisión de Futuros Anfitriones.
Las posibles sedes de los Juegos Olímpicos de Invierno se reducen
De 93 ubicaciones de montaña que actualmente cuentan con la necesaria infraestructura de deportes de invierno para acoger competición de élite, solo 52 tendrían la profundidad de nieve y temperaturas suficientemente frías como para organizar unos Juegos Olímpicos de Invierno en la década de 2050, según una investigación de Daniel Scott, profesor de la Universidad de Waterloo, y Robert Steiger, profesor asociado en la Universidad de Innsbruck, que el COI está utilizando.
La cifra podría bajar hasta 30 en la década de 2080, en función de cuánto se reduzcan las emisiones de dióxido de carbono en el mundo. Además, el COI prioriza ubicaciones con al menos 80% de las infraestructuras ya construidas, lo que reduce aún más el abanico de posibles anfitriones.
La situación es aún más sombría para los Juegos Paralímpicos de Invierno, que suelen celebrarse en los mismos escenarios dos semanas después de concluir los Juegos Olímpicos de Invierno.
Sin embargo, Scott señala que él y Steiger han comprobado que adelantar ambos eventos unas tres semanas casi duplicaría el número de ubicaciones fiables para los Paralímpicos. Su modelización presupone nieve artificial avanzada y concluye que, hacia mediados de siglo, casi no hay lugares que puedan acoger con fiabilidad las pruebas de nieve sin producción artificial.
Grenoble no es la única sede pasada que, según los investigadores, no será "climáticamente fiable" para repetir en la década de 2050. Chamonix, en Francia; Garmisch-Partenkirchen, en Alemania; y Sochi, en Rusia, tampoco superan el corte, mientras que sedes anteriores en Vancouver, en Canadá; Palisades Tahoe, en EE.UU.; Sarajevo, en Bosnia y Herzegovina; y Oslo, en Noruega, serían "climáticamente arriesgadas".
"El cambio climático va a modificar la geografía de dónde podemos celebrar los Juegos Olímpicos y los Paralímpicos de Invierno, no hay duda", afirma Scott. "La única cuestión es, ¿hasta qué punto?"
Por ahora, depender de la nieve artificial
La nieve artificial se utilizó por primera vez en unos Juegos de Invierno en 1980 en Lake Placid, Nueva York. Pekín fue la primera en depender casi por completo de la fabricación de nieve en 2022.
Para estos Juegos, el comité organizador prevé producir cerca de 2,4 millones de metros cúbicos de nieve. En cambio, cuando Cortina acogió los Juegos en 1956 no se empleó nieve artificial, aunque el Ejército italiano transportó nieve en camiones desde las Dolomitas.
La empresa italiana que suministra prácticamente todos los nuevos sistemas de nieve artificial, TechnoAlpin, ha desarrollado tecnología para fabricar nieve con temperaturas muy por encima de cero. La compañía asegura que envió su 'SnowFactory' a Antholz, sede del biatlón, para garantizar suficiente cobertura.
Davide Cerato supervisa las operaciones de nieve artificial en varias sedes olímpicas. Con los sistemas más nuevos, afirma, pueden producir mucha nieve, de forma eficiente, incluso con temperaturas límite para la fabricación, por ahora. "Pero no sé en el futuro", admite.
El norte de Italia es conocido por sus inviernos fríos y nevados. Pero las precipitaciones estacionales de nieve se han reducido considerablemente en toda la región alpina, con los descensos más acusados en los últimos 40 años debido al aumento de las temperaturas.
El climatólogo italiano Luca Mercalli recuerda que hace 50 años miraba los Alpes desde su casa en Turín, Italia, y veía las montañas blancas de nieve desde finales de octubre hasta junio. Ahora, a menudo las ve grises.
La nieve artificial tiene límites
Uno de los mayores expertos en construir pistas de competición de esquí es el ganadero de Wyoming Tom Johnston. Para él, la nieve artificial es preferible a la que aporta la naturaleza, con una salvedad. "Necesito que haga más frío", dice Johnston.
El equipamiento tradicional de nieve artificial requiere temperaturas bajas y poca humedad. Europa es el continente que más rápido se calienta.
Fabricar nieve consume una cantidad enorme de energía y agua. Puede agravar el cambio climático si la electricidad procede de la quema de combustibles fósiles y empeorar los problemas de agua en regiones donde escasea. Para Milán Cortina, el socio eléctrico Enel garantiza electricidad íntegramente renovable y certificada.
El comité organizador calcula necesitar 946 millones de litros de agua, el equivalente a casi 380 piscinas olímpicas, para la producción de nieve. Ha acondicionado nuevos embalses de alta montaña, o lagos, para almacenarla. "Sin agua, no hay Juegos", afirma Carmen de Jong, profesora de hidrología en la Universidad de Estrasburgo.
Planificar el futuro
Eventos como los Juegos Olímpicos atraen participantes y aficionados de todo el mundo y siempre han contribuido al cambio climático. Mucha gente vuela hasta allí, se construyen nuevos recintos y se usa mucha electricidad para alimentarlos, lo que emite grandes cantidades de emisiones de carbono.
Conscientes de ello, el COI exige a las sedes que minimicen su consumo de agua y electricidad y eviten construcciones innecesarias. Podría acabar reduciendo el número de deportes, atletas y espectadores que asisten, señala Stoss, presidente de la Comisión de Futuros Anfitriones. Como organización líder del deporte, sostiene, es responsabilidad del COI mostrar cómo proteger los deportes de invierno a largo plazo.
El COI ha elegido los Alpes franceses para los Juegos de Invierno de 2030 y Salt Lake City, Utah, para 2034. Mantiene conversaciones en exclusiva con Suiza para 2038. A Stoss le gusta Suiza por su infraestructura existente y su excelente transporte público.
La organización sostiene que este es el futuro, elegir países con buenas condiciones y altos estándares de protección del clima. Elogia a Milán-Cortina por usar mayoritariamente sedes existentes y reducir el impacto ambiental de los Juegos.
Diana Bianchedi, responsable de estrategia, planificación y legado del comité organizador, asegura que desde el principio quisieron servir de modelo de futuro más sostenible, tanto para el movimiento olímpico como para una transformación social más amplia. "Este es el punto en el que tenemos que cambiar", afirma.