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Domingo de resurección: 7 casos documentados de resurección o síndrome de Lázaro

Celebración en Semana Santa en Panamá, abril 2026
Celebración en Semana Santa en Panamá, abril 2026 Derechos de autor  Copyright 2026 The Associated Press. All rights reserved
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Por Jesús Maturana
Publicado Ultima actualización
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Cada año se registran en el mundo decenas de casos de personas declaradas muertas que despiertan horas o días después. No son leyendas urbanas. Algunos ocurrieron durante una autopsia, otros, en el velatorio. ¿Y si el primer caso documentado fue Jesucristo?

Durante la Semana Santa, el domingo, el pueblo católico cristiano celebra la resurección de Cristo, que, tras morir en la cruz, volvió a la vida tres días después, así lo recoge la Biblia y los relatos de los apóstoles, sin embargo, muchos son los casos de personas que fueron declaradas muertas y finalmente volvieron a la vida, o nunca la dejaron.

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El caso más documentado en suelo español ocurrió el 7 de enero de 2018 en el Centro Penitenciario de Asturias, en Villabona. Los funcionarios del módulo 8 encontraron al recluso Gonzalo Montoya Jiménez, de 29 años, sin signos vitales a las 21:00. Había tomado un frasco de pastillas en un intento de suicidarse.

El servicio médico de la cárcel lo revisó y lo declaró muerto. Dos veces: lo certificó el facultativo de guardia de la noche y lo ratificó el de la mañana siguiente. Una hora después, un médico forense inspeccionó el cuerpo, coincidió con las primeras evaluaciones y emitió un tercer informe de defunción.

El cuerpo fue trasladado en una bolsa funeraria al Instituto de Medicina Legal de Oviedo. El equipo forense no podía creer lo que estaba sucediendo: el cuerpo estaba en la camilla y ya tenían marcadas las zonas que debían cortar, cuando escucharon ruidos. Eran ronquidos, provenientes del interior de la bolsa.

El forense la abrió y encontró al recluso vivo. Lo primero que el hombre recordaría después era estar dentro de una bolsa negra. Como no podía hablar, comenzó a emitir ruidos. Cuando el médico abrió la cremallera, Montoya sacó los brazos y empezó a gritar.

Las analíticas posteriores detectaron rastros de hachís, barbitúricos, cocaína, heroína y metadona. La causa del estado de muerte aparente fue un coma inducido por la sobredosis. Montoya estuvo ingresado dos semanas en el Hospital Universitario Central de Asturias recuperándose, con secuelas que afectaron especialmente a los riñones. Montoya exigía 50.000 euros por daños y perjuicios, la Justicia archivó la causa al no apreciar negligencia penal.

En Polonia, apenas cuatro años antes, había ocurrido algo parecido con mucho menos dramatismo y mucho más frío. Janina Kolkiewicz, de 91 años, pasó 11 horas en una cámara frigorífica de la morgue después de que su médico de cabecera la declarara muerta en su domicilio.

La sobrina de Kolkiewicz había encontrado a su tía sin pulso y sin respiración, y llamó a la doctora de familia. Tras examinarla, la médico firmó el certificado de defunción y el cuerpo fue llevado a la morgue. Casi 11 horas después, un empleado que abría el congelador para introducir otro cuerpo encontró que la bolsa se movía. Al abrirla, Kolkiewicz estaba despierta. Lo primero que pidió fue una taza de té caliente.

La doctora que había firmado el acta de defunción, con 28 años de experiencia, declaró a la televisión pública polaca que no entendía lo que había pasado. Su corazón había dejado de latir. Ya no respiraba. Todos los signos vitales habían desaparecido. La familia de Kolkiewicz ya había comenzado los preparativos del funeral. Las autoridades tuvieron que anular el certificado de defunción para que la anciana pudiera seguir cobrando su pensión.

El hombre que despertó mientras le hacían la autopsia

En septiembre de 2007, Carlos Camejo tuvo un accidente de tráfico en Venezuela. Los servicios de emergencia lo declararon muerto en el lugar del siniestro y su cuerpo fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Caracas para practicarle la autopsia. El forense hizo la primera incisión. Entonces Camejo empezó a sangrar. Demasiado para ser un cadáver.

El médico comprobó que el hombre tenía pulso. Estaba vivo. Cuando su esposa llegó a identificar el cuerpo, se encontró a su marido sentado, con puntos en la cara producto de los cortes iniciales. El caso fue recogido por la prensa venezolana y confirmado por las autoridades del instituto forense. Camejo explicó más tarde que no recordaba nada de lo ocurrido.

Este tipo de situaciones tiene un nombre clínico: muerte aparente. El cuerpo entra en un estado de actividad tan reducida que los signos vitales resultan imperceptibles con los métodos habituales. El pulso es casi nulo, la respiración inapreciable, la temperatura cae. Para un médico sin los equipos adecuados, el diagnóstico puede ser un error fatal.

Despertó en una bolsa para cadáveres

En febrero de 2014, Walter Williams, un hombre de 78 años de Holmes County, en el estado de Misisipi, fue declarado muerto en su domicilio. El médico forense firmó el certificado de defunción. Horas después, cuando los empleados de la funeraria iban a preparar el cuerpo, notaron movimiento dentro de la bolsa. Williams estaba pateando.

Fue trasladado de urgencia al hospital. Los médicos atribuyeron su recuperación a un marcapasos que retomó su función después de un fallo temporal. Williams vivió varias semanas más antes de fallecer por causas naturales. Su médico forense, Dexter Howard, reconoció ante los medios locales lo sucedido sin mayor explicación técnica.

Un caso similar ocurrió en Sudáfrica en 1993. Sipho William Mdletshe quedó inconsciente tras un accidente de coche. Lo declararon muerto. Permaneció dos días en un contenedor metálico del depósito de cadáveres antes de que los trabajadores escucharan golpes desde dentro. Mdletshe sobrevivió. Según contó, estuvo consciente durante parte del tiempo y gritó sin que nadie le oyera.

Cuando el error ocurre antes de llegar al quirófano de donación

Uno de los casos más perturbadores desde el punto de vista médico tuvo lugar en 2009 en el St. Joseph's Hospital de Syracuse, en Nueva York. Colleen Burns, de 41 años, fue ingresada tras una sobredosis de medicamentos. Los médicos determinaron que había sufrido muerte cerebral y la familia autorizó la donación de órganos.

Cuando el equipo quirúrgico se preparaba para iniciar el procedimiento, Burns abrió los ojos. Estaba mirando al techo del quirófano. El hospital notificó el caso a las autoridades reguladoras del estado, que abrieron una investigación. Se determinó que el personal sanitario había ignorado o malinterpretado varios signos que indicaban actividad cerebral residual. El hospital fue multado. Burns fue dada de alta semanas después.

Este caso puso en evidencia los riesgos del protocolo de diagnóstico de muerte cerebral cuando se aplica con prisas o con personal insuficiente. Los críticos del sistema señalaron que la presión institucional para obtener órganos puede, en casos extremos, comprometer la evaluación.

Qué explica médicamente estos casos y por qué siguen ocurriendo

La medicina tiene un término para englobar estos episodios: síndrome de Lázaro. Se usa, en sentido estricto, para describir la reactivación espontánea de la circulación después de que se hayan detenido las maniobras de resucitación. Pero en un sentido más amplio, se aplica a cualquier situación en que alguien declarado muerto recupera funciones vitales sin intervención médica.

Los factores que lo propician son variados. La hipotermia profunda ralentiza el metabolismo hasta niveles que pueden confundirse con la muerte. Ciertas intoxicaciones, como las producidas por barbitúricos o por algunas plantas, tienen el mismo efecto.

También algunas arritmias severas, que detienen el corazón durante minutos antes de que retome el ritmo por sí solo. El caso de Montoya en Asturias encaja en el primero de estos supuestos; el de Kolkiewicz en Polonia, probablemente también, combinado con su edad avanzada y su deterioro cognitivo previo.

El problema no es exclusivo de países con sistemas sanitarios precarios. Los casos documentados abarcan Venezuela, España, Polonia, Estados Unidos, Sudáfrica, China, Rusia y Egipto, entre otros.

En 2011, en la ciudad rusa de Kazan, Fagilyu Mukhametzyanov despertó durante su propio funeral al oír las oraciones fúnebres. Murió doce minutos después, esta vez de manera definitiva, de un ataque al corazón provocado por el shock.

Los médicos forenses y los anestesistas insisten en que estos casos, aunque excepcionales, son una llamada de atención sobre los límites del diagnóstico clínico. La muerte, en términos biológicos, no es un instante. Es un proceso. Y en ese proceso, a veces, algo se revierte.

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