Tras la contundente derrota de Alemania en la carrera por un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, algo ha quedado claro, el país está en la UCI. Artículo de opinión del director editorial de 'Euronews', Claus Strunz.
Tras 16 años de Angela Merkel, marcados por graves errores de rumbo en la política energética, económica y migratoria, seguidos de tres años desastrosos de una coalición disfuncional bajo Olaf Scholz, el Gobierno de Friedrich Merz deriva ahora hacia un punto mínimo histórico.
Los alemanes quizá aún encuentren maneras de justificar que la comunidad internacional haya depositado más confianza en países mucho más pequeños como Portugal y Austria que en Alemania, la principal potencia de Europa. Portugal cuenta con muchos amigos en todo el mundo, goza de un importante prestigio en África y el secretario general de la ONU es portugués. Pero el hecho de que la vecina Austria haya recibido claramente más votos es a la vez una humillación y una señal de alarma.
Alemania ha perdido evidentemente confianza y ha dilapidado su credibilidad. Políticamente, ya no se la toma en serio. Económicamente, cada vez se la ve más como una potencia en declive. Los elogios se limitan en gran medida a sus logros del pasado, mientras que "Made in Germany" se asocia cada vez más a altos costes e ineficiencia. Alemania se ha convertido en una residencia de ancianos y en un museo de un mundo que ya no existe. Sin embargo, debería ser el motor que impulsara el futuro de Europa.
Si Alemania no se recupera, la propia UE estará en peligro
¿Es eso justo?
Como alemán y europeo orgulloso, me cuesta escribir la siguiente frase, sí, es justo. Peor aún, Alemania se ha buscado esta situación.
Durante demasiado tiempo, la política se ha dejado arrastrar por proyectos ideológicos que eran hostiles a la prosperidad futura o simplemente irrelevantes. En muchos casos, los conservadores se transformaron en progresistas y con ello se volvieron políticamente prescindibles.
En Europa ya hay suficientes partidos de izquierdas. Como consecuencia, se ha perdido el equilibrio esencial entre pragmatismo y ambición, entre conservar y reformar, cualidades que antes se encontraban en todo el espectro político.
Hoy lo que está en juego va mucho más allá de la próxima votación parlamentaria, de las subidas de sueldo de los políticos, de la prohibición de los motores de combustión o de los debates sobre la identidad de género. A día de hoy, el futuro de Alemania es inseparable del futuro de Europa.
Si Alemania no logra levantarse, la propia Unión Europea estará en peligro. No es casual que en Bruselas se escuche a menudo, a veces en tono de broma, a veces con preocupación sincera, que la UE existe mientras Alemania pague.
Ha llegado por tanto el momento de un giro decidido.
Los valores solo influyen si están respaldados por el poder
En un mundo de competencia creciente importan la fortaleza económica, la soberanía tecnológica y la eficacia política. Los valores siguen siendo importantes, pero solo tienen influencia cuando se respaldan con poder. El combustible de este giro es sencillo, pragmatismo en lugar de ideología.
Eso no se logrará con discursos ni con llamamientos morales, uno de los hábitos menos atractivos de la Europa occidental. El liderazgo nace de la fuerza económica, la credibilidad política y la capacidad para resolver problemas.
Hay cuatro ámbitos especialmente importantes para esta misión de reinvención.
En primer lugar, Alemania debe recuperar su competitividad económica. Los altos costes de la energía, la excesiva burocracia, la lenta digitalización y la falta de inversión han debilitado a la mayor economía de Europa.
Una Europa fuerte necesita una Alemania fuerte.
La paz y la estabilidad ya no están garantizadas
En segundo lugar, Alemania debe reconstruir sus capacidades de defensa y asumir una mayor responsabilidad en la seguridad de Europa. Las realidades geopolíticas han cambiado. La paz y la estabilidad ya no pueden darse por sentadas. Europa necesita una disuasión creíble y capacidad de actuación estratégica.
Es discutible si es prudente fijarse como objetivo que las Fuerzas Armadas alemanas, la Bundeswehr, se conviertan en "el ejército convencional más fuerte de Europa" en 2039, exactamente 100 años después de la invasión de Polonia por la Alemania nazi. Pero al menos eso se parece a un plan.
La migración debe gestionarse de forma más eficaz
En tercer lugar, Alemania debe gestionar la migración de forma más eficaz. Humanidad y orden no son contradictorios. Un país que no protege sus fronteras, apenas expulsa a migrantes en situación irregular y pierde el control sobre la inmigración irregular no será tomado en serio. Fronteras seguras, sistemas de asilo que funcionen e integración con éxito son requisitos previos para la cohesión social y la confianza en el Estado de derecho democrático.
En cuarto lugar, Alemania debe volver a convertirse en un centro de innovación. La inteligencia artificial, las infraestructuras digitales, la industria avanzada, la investigación científica y las nuevas tecnologías energéticas determinarán la prosperidad de las generaciones futuras.
Europa no puede seguir quedándose atrás de Estados Unidos y China. Un país que antaño destacó en educación e inventiva pero que ya no alberga ninguna universidad de referencia mundial, ha caído en las clasificaciones internacionales de educación, obtiene pocos grandes premios científicos, ya no marca estándares globales, carga la investigación con demasiada regulación, sobrerregula la IA, abandona la investigación nuclear, se aleja de la innovación en motores de combustión y rechaza los avances en genética tendrá dificultades para competir con los países más innovadores del mundo.
Europa necesita una Alemania fuerte y fiable
Conviene aclararlo, esto no es un alegato en favor de la dominación alemana.
Lo que Europa necesita es una Alemania fiable, fuerte y con capacidad de actuación. Un socio para la paz y la prosperidad. Si Alemania se renueva, podrá volver a dar impulso a Europa. Si fracasa, será mucho más difícil para todo el continente preservar su prosperidad, su seguridad y su influencia.
La buena noticia es que nunca es demasiado tarde, solo hay que empezar.
En 1648 se firmó la Paz de Westfalia, que puso fin a la Guerra de los Treinta Años, que había devastado, y en muchas regiones de Europa central incluso despoblado, sobre todo Alemania. Ese tratado puso fin a la guerra mediante un congreso de paz paneuropeo y se convirtió en el punto de partida de la diplomacia europea moderna.
En 1945, Alemania y Europa yacían en ruinas. Lo que siguió fue la reconstrucción, la reconciliación y la creación de la cooperación europea. Surgieron prosperidad y progreso.
En 1990 terminó la Guerra Fría. Llegó la reunificación alemana, desapareció el Telón de Acero que dividía Europa y para la mayoría de los europeos eso volvió a significar democratización, reconstrucción y el desarrollo ulterior de Europa en beneficio de todos.
Ahora debe producirse un nuevo comienzo para Alemania y Europa. No mañana, ahora.
Hay dos caminos para salir de la unidad de cuidados intensivos, uno conduce de nuevo a la vida, el otro al hospicio (cuidados paliativos).
El canciller Merz influirá de forma decisiva en la dirección que tomen Alemania y Europa. Puede quedar en los libros de historia como el médico que salvó al paciente o como el enterrador.