La Agencia Española de Medicamentos concluye, tras analizar 64 revisiones científicas, que la homeopatía no supera al placebo en ninguna patología. El informe advierte de que sustituir tratamientos probados por estos productos puede poner en peligro la vida de los pacientes.
El 21 de abril, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) publicó el informe técnico que llevaba años en preparación. El texto es directo: "No existe evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como un instrumento terapéutico eficaz".
La conclusión (PDF) se sostiene sobre una revisión sistemática de 64 compilaciones de literatura científica publicadas desde 2009, seleccionadas de una búsqueda inicial de más de 600 estudios en las bases de datos Medline y EMBASE.
El patrón que emerge es consistente y tiene una lógica particular. La mayoría de los estudios que encuentran algún beneficio en la homeopatía comparten los mismos defectos: muestras pequeñas, periodos de seguimiento demasiado cortos y problemas en la aleatorización.
Cuando los ensayos mejoran en rigor metodológico, el efecto observado no se reduce: desaparece. El informe recoge este hallazgo de forma explícita y lo señala como uno de los patrones más reveladores del conjunto de la evidencia. El documento analiza las posibles explicaciones de por qué tanta gente siente que le funciona. Cuatro razones principales:
- La primera es la regresión a la media: muchas enfermedades oscilan de forma natural y mejoran solas en los momentos de mayor intensidad, que son precisamente cuando el paciente suele buscar ayuda.
- La segunda es el efecto placebo, bien documentado en investigación clínica.
- La tercera es el efecto Hawthorne: el entorno más personal y menos tecnificado de la consulta homeopática puede generar una percepción positiva independiente del tratamiento.
- La cuarta es la detección de falsos positivos, especialmente frecuente en patologías crónicas con evolución variable.
¿Por qué un "sobre de azúcar en el Mediterráneo"?
Los principios de la homeopatía fueron formulados por el médico alemán Samuel Hahnemann a finales del siglo XVIII. Su práctica se basa en diluciones extremas de sustancias activas y en la idea de que lo semejante cura lo semejante. Ninguno de estos principios ha sido demostrado.
El problema de fondo es matemático. En una dilución de 12 CH, estándar habitual en estos preparados, se mezcla la sustancia original con el disolvente en proporción 1/100, y se repite el proceso doce veces. Siguiendo el número de Avogadro, a esa concentración es imposible que quede una sola molécula del ingrediente original.
El informe lo ilustra con un caso concreto: una dilución de solo 6 CH, mucho menos extrema, equivale a disolver 10 gramos de atropina, lo que cabe en un sobre de azúcar, en toda el agua del mar Mediterráneo.
Ante esta realidad, los defensores de la homeopatía han recurrido a la "memoria del agua": la idea de que el líquido retiene propiedades de sustancias que ya no están en él. La AEMPS descarta esta teoría sin ambages.
Señala que existen métodos analíticos capaces de detectar y caracterizar nanopartículas, pero que nunca se han identificado las nanopartículas homeopáticas con las características que les atribuyen sus defensores.
Un dato que el informe menciona como curiosidad reveladora: no existen preparados homeopáticos para cuadros agudos graves como el dolor intenso, la sepsis o la anestesia quirúrgica, ni para condiciones con respuesta objetivable fácil de medir, como la anticoncepción. Los remedios se concentran en enfermedades leves autolimitadas o crónicas recurrentes, donde la mejora espontánea es frecuente.
Sin indicación terapéutica: el encaje legal en España
A fecha de publicación del informe, ningún producto homeopático tiene indicación terapéutica autorizada en España. Los 976 que permanecen registrados lo están a través de un procedimiento simplificado que no exige pruebas de eficacia y que, precisamente por eso, les prohíbe por ley atribuirse cualquier efecto curativo en el etiquetado.
Es una situación peculiar: productos que no pueden decir para qué sirven, vendidos en farmacias, con una industria que mueve decenas de millones de euros al año. La legislación europea, marcada históricamente por la presión del sector, ha permitido este encaje desde que la directiva de 2001 eximió a los productos homeopáticos de demostrar su eficacia siempre que no reivindicaran una indicación terapéutica.
España intentó cambiar esto. La AEMPS negoció en los foros de reforma farmacéutica de la UE para que la homeopatía dejara de clasificarse como medicamento. Según el propio informe, el respaldo internacional fue "mínimo".
La tendencia en otros países lleva años apuntando en la misma dirección. El Comité de Ciencia y Tecnología del Parlamento británico retiró la financiación pública y recomendó advertencias explícitas en el etiquetado.
Australia concluyó en 2015 que no debía usarse para enfermedades graves o crónicas. Francia eliminó el reembolso público en 2021 tras una evaluación de la Haute Autorité de Santé que no encontró eficacia suficiente. Alemania tiene previsto que la Comisión de Finanzas Sanitarias apruebe en 2026 la supresión de la cobertura del seguro médico legal. Estados Unidos trata estos productos como medicamentos no aprobados y exige advertencias sobre la ausencia de pruebas científicas.
El riesgo real no es el azúcar, sino lo que se deja de tomar
El informe de la AEMPS dedica un apartado específico a la seguridad, y la conclusión matiza la percepción popular de inocuidad. Existe la creencia extendida de que estos productos, por ser "naturales" y estar tan diluidos, no pueden hacer daño. La realidad es más compleja.
Se han notificado reacciones adversas directas. Una revisión retrospectiva en Israel documentó once ingresos hospitalarios graves en lactantes vinculados a un preparado homeopático para el cólico.
La FDA investigó más de 400 efectos adversos en bebés y niños asociados a productos para la dentición con belladona, diez de los cuales acabaron en fallecimiento. La investigación reveló que los productos contenían cantidades de belladona muy superiores a las declaradas: la dilución no garantiza la ausencia de principio activo cuando el proceso de fabricación falla.
Pero el riesgo principal, el que el informe señala como prioritario, no viene de los efectos directos. Viene de lo que el paciente deja de tomar. Quien opta por la homeopatía para tratar una enfermedad grave o crónica puede retrasar o interrumpir terapias con eficacia demostrada.
En determinados cuadros clínicos, oncológicos entre otros, ese retraso tiene consecuencias que no se pueden revertir. El documento concluye con una advertencia directa a los ciudadanos: quienes usan homeopatía deben saber que esta carece de evidencia científica y que pueden estar poniendo en riesgo su salud si rechazan o sustituyen los tratamientos que la medicina basada en la evidencia les propone.