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Amagos de democracia en Bielorrusia para marcar distancias con Moscú

Amagos de democracia en Bielorrusia para marcar distancias con Moscú
Derechos de autor 
Por Valérie Gauriat
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Insiders nos acerca a la compleja realidad bielorrusa, donde la represión contra los opositores al régimen autocrático de Alexander Lukashenko se combina con tímidos gestos cuasi-democráticos. La anexión de Crimea por parte de Rusia podría haber encendido las alarmas en Minsk

Está en Europa, comparte frontera con tres Estados Miembros pero no forma parte de la Unión Europea (UE).

Últimamente, este antiguo satélite ruso ha mostrado signos de querer acercarse a la UE. Bielorrusia empezó a mantener las distancias con Moscú después de la anexión de Crimea en 2014. El país también está intentando suavizar su posición política.

Este año ha permitido a los ciudadanos celebrar oficialmente por primera vez el Día de la Libertad.

El Gobierno también descartó una polémica ley, al estilo soviético, que obligaba a los desempleados a pagar, la llamada "ley de los parásitos", después de que los manifestantes tomaran las calles.

Anteriormente, Bielorrusia también había puesto en libertad a presos políticos, lo que llevó a la Unión Europea a levantar la mayor parte de sus sanciones en 2016.

Pero Minsk mantiene aún un estricto control de sus oponentes políticos, severas restricciones a la libertad de prensa y es el último país de Europa que conserva la pena de muerte.

Las relaciones con Rusia, aunque no tan estrechas como antes, son todavía fuertes.

Entonces, ¿Bielorrusia mira al este o al oeste? ¿Está realizando una lenta transición hacia la democracia o mantiene sus maneras autocráticas con puño de hierro después de 24 años en el poder del presidente Alexander Lukashenko?

Nuestra reportera Valerie Gauriat ha tenido un inusitado acceso a oponentes políticos, activistas de Derechos Humanos y voces oficiales de Bielorrusia.

Entre ellos, al líder opositor Mikalai Statkevich, que denuncia la asfixia a la que les somete el régimen; Tatsia, una maestra que cuenta cómo les obligan a comprar los periódicos oficialistas, que aprovecha para encender su chimenea, o Pavel Belavus, un ferviente defensor de la Bielorrusia presoviética, hasta ahora también reprimida por Lukashenko.

Para Gauriat, las promesas de cambio parecen reales, pero, en cualquier caso, se trataría de un cambio muy lento, como le ha comentado el propio ministro de Asuntos Exteriores Vladimir Makei. La amenaza rusa para Valérie no se refiere tanto a una posible anexión, como en el caso de Crimea, sino a una total conquista sociocultural. Medios rusos habrían destacado últimamente la inutilidad de la lengua bielorrusa frente a la rusa, también oficial en ese país.

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