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Análisis | La decisión del Consejo Europeo sobre Ucrania y Moldavia

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Por Méabh Mc Mahon  & Euronews en español
Unos manifestantes sostienen pancartas y banderas de la UE y de Ucrania durante una manifestación de apoyo a este país a las puertas de una cumbre en Bruselas
Unos manifestantes sostienen pancartas y banderas de la UE y de Ucrania durante una manifestación de apoyo a este país a las puertas de una cumbre en Bruselas   -   Derechos de autor  AP Photo/Olivier Matthys

La corresponsal de Euronews, Méabh Mc Mahon, escribe sobre la decisión del Consejo Europeo de otorgar el estatus de candidatos a Ucrania y Moldavia y el camino que queda por delante.

"Son de los nuestros y los queremos dentro". Así de clara y contundente se mostraba Ursula von der Leyen el pasado 27 de febrero, apenas tres días después de que Rusia invadiera Ucrania cambiando la realidad de Europea y del mundo tal y como la conocíamos. 

Aquel día era domingo, el sol se ponía y la presidenta de la Comisión Europea se mostraba tranquila y serena en la decimotercera planta del edificio Berlaymont de Bruselas. Von der Leyen estaba ya no obstante en 'modo crisis', tras haber anunciado una serie de sanciones con las que intentar detener la recién iniciada guerra en Ucrania.

En el exterior del edificio, cientos de ucranianos esperaban respuestas desde su despacho, con carteles contra Rusia y coreando eslóganes proeuropeos.

Ese mismo lunes, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski había firmado oficialmente la solicitud de adhesión a la Unión Europea. Tras ella se celebraba en el Parlamento Europeo una emotiva sesión plenaria en la que los propios intérpretes tuvieron que luchar contra las lágrimas mientras cumplían con su trabajo.

Moldavia, el país más pobre de Europa, hacía su solicitud de adhesión el 3 de marzo. Y también Georgia, un pequeño país del Cáucaso meridional fronterizo con Rusia.

Cuatro meses más tarde, en la "histórica" cumbre del Consejo Europeo que irónicamente estaba pensada en acercar las aspiraciones de los Balcanes Occidentales, Ucrania y Moldavia se convirtieron en Estados candidatos oficiales a la Unión.

Los ucranianos de Bruselas salieron a la calle para celebrar lo que suponía toda una inyección de moral, tras los que han sido los meses más inquietantes de su vida. Los niños dibujaron carteles con la bandera de la Unión Europea.

Los observadores más veteranos del bloque, incluso aquellos que se mostraban reacios a la rapidez de este paso simbólico, reconocen que este manda un fuerte mensaje a Moscú, ya que la UE parece hablar por fin con una sola voz.

"Se trata de un mensaje geopolítico muy importante por parte de la Unión", explicaba este viernes la analista política del European Policy Centre, Amanda Paul. "El tipo que está sentado en el Kremlin nunca vio a Moldavia como uno de nuestros países".

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Unos niños dibujan la bandera de la UE en Bruselas antes de la cumbre del ConsejoEuronews

Un camino complejo

Pero, una vez uno se aleja de las esperanzadoras imágenes azules y amarillas y mira a través del objetivo, descubre que el camino de Ucrania y Moldavia hacia la adhesión a la Unión Europea podría en verdad ser largo, accidentado y complejo. Hasta el punto que la decisión podría incluso revertirse.

"Fundamentalmente, si las cosas van políticamente mal, hacia atrás, en los países candidatos, todo el proceso de adhesión puede en efecto quedar congelado", me contaba Richard Youngs, de Carnegie Europe, a principios de esta semana.

A Ucrania, considerado el segundo país más corrupto de Europa, le esperan desafíos.

Recordé mi reciente visita al oeste de Ucrania, donde vi a los lugareños montando a caballo y en carretas, donde hablé con jóvenes que cocinaban su propio pan para salir adelante y donde pude comprobar de primera mano la diferencia de infraestructuras existente entre Hungría, país miembro de la UE, y su vecina Ucrania. "La cumbre de la Unión Europea es una oportunidad histórica para hacer las cosas bien", me dijo el profesor de política de la Unión Europea Frank Schimmelfennig.

Hacer un anuncio y sonreír a la cámara es una cosa, pero hacer las cosas bien es otra. Durante una reunión post mortem de la cumbre de junio, la analista política Corina Stratulat se mostraba sombría: "No creo que esta cumbre haya estado a la altura de las etiquetas de "histórica" o "geopolítica". Estamos muy lejos de la visión ambiciosa que necesitamos para afrontar este nuevo mundo grande y cada vez más aterrador en el que vivimos", decía Stratulat.

Sin planes concretos salidos de la cumbre del viernes con los que abordar la crisis energética que se está gestando, y sin una nueva fecha para que los jefes de Estado se reúnan, los problemas podrían quedar postergados, y los sueños europeos de Ucrania, Moldavia y Georgia, y no digamos los de los Balcanes Occidentales, podrían quedar en efecto "congelados" durante muchos años.