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¿Puede el giro al GNL liberar a la UE de su dependencia energética o agravar su vulnerabilidad?

Alemania abandona la energía nuclear
Alemania abandona la energía nuclear Derechos de autor  AP Photo/Ferdinand Ostrop
Derechos de autor AP Photo/Ferdinand Ostrop
Por Evi Kiorri & Elisabeth Heinz
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La escalada entre Estados Unidos e Irán altera las rutas del petróleo en Oriente Medio y dispara los precios del gas y el crudo. Tras la crisis energética de 2022, Bruselas impulsa el paquete de redes para reforzar su sistema energético.

La dependencia energética se convirtió en el problema más urgente de Europa en 2022. Y aun así, la UE sigue apoyándose en los combustibles fósiles importados. Para reducir la influencia de Rusia en el continente, Europa ha pasado a depender del gas natural licuado (GNL), y entre el 10% y el 15% de su suministro pasa ahora por el estrecho de Ormuz.

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Los recientes ataques en el Golfo han ralentizado el tráfico marítimo por el estrecho, lo que intensifica el impacto en Europa. La escasez está elevando la demanda de petróleo y gas y dispara los precios de la electricidad y los carburantes.

Los esfuerzos de Europa por reducir su dependencia energética no están a la altura de sus capacidades. Según el eurodiputado y cofundador de Volt Damian Boeselager, la responsabilidad recae en una "actitud reactiva" mantenida durante una década.

Se espera que 2026 marque un punto de inflexión. El paquete de redes (Grids Package) y el paquete de energía ciudadana (Citizens Energy Package) aspiran a establecer un mercado energético europeo único con infraestructuras transfronterizas que garanticen una energía más segura y accesible.

¿Hasta qué punto está preparada hoy Europa?

Con REPowerEU, la UE amplió de forma decidida la capacidad de almacenamiento de gas de los Estados miembros hasta, como mínimo, el 90% cada año, reforzando la seguridad energética a partir de 2022.

Las energías renovables alcanzaron el 25,2% del consumo energético total de la UE en 2025, lo que incrementó la producción energética interna del bloque y redujo las importaciones de gas ruso del 45% en 2022 al 13% en 2025.

La diversificación de los suministros de combustibles fósiles fue determinante. En 2021, el gas ruso representaba el 45% de las importaciones, el petróleo el 27% y el carbón el 50%. Los últimos datos muestran que, en el tercer trimestre de 2025, el 60% del GNL que importó la UE procedía de Estados Unidos, el 70% del carbón llegaba de Australia y Estados Unidos, y Noruega, Estados Unidos y Kazajistán suministraban el 42% de las necesidades de petróleo del bloque.

La producción interna cubre solo el 10% de las necesidades de gas de la UE. El bloque se movió con rapidez para prescindir de los combustibles fósiles rusos, lo que elevó la cuota del GNL en las importaciones de gas del 20% en 2021 al 45% en 2025.

Dado que entre el 10% y el 15% del GNL transita por el estrecho de Ormuz, la menor dependencia europea de los gasoductos rusos ha desplazado en la práctica su vulnerabilidad hacia el GNL transportado por esta región.

Incluso con una preparación más sólida que en 2022, Europa sigue expuesta. El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, promete mantener el bloqueo del estrecho, lo que convierte las rutas de GNL hacia Europa en su nuevo punto débil.

La magnitud de la dependencia europea

La UE gastó 396.000 millones de euros en importaciones de combustibles fósiles en 2025, un recordatorio de que casi seis décadas de dependencia energética no se desharán ni de forma discreta ni rápidamente.

La Unión importa el 57% de todas sus necesidades energéticas. El petróleo domina con un 37%, seguido del gas con un 21% y del carbón con un 12%. Estados Unidos (16%), Noruega (12%) y Kazajistán (9%) lideran el suministro de petróleo, mientras que Noruega cubre el 30% del gas por gasoducto y Rusia, pese a las sanciones, sigue representando el 14% de las importaciones de gas natural.

No todos los países se ven afectados por igual. Malta importa el 98% de su energía, Chipre el 88% y Luxemburgo el 91%. En Francia la situación es distinta, ya que su energía nuclear mantiene las importaciones en el 52%, lo que la convierte en una excepción en una región en la que la mayoría de países depende en gran medida del exterior.

REPowerEU ha cambiado de proveedores, pero no ha abordado el problema de fondo. El GNL de Estados Unidos está sustituyendo al gas ruso y podría llegar a representar el 40% de las importaciones de gas de la UE en 2030, creando un nuevo riesgo geopolítico.

En 2025, las renovables superaron a los combustibles fósiles en la generación eléctrica de la UE y alcanzaron el 23% del consumo final de energía. Es un avance, pero la red es solo una parte del problema. La calefacción, el transporte y la industria mantienen la factura de importaciones en el rango de los centenares de miles de millones.

La respuesta de la UE: reconfigurar la red europea

La vulnerabilidad energética de Europa tiene ahora una respuesta legislativa y una factura de 1,2 billones de euros: el Paquete de Redes de la UE. Lanzado por la Comisión Europea en diciembre de 2025, es el intento más ambicioso de Bruselas de renovar a fondo el sistema eléctrico del bloque, la red de cables, subestaciones y tecnologías que llevan la electricidad a través de los países de la UE.

El objetivo es claro, construir más rápido, conectar más y poner fin a la dependencia de los combustibles importados que han dejado al descubierto las sucesivas sacudidas geopolíticas.

El paquete reescribe las normas de planificación, autorizaciones, inversión y coordinación transfronteriza, y modifica cuatro leyes clave de la UE, entre ellas la Directiva de Energías Renovables y el diseño del mercado eléctrico. El comisario de Energía, Dan Jørgensen, y la vicepresidenta ejecutiva Teresa Ribera han apostado gran parte de su capital político en esta reforma como pilar de la autonomía estratégica europea.

El debate principal se centra en los plazos de los proyectos. Los proyectos solares y de almacenamiento por debajo de 100 kilovatios solo necesitarán un permiso de conexión a la red. Los proyectos de red de mayor envergadura deberán autorizarse en un plazo máximo de dos años, con aprobación automática si las autoridades no cumplen el plazo. Los grandes proyectos transfronterizos de interés común tendrán un límite estricto de 42 meses para todas las fases de autorización.

Alemania y Dinamarca apoyan la coordinación a escala de la UE

Las asociaciones empresariales, como Eurelectric, respaldan las reformas pero rechazan el reparto obligatorio de beneficios para los proyectos por encima de diez megavatios. Estos proyectos obligan a los promotores a compartir las ganancias económicas con los actores locales. Las ONG medioambientales han expresado su preocupación por que conceder a los proyectos que cumplan los criterios la consideración de "interés público superior" reduzca el peso de las evaluaciones de biodiversidad y dé lugar a recursos judiciales.

Los gobiernos nacionales siguen divididos. Alemania y Dinamarca apoyan la coordinación a escala de la UE, pero rechazan una planificación centralizada que pueda imponerse a sus estrategias nacionales. Polonia y Rumanía reclaman plazos más flexibles debido a sus carencias administrativas, mientras que los desacuerdos sobre el reparto de costes siguen siendo un punto de fricción.

La red fragmentada de Europa no puede transportar la energía eólica del mar del Norte ni la solar ibérica a través de las fronteras, lo que debilita la resiliencia energética. La iniciativa 'Energy Highways' (autopistas de la enregía) del paquete construirá corredores de gran capacidad para abordar este problema.

Para reducir los riesgos en las cadenas de suministro, el paquete fija el objetivo de que el 40% de los transformadores y cables se fabriquen en la UE de aquí a 2030 e introduce nuevas normas de control de proveedores. Bruselas presenta esta reforma como la columna vertebral de la independencia europea. Lograr llevarla a la práctica será la verdadera prueba.

Reservas, topes de precios y reuniones de emergencia

Las cifras se mueven rápido. Los futuros de gas TTF neerlandeses han subido un 60% desde los ataques contra Irán.El petróleo ha superado los 100 dólares (86 euros) por barril. Las reservas de gas de la UE, que deberían estar llenándose antes del invierno, se sitúan en apenas el 30%, frente al 39% de hace un año. Goldman Sachs ha advertido de que un cierre de un mes del estrecho de Ormuz podría llevar el precio del gas hasta 73 euros por MWh.

Bruselas ha reaccionado. La Comisión ha convocado reuniones de emergencia de sus grupos de coordinación de gas y petróleo. Los ministros de Finanzas se han reunido bajo la presidencia francesa de Roland Lescure para debatir la liberación de reservas estratégicas. La AIE ha aprobado la liberación de 400 millones de barriles, la mayor de su historia, con el respaldo de 32 países, entre ellos Alemania y Austria.

Pero es en el ritmo de las soluciones de fondo donde se centra la crítica. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha planteado la posibilidad de limitar o subvencionar los precios del gas antes de la cumbre del 19 y 20 de marzo, al tiempo que ha trazado una línea roja firme contra cualquier retorno a la energía rusa, un "error estratégico", en sus palabras.

El comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, en una intervención en el programa matinal de 'Euronews', Europe Today, ha celebrado la actuación de la AIE pero ha advertido de un "choque de estanflación" si el conflicto se prolonga. El comisario de Energía, Jørgensen, ha rechazado las peticiones de eliminar el precio del carbono y ha insistido en que las renovables y las infraestructuras son la única respuesta duradera.

La propuesta de tope al precio del gas se topa con resistencia de Berlín y La Haya

Alemania sostiene que la liberación de reservas está sobre la mesa, pero "no todavía". El G7 mantiene la opción de una acción coordinada sobre las reservas, pero sin activarla por ahora. La propuesta de tope al precio del gas, que reactiva un mecanismo creado en 2022 y nunca utilizado, se topa con la resistencia de Berlín y La Haya.

Boeselager se muestra tajante sobre las consecuencias económicas de una perturbación prolongada. El choque de precios del petróleo ya se está filtrando a la inflación de la Eurozona y el margen de maniobra de la política económica para responder es limitado.

"El aumento de 70 a 120 dólares (62 a 105 euros) por barril tiene un enorme impacto en la inflación dentro de la Eurozona, se encarecen los precios y suben los tipos de interés, lo que perjudicará de forma muy considerable a la población y a las empresas europeas".

El ministro de Economía de España, Carlos Cuerpo, fue claro: Europa necesita ahora una integración más rápida de la red y una reforma del mercado transfronterizo. El Paquete de Redes y el mercado energético interior no estarán plenamente en vigor hasta 2028.

La UE está mejor preparada que en 2022. Pero con unos precios al alza y una legislación estructural aún incompleta, la distancia entre la coordinación y la acción sigue siendo considerable. Para Boeselager, la crisis actual debería servir por fin para replantear la transición energética, que debe dejar de verse como una carga medioambiental para pasar a considerarse un imperativo económico y de soberanía.

"La transición se percibe siempre como algo muy costoso, pero ahora vemos que no avanzar en esa transición resulta, en realidad, aún más caro", señaló Boeselager a 'Euronews'.

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