Los ataques iraníes han provocado la suspensión de la producción de GNL de Catar y graves perturbaciones del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. ¿Qué países de la UE podrían verse más afectados?
Aunque la Comisión Europea asegura que no hay problemas inmediatos de suministro de gas, el índice neerlandés TTF, principal referencia de precios del gas natural en Europa y utilizado por comercializadoras, empresas energéticas y gobiernos para fijar contratos, se ha disparado en los últimos días, reflejo de la inquietud del mercado ante una oferta mundial de GNL más ajustada.
El ministro de Energía de Catar, Saad al Kaabi, declaró al 'Financial Times' que la guerra en Oriente Medio podría "derribar las economías del mundo", lastrando el crecimiento y encareciendo las facturas energéticas por la falta de suministro.
El ministro catarí añadió además que, incluso si el conflicto terminara de inmediato, Catar tardaría "semanas o meses" en normalizar las entregas, tras el cierre de Ras Laffan, el complejo de exportación de GNL alcanzado esta semana por drones iraníes.
Con los niveles de almacenamiento de gas de la UE en torno al 30%, según Gas Infrastructure Europe, el bloque entra en un periodo crítico para rellenar inventarios de cara al próximo invierno.
La situación revive los dolorosos recuerdos del choque energético de 2022, provocado por la invasión rusa de Ucrania, pero se produce en un contexto de mucha mayor diversificación respecto al gas ruso transportado por gasoducto.
La Comisión Europea reunió el miércoles a los grupos de coordinación de emergencia y afirmó que las entregas de GNL procedentes de Estados Unidos, que ahora representan la mayor parte de las importaciones, junto con el gas que llega por gasoducto desde Noruega, están manteniendo por ahora la estabilidad del suministro.
El comisario europeo de Energía Dan Jørgensen también ha destacado el valor del aumento de las entregas desde Azerbaiyán a través del Corredor Gasista del Sur. Sin embargo, algunos países de la UE están particularmente expuestos a las perturbaciones, bien porque son grandes importadores de GNL, dependen en gran medida de los suministros cataríes o cuentan con unas reservas inusualmente bajas.
Los países de la UE que más se juegan
En 2025, la UE importó más de 140.000 millones de metros cúbicos de GNL, según el centro de estudios con sede en Bruselas Bruegel. Estados Unidos fue el mayor proveedor de GNL a la UE, representó casi el 58% del total de importaciones de GNL, que se triplicaron entre 2021 y 2025.
Los mayores importadores de GNL en la UE son Francia, España, Italia, Países Bajos y Bélgica. De estos cinco, Italia y Bélgica afrontan la mayor presión debido a su mayor dependencia de los suministros cataríes.
Según la plataforma de análisis Kpler, Catar representó alrededor del 30% de las importaciones de GNL de Italia y el 8% de las de Bélgica el año pasado. Francia y España, por ejemplo, cuentan en cambio con un acceso más sólido a los suministros noruegos, entre otros proveedores. Además, aunque Polonia no figura entre los cinco principales importadores de GNL de la UE, el 17% de sus importaciones de gas procedió de Catar en 2025, lo que sitúa al país ante un reto similar de dependencia.
Bélgica puede enfrentarse al mayor problema en términos de nivel de reservas. El almacenamiento de gas del país se sitúa en torno al 25,5%, por debajo de la media de la UE del 30%, lo que complica aún más los esfuerzos para sustituir los volúmenes cataríes.
Italia y Polonia también tienen una exposición significativa al GNL catarí, aunque sus niveles de almacenamiento son comparativamente más altos, del 47% y el 50% respectivamente. En conjunto, es probable que estos países estén más expuestos a la volatilidad de los precios, al competir por cargamentos alternativos en el mercado mundial al contado.
Baird Langenbrunner, analista de investigación en Global Energy Monitor, advirtió de que el cierre del complejo de exportación de GNL de Ras Laffan podría tener un impacto significativo en el mercado y subrayó que existen pocos sustitutos inmediatos para esos volúmenes.
Los países de la UE que lo vieron venir
En claro contraste, otros países de la UE parecen mucho mejor protegidos frente a la actual turbulencia. Portugal destaca especialmente, ya que no ha comprado gas a Oriente Medio desde 2020, cuando su último pequeño envío catarí sumó tan solo 129.000 metros cúbicos.
Según la Dirección General de Energía y Geología portuguesa, sus principales proveedores en 2025 fueron Nigeria y Estados Unidos, con rutas seguras alejadas del estrecho de Ormuz. El país mantiene además niveles de almacenamiento excepcionalmente altos, por encima del 76%, y los expertos señalan que podría aumentar con relativa facilidad las entregas de GNL estadounidense si fuera necesario.
España también se beneficia de fuentes más diversificadas y sus reservas rondan el 56%, lo que la sitúa en una posición holgada. Esta disparidad dentro del bloque pone de relieve cómo las estrategias energéticas nacionales aplicadas desde 2022 están generando ahora niveles de vulnerabilidad muy distintos.
Los remedios a corto plazo no resolverán una dependencia de largo plazo
Bruselas ha señalado que está preparada para activar medidas de solidaridad si la situación empeora. Entre las opciones que se barajan figuran objetivos coordinados de reducción de la demanda, programas acelerados de compra conjunta de GNL, salvaguardas temporales de precios y mecanismos de apoyo financiero para los Estados miembros más afectados.
La Comisión Europea ha recalcado que seguirá realizando un seguimiento estrecho y diario con los Gobiernos nacionales y que está dispuesta a agilizar la aprobación de ayudas de Estado o facilitar el uso compartido de almacenamientos transfronterizos cuando sea necesario.
Chris Bernkopf, consejero delegado de Podero, una empresa de software para la flexibilidad energética con sede en Viena que trabaja con grandes compañías europeas de servicios públicos, incluidas E.ON y TotalEnergies, se sumó a la llamada de muchos expertos a acelerar el cambio hacia alternativas renovables.
"El problema de fondo no era, y no es, el sistema de fijación de precios, sino la dependencia del gas sobre la que se sostiene", señaló. "Las soluciones son menos espectaculares pero más duraderas, construir más capacidad renovable respaldada por almacenamiento, gestionar la demanda de forma inteligente y utilizar herramientas digitales para coordinar equipos domésticos como bombas de calor y vehículos eléctricos con el fin de reducir la presión sobre la red".
Bernkopf sostiene que, aunque medidas de corto plazo como los topes o congelaciones de precios pueden proteger a los hogares durante una crisis, no solucionan nada en términos estructurales. La verdadera seguridad energética y unos precios más bajos, insiste, solo llegarán ampliando las renovables, mejorando la flexibilidad de la red y reduciendo en conjunto la dependencia de los combustibles fósiles importados.
Las próximas semanas pondrán a prueba tanto los preparativos nacionales como la eficacia de la solidaridad a escala europea, en un momento en que los riesgos geopolíticos para el suministro energético han vuelto a quedar al descubierto.