El cierre del estrecho de Ormuz dispara los precios de la energía, vuelve a poner de relieve la vulnerabilidad de Europa y centra la atención en el paquete europeo de redes en preparación.
El cierre del estrecho de Ormuz tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán ha disparado los precios del petróleo y el gas, reabriendo un debate que Bruselas creía zanjado.
Esta nueva crisis vuelve a poner en primer plano las vulnerabilidades energéticas de Europa. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció la dependencia del bloque y advirtió de que Europa sigue siendo demasiado dependiente de los combustibles fósiles. Los ministros de Energía de toda la Unión exigen ahora explicaciones.
Europa ya se ha enfrentado antes a una inseguridad energética similar. La invasión rusa de Ucrania en 2022 cortó de forma abrupta los suministros de gas por gasoducto de los que el continente había dependido durante décadas, obligando a Bruselas a reaccionar con rapidez y llevando a que Europa pasara a importar el 60% de su gas natural licuado (GNL) de Estados Unidos.
Para hacer frente a estos desafíos, Bruselas ha puesto en marcha una solución estructural. En diciembre de 2025 aprobó el paquete de redes de la UE, la reforma más ambiciosa hasta la fecha de la infraestructura energética europea.
El paquete prevé 1,2 billones de euros de inversión en redes de aquí a 2040, fija el objetivo de más de 500 gigavatios de nueva capacidad renovable y crea ocho autopistas de la energía transfronterizas que unirán el Báltico con la península Ibérica.
La estrategia es clara, aumentar la generación eléctrica interna reduce la dependencia de las importaciones que llegan por rutas vulnerables como el estrecho de Ormuz. La Comisión quiere que los proyectos clave estén en funcionamiento antes de 2030, lo que refleja la urgencia del actual contexto de seguridad.