Bruselas estudia limitar la dependencia industrial de China obligando a las empresas europeas a diversificar sus cadenas de suministro y repartir sus compras entre varios países.
China es el principal proveedor mundial de piezas y componentes para Europa. El país asiático exporta por sí solo el 47% de todos los materiales necesarios para fabricar un producto final que entra en la UE.
El 29 de mayo, la Comisión Europea celebró un debate interno sobre las relaciones entre la UE y China y la dependencia industrial, en un contexto en el que las subvenciones extranjeras alteran el mercado y plantean un riesgo geopolítico.
También examinó una propuesta que permitiría limitar al 30%-40% la compra de piezas procedentes de un único país. El 60% o 70% restante tendría que repartirse entre al menos tres países más.
El plan, dirigido sobre todo a los sectores de tecnologías verdes, a la industria del automóvil y a los fabricantes de productos químicos y de maquinaria, aún no se ha adoptado. La Comisión lo presentará oficialmente a los líderes nacionales de la UE en la cumbre del Consejo Europeo a finales de junio.
Si se aprueba, la compra de piezas internacionales más caras encarecerá las facturas de la luz de los hogares europeos y aumentará el coste de los paneles solares y de los vehículos eléctricos. La UE confía en que eliminar la dependencia de China beneficie al bloque a largo plazo.
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