El control digital de documentos para viajeros de fuera de la UE provoca atascos y fallos en vísperas del pico vacacional, y las aerolíneas piden suspenderlo en julio y agosto.
Un fantasma recorre Europa, o al menos sus fronteras exteriores: el Sistema Europeo de Entradas y Salidas (EES), un mecanismo automatizado para registrar a los nacionales de terceros países que entran y salen del espacio Schengen, que amenaza con arruinar la temporada de vacaciones de millones de viajeros.
El EES está sustituyendo gradualmente los sellos en el pasaporte por un sistema digital que registra cuándo los viajeros entran y salen del espacio Schengen en estancias de corta duración, recopilando información biométrica como imágenes faciales y huellas dactilares, junto con los datos personales de sus documentos de viaje.
El sistema está ya operativo en todas las fronteras exteriores de los 29 países de libre circulación, es decir, todos los Estados miembros de la UE salvo Chipre e Irlanda, además de Suiza, Liechtenstein, Islandia y Noruega.
¿A quién afecta?
El sistema se aplica a los ciudadanos de países no pertenecientes a la UE ni a Schengen que viajan a países del espacio Schengen o de la UE para estancias cortas. Una estancia corta significa un periodo de hasta noventa días dentro de cualquier intervalo de 180 días, pensado para turismo, viajes de negocios o visitas a familiares. Las personas extranjeras deben solicitar un visado de corta duración antes de viajar a Europa y, una vez hayan entrado, no pueden superar el periodo permitido.
Las personas procedentes de determinados países, como Estados Unidos, Reino Unido, Australia o Estados latinoamericanos, no están obligadas a obtener un visado, pero sí están sujetas al sistema EES.
Los ciudadanos de los Estados miembros de la UE y del espacio Schengen están exentos de estos controles, al igual que los nacionales de Andorra, San Marino, Ciudad del Vaticano y Mónaco.
También se aplican otras excepciones a los extranjeros con visados de larga duración o permisos de residencia de un país Schengen, a los miembros de las tripulaciones de trenes y aviones en trayectos internacionales y al personal de las Fuerzas Armadas.
¿Por qué se ha implantado el EES?
El EES pretende agilizar y hacer más eficientes los controles fronterizos, al tiempo que mejora la seguridad al dar a los agentes de fronteras y a las autoridades nacionales acceso a la información de los viajeros, lo que les ayuda a detectar riesgos relacionados con la delincuencia transnacional y el terrorismo.
Uno de sus principales objetivos es dificultar la migración irregular. El EES registra entradas y salidas recopilando huellas dactilares y datos faciales en una base de datos digital, lo que debería ayudar a impedir que personas permanezcan más tiempo del permitido en un país Schengen o utilicen identidades falsas.
Desde su puesta en marcha, a más de 40.000 personas se les ha denegado la entrada por motivos como documentos caducados o fraudulentos, o la imposibilidad de justificar plenamente el motivo de su visita, según la Comisión Europea. Además, más de 1.000 personas han sido identificadas como un riesgo para la seguridad en Europa.
¿Cuál es el problema?
El EES entró plenamente en funcionamiento el 10 de abril de 2026, tras una implantación gradual iniciada el 12 de octubre de 2025. La aplicación se ha realizado de forma progresiva durante seis meses, después de que todos los Estados Schengen presentaran su "declaración de preparación" para poner en marcha el sistema. Sin embargo, el proceso no está siendo sencillo.
El EES está en vigor en las fronteras terrestres, marítimas y aéreas, pero su implantación está generando problemas y cuellos de botella sobre todo en los aeropuertos, con largas colas y procedimientos complicados.
Aeropuertos y aerolíneas están sufriendo trastornos operativos, con retrasos de vuelos y pérdidas de conexiones, tanto en los grandes aeropuertos de Europa como en los más pequeños que sirven a importantes destinos turísticos, ya que algunas terminales no disponen de suficiente capacidad operativa, incluidos agentes de fronteras, infraestructuras adecuadas y máquinas de control fronterizo automatizado.
El resultado son varios aviones medio vacíos en el momento de cerrar la puerta de embarque, mientras los pasajeros siguen atrapados en las colas de control fronterizo. Los tiempos de espera en estos controles se han incrementado de forma significativa, en ocasiones alcanzan las cinco horas en los periodos de mayor tráfico y afectan a millones de pasajeros.
Según una carta enviada a la Comisión Europea por asociaciones que representan a aerolíneas y aeropuertos, la situación ha "alcanzado un punto crítico". Airlines for Europe, ACI Europe y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo han solicitado una "intervención inmediata" y han pedido flexibilidad para suspender por completo el EES en julio y agosto "siempre que el volumen de pasajeros supere la capacidad operativa de los servicios de control fronterizo".
En los próximos dos meses, coincidiendo con el pico de la temporada de vacaciones, se espera que los aeropuertos europeos gestionen aproximadamente 40 millones de pasajeros más que en mayo y junio.
Uku Särekanno, subdirector ejecutivo de la agencia europea de fronteras Frontex, afirmó que la situación se estabilizará en uno o dos años, ya que la toma de huellas dactilares de los viajeros de fuera de la UE en su primera entrada en el espacio Schengen es "probablemente la parte más complicada" de la implantación.
¿Qué está haciendo la Comisión Europea?
Según las normas, los Estados Schengen disponen de cierto margen de flexibilidad temporal para suspender la recogida de datos biométricos cuando sus autoridades de control fronterizo no pueden gestionar el volumen de viajeros. Sin embargo, no se permiten exenciones más amplias.
Grecia sopesó dejar de recoger datos biométricos de los visitantes británicos debido a la presión sobre sus pequeños aeropuertos insulares durante la temporada de vacaciones, pero la Comisión Europea aclaró que la suspensión del sistema solo está permitida durante periodos de alto tráfico de pasajeros en puntos de entrada concretos y no puede aplicarse a ningún grupo de nacionales.
En respuesta a las críticas del sector aéreo, el portavoz de la Comisión Europea Markus Lammert señaló que se están realizando todos los esfuerzos para limitar el impacto sobre los viajeros dentro de la UE y sostuvo que en la mayoría de los aeropuertos comunitarios dicho impacto es limitado.
"La Comisión sigue apoyando a los Estados miembros y a la industria aérea en la aplicación del nuevo sistema", afirmó, y añadió que en los próximos días se celebrará otra reunión con representantes del sector.