Desde Austria, donde vivieron y brillaron durante 14 años, hasta el regreso a Ítaca con dos oros del campeonato mundial de París bajo el brazo, Anna, Eirini y Vasiliki Alexandri hablan de su decisión de volver y de sus planes de futuro.
Hay éxitos deportivos que quedan reflejados en las tablas de resultados y hay éxitos que llevan consigo toda una historia. Los dos oros que conquistaron Anna Maria e Irini Marina Alexandri en el Campeonato de Europa de París, en dúo técnico y libre de natación artística, y las buenas actuaciones de su hermana Vasiliki en los solos técnico y libre pertenecen sin duda a la segunda categoría.
Detrás de ellos hay un recorrido de 14 años: una infancia vivida lejos de Grecia, grandes triunfos con Austria y un deseo profundo que se mantuvo vivo todos estos años: regresar algún día y competir de nuevo por su país.
Junto a Anna Maria e Irini Marina, su hermana trilliza Vasiliki escribió también su propia página en París, compitiendo en solo, donde terminó en quinto lugar en el ejercicio técnico y en séptimo en el programa libre. Su camino fue aún más complicado, ya que una grave lesión de rodilla y una amigdalitis poco antes de la competición limitaron su preparación, aunque no mermaron la confianza en sus posibilidades. Para las tres hermanas, el Europeo no fue simplemente otra gran cita, sino el primer gran capítulo de una nueva vida que comenzó cuando decidieron regresar a Grecia.
Su historia había comenzado mucho antes, cuando con solo 14 años se encontraron en un país extranjero, sin conocer el idioma, lejos de su entorno familiar y con la necesidad de compaginar el instituto con las crecientes exigencias del alto nivel.
"No hablábamos el idioma. Fue muy difícil porque nos fuimos solas", recuerda Vasiliki, al describir un periodo en el que las tres hermanas tuvieron que madurar mucho más rápido de lo que les correspondía por edad. En aquella realidad tan dura, sin embargo, hubo algo que las mantuvo unidas. "Lo que nos salvó, diría, fue que nos teníamos unas a otras, estábamos juntas", subraya.
En Austria aprendieron a resistir y a reclamar su sitio. La natación artística se convirtió en el eje de su vida cotidiana y la espera para obtener la nacionalidad fue otra prueba más. Cuando por fin llegó la posibilidad de competir, llegaron también los grandes éxitos, con las tres hermanas conquistando importantes títulos internacionales y consolidándose en la cima de la natación artística bajo la bandera de Austria.
A pesar de los éxitos, Grecia nunca dejó de estar en su pensamiento. "Creo que siempre hemos tenido dentro una profunda voluntad de competir por Grecia", explica Irini Marina, que subraya que el regreso no fue una decisión repentina, sino un deseo que llevaban años cultivando. Tampoco oculta los motivos por los que se marcharon de Grecia.
"Nos fuimos por falta de meritocracia, como ya hemos dicho en el pasado", señala, aunque añade que cuando llegó la propuesta para regresar la situación era distinta. "Ahora las cosas han cambiado por completo. La dirección es nueva. (...) Todas esas personas creyeron en nosotras, nos apoyaron y creo que eso es lo que desea cualquier deportista".
También recuerdan de manera especial a quienes estuvieron a su lado desde el primer momento de su vuelta a Grecia, reconociendo el apoyo que les brindaron en este nuevo comienzo. Las tres hermanas agradecen al presidente del Comité Olímpico Helénico, Isidoros Kouvelos, al presidente de la Federación Griega de Natación, Kyriakos Giannopoulos, así como a la jefa de equipo Despina Karampela.
La decisión de volver, aunque suponía dejar atrás una vida que habían construido desde cero, fue finalmente conjunta. "Fue una decisión muy difícil, pero a la vez muy fácil. La tomamos de forma unánime, al instante. Es decir, dijimos que íbamos las tres", relata Vasiliki.
Anna Maria lo expresa de forma aún más emotiva: "Nosotras también deseábamos muchísimo regresar aquí. Aquí está toda nuestra familia, nuestra casa, nuestros amigos". Tras 14 años, las tres hermanas regresaron a Grecia conscientes de que no se trataba solo de una vuelta a su país, sino del inicio de una vida completamente nueva.
La mudanza tuvo incluso sus dificultades más prácticas. "Nos trasladamos y llevamos 200 cajas a Grecia", recuerda Anna Maria, mientras las tres hermanas tenían que adaptarse a las nuevas circunstancias y, al mismo tiempo, mantener su nivel competitivo. Solo dispusieron de cinco meses de preparación, en un momento en el que la mayoría de los países con los que iban a medirse llegaban con toda una temporada a sus espaldas. "Tuvimos cinco meses de entrenamiento, que son muy pocos si se piensa que todos los demás países tienen 12 meses de preparación", explica Vasiliki.
Para ella la preparación fue aún más complicada, porque una grave lesión de rodilla la mantuvo fuera del agua en un periodo en el que cada sesión de entrenamiento era crucial, y poco antes del Europeo sufrió además una amigdalitis. En París no logró los dos metales que se había marcado como objetivo personal, pero no se marchó con la sensación de haber dejado algo por hacer.
"Seguro que quería dos medallas, no llegaron. Me apené mucho", admite, para añadir: "No siento remordimientos, porque al haber dado el 100% no podía hacer nada más". La siguiente oportunidad, en cualquier caso, ya aparece en el horizonte, porque, como ella misma dice, "el año que viene tenemos el Mundial y los Juegos Europeos y allí sin duda el objetivo es conseguir las dos medallas que, entre comillas, he perdido este año".
Para Anna Maria e Irini Marina, París tuvo una dimensión emocional muy especial. Antes de la competición habían dicho que su gran deseo era escuchar el himno nacional griego y finalmente lo oyeron dos veces. "Lo habíamos dicho antes de ir a los campeonatos, que queríamos muchísimo escuchar el himno nacional", cuenta Anna Maria.
Aquel momento no fue solo la culminación de una prueba, sino la condensación de todo su recorrido. "Pasaba por delante de nosotras, ante nuestros ojos, todo el camino que hemos hecho, y en especial desde marzo, cuando llegamos a Grecia, porque fue un gran paso y un gran cambio para nosotras", describe.
La emoción tenía que ver también con el hecho de que esta vez competían por un país que, pese a los años vividos lejos, seguían considerando su hogar. "Aquí está toda nuestra familia, nuestra casa, nuestros amigos. Estamos muy felices y muy emocionadas de competir ya por Grecia", afirma Anna Maria, que admite que incluso el día a día en Grecia tiene otro sabor. "Incluso cuando salgo simplemente a dar un paseo me siento diferente que en Austria. [...] Aquí lo disfruto de otra manera".
En su regreso, la acogida del público también desempeñó un papel importante. Ellas mismas hablan con especial emoción de las veces que la gente se les acerca por la calle, las felicita o les habla de sus logros. "Toda Grecia nos ha abrazado y queremos dar un gran gracias a toda Grecia por el cariño que hemos recibido", señala Anna Maria.
Detrás de las tres hermanas hay, además, otra persona que desempeñó un papel decisivo en todo este camino: su madre. Fue ella quien vio a sus tres hijas marcharse de casa y empezar su vida en otro país, sabiendo que aquella elección también iba a cambiar la suya. "Su casa se quedó vacía, de tener tres hijas a quedarse de repente sola", cuenta Anna Maria, que añade que, pese a la dificultad, su madre apoyó por completo su decisión: "Respaldó al 100 % nuestra lucha y nuestros deseos [...] Le debemos todo".
La relación entre las tres hermanas sigue siendo, además, una de sus grandes fortalezas. No son solo compañeras de equipo, sino personas que han compartido desde niñas las mismas inquietudes, los mismos sacrificios, las mismas alegrías y las mismas decepciones. "Estoy muy orgullosa y me siento afortunada por lo que tenemos entre nosotras tres y con nuestra madre", afirma Vasiliki, al describir una familia que se mantuvo unida a pesar de la distancia y de los cambios.
Ahora su historia ya no tiene que ver solo con su propio pasado. Las tres hermanas quieren que su regreso a Grecia sea también una oportunidad para ayudar a la nueva generación de la natación artística, trasladando a las chicas más jóvenes la experiencia acumulada tras 14 años en competiciones de alto nivel en el extranjero. Irini Marina explica que ya han hablado con deportistas de menor edad y considera que compartir con ellas lo que han vivido es una forma de que todas y todos avancen un paso más. "Queremos inspirar en positivo, apoyar a la nueva generación", señala.
Mirando atrás, ella no ve las dificultades como tiempo perdido ni como un paréntesis que habría preferido evitar. Al contrario, cree que todo lo que ocurrió las ha hecho ser quienes son hoy. "Cada dificultad, incluso el hecho de que nos viéramos obligadas a marcharnos de Grecia, todo eso nos ha moldeado", afirma. "Creo que también nosotras hemos superado nuestros límites, y límites que ni siquiera imaginábamos que teníamos".
Los dos oros de París no son, por tanto, simplemente la última línea de un resultado deportivo. Es la culminación de un camino que empezó cuando tres niñas se marcharon de Grecia con 14 años y aprendieron a crecer lejos de casa, pero contando siempre unas con otras. Son la continuación de una trayectoria que las llevó a la cima de Europa con Austria y que finalmente las ha traído de nuevo a Grecia, esta vez con el deseo de escribir aquí el siguiente capítulo de su vida y de su carrera.
Y si hay algo que define más que nada su actitud actual es que no ven los oros de París como el final de un camino. "Creo que tenemos mucho que ofrecer y que aún no hemos llegado", sostiene Anna Maria. Vasiliki, por su parte, lo resume de una manera que condensa toda su filosofía: "Mi objetivo es aparecer cada vez mejorada y ser la mejor versión de mí misma. Y luego, si llega la medalla, será bienvenida".
Su mirada se dirige ahora a las próximas grandes citas, el Campeonato del Mundo de Budapest en el verano de 2027, los Juegos Europeos un poco antes y, finalmente, los Juegos Olímpicos de 2028 en Los Ángeles.