Hace 46 años de uno de los gestos más famosos del deporte, el 30 de julio de 1980 en Moscú, Władysław Kozakiewicz respondió al público soviético con un polémico gesto tras ganar el oro olímpico y batir el récord de salto con pértiga. Hoy, casi medio siglo después, conversa del hito con 'Euronews'.
Un gesto al que ningún polaco llama de otra manera que "el gesto de Kozakiewicz" o "el gesto de Wał": consiste en doblar un brazo por el codo y golpear (o sujetar) el bíceps con el otro. Los franceses lo llaman "bras d'honneur" ("brazo de honor"), mientras que los anglosajones hablan del "Italian salute" ("saludo italiano"); aquí, en España, lo conocemos como el tradicional "corte de mangas".
En conversación con 'Euronews', Władysław Kozakiewicz recuerda el ambiente en el estadio moscovita y explica las circunstancias en que hizo el gesto que marcaría toda su vida, no solo la deportiva.
"No había planeado hacer ese gesto", recuerda. "Hoy es difícil describir con precisión aquella situación. Había huelgas en el país, Rusia estaba militarmente en la frontera, Lech Wałęsa estaba justo entonces construyendo esa nueva Polonia. Y yo, allí en Moscú, estaba compitiendo".
Desde un punto de vista estrictamente deportivo, Moscú fue la cima de la carrera de Kozakiewicz. El polaco superó primero a todos sus rivales, incluido el entonces plusmarquista mundial, el francés Thierry Vigneron (5,77 m), y al representante de la URSS Konstantin Volkov. El oro ya lo tenía asegurado. Luego saltó una tercera vez, logró 5,78 metros y estableció un nuevo récord del mundo.
"Me quedé solo en esa altura. Oía los silbidos. Ni siquiera era un récord mundial ruso, pertenecía al francés. Y los rusos aun así me silbaban", cuenta a 'Euronews'. "En el aire, desde el listón hasta el colchón, uno pasa aproximadamente un segundo y medio. Y en el momento de levantarme del colchón, las manos se me juntaron solas en ese gesto. Pensé: que sea lo que sea".
En nuestra conversación de hoy, ya en frío, plantea distintos escenarios: "Si no hubiera ganado, no habría hecho ese gesto; si hubiera ganado pero no hubiera habido silbidos, tampoco lo habría hecho. Si esos Juegos se hubieran celebrado en Francia o en Los Ángeles, tampoco lo habría mostrado. Pero era Moscú y en las gradas eran los tiempos de [Leonid] Breznev, así que le hice algo así como…", dice riendo mientras vuelve a demostrar el gesto.
Como reconoce el propio Kozakiewicz, citado en el libro de Michał Pol, 'Nie mówcie mi, jak mam żyć', en el estadio muy pocos se dieron cuenta del gesto. El verdadero problema empezó con la televisión.
El gesto de Kozakiewicz apareció en las pantallas de televisión en distintas partes del mundo, pero no en Polonia ni en la URSS. Para la Unión Soviética, el incidente fue más allá del estadio y llegó a los despachos oficiales. El embajador soviético en Polonia, Borís Aristov, exigió retirar la medalla a Kozakiewicz, anular el récord mundial y descalificarlo de por vida por insultar al pueblo soviético.
Las autoridades comunistas polacas, deseosas de rebajar la tensión con Moscú, intentaron explicar el gesto como una contracción involuntaria del músculo provocada por el esfuerzo o como una forma de expresar alegría. La prensa oficial de la República Popular de Polonia, es decir, el 'Trybuna Ludu', omitió por completo el incidente en su crónica y se limitó a escribir que el atleta estaba "tan feliz que casi tocaba el suelo, inclinándose hacia las gradas".
A Kozakiewicz lo salvó finalmente de la descalificación y de la anulación de su récord quien más tarde sería presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, quien, según recuerda el deportista, presentó al comité una versión coincidente con la de la delegación polaca y explicó que Kozakiewicz "siempre hace ese gesto cuando gana, sobre todo cuando bate un récord del mundo".
En la entrevista con 'Euronews' cuenta el precio que tuvo que pagar después. "Era el mejor saltador con pértiga de Polonia y del mundo. Sin embargo, se inventaban descalificaciones ficticias, no salía del país, me quitaban el pasaporte. Me retiraban los pasaportes. Cada vez que cambiaba el presidente de la Federación Polaca de Atletismo, el siguiente presidente se dedicaba a hundirme", recuerda.
La situación se agravó cuando, en 1985, durante una competición en Alemania Occidental, el deportista recibió en la práctica un billete solo de ida. Mientras estaba en un hotel de Hanóver, le informaron de que finalmente no participaría en el evento.
"Me descalificaron de por vida y ahí se terminó mi amistad con Polonia. Me confiscaron todos los bienes en el país. Hasta hoy no he recuperado nada, ni la vivienda, ni el coche, ni la cuenta", afirma.
En Alemania empezó desde cero: "Me quedé como estoy ahora delante de usted, con una sola bolsa, y empecé una nueva vida", recuerda. "Al cabo de una semana el club vino a buscarme, cuando se enteró de que Polonia había descalificado a Kozakiewicz. Me aceptaron, me ficharon, me dieron un piso, me dieron un sueldo y comencé de nuevo. Tenía tranquilidad, podía viajar por todo el mundo sin pedir permiso. Se acabaron las represalias".
Regresó a Polonia en 1990 y, según cuenta, fue recibido con los brazos abiertos. "No era capaz de cruzar la calle, porque siempre había alguien que quería estrecharme la mano, felicitarme". Kozakiewicz admite que muchas veces ha intentado explicar que el gesto fue una reacción instintiva, una respuesta a los silbidos desde las gradas.
"Soy una persona espontánea. No diría que valiente. Si algo me inquieta, lo digo directamente a la cara", explica, y añade que precisamente esa forma de ser le causó problemas en la Federación Polaca de Atletismo en tiempos de la República Popular de Polonia.
Al margen de las motivaciones de Kozakiewicz, su gesto se convirtió entonces para los polacos en un símbolo y lo sigue siendo hoy. El atleta incluso bromea con que lo persigue, sin pausa desde Moscú 1980, aunque, en el balance general, cambió su vida para mejor.
Preguntado directamente si hoy haría un gesto parecido hacia algunos dirigentes mundiales, Kozakiewicz no duda: "Por supuesto que sí. Ahora mismo podría dedicarle ese gesto a Donald Trump, Vladímir Putin o Benjamín Netanyahu. Y no creo que hoy me acarreara ninguna represalia, porque no soy el único. Todo el mundo piensa de forma parecida. Sigo creyendo que hay mucha gente a la que hay que hacerle ese gesto".
Kozakiewicz nació el 8 de diciembre de 1953 en Šalčininkai, en Lituania (entonces dentro de las fronteras de la URSS). Su familia polaca llegó allí como consecuencia del desplazamiento de fronteras tras la Segunda Guerra Mundial. No fue repatriada a Polonia hasta 1957, cuando se instaló en Gdynia.
Entre los principales logros de Kozakiewicz figuran el récord de Polonia en salto con pértiga (1973, 5,32 m), la medalla de plata en el Campeonato de Europa (1974), el récord de Europa (1975, 5,60 m), los oros en los Europeos en pista cubierta (1977 y 1979) y, como culminación de su carrera, el oro y el récord mundial en los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. En 1985 emigró a Alemania, donde todavía conquistó en dos ocasiones el título nacional (1986 y 1988) y estableció el récord de Alemania Occidental en salto con pértiga (5,70 m).
La conversación se realizó durante el segundo 'International Family Business Summit'.