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11 meses sin lluvia, malas cosechas y hambre: La megasequía de 1540

La ola de calor del milenio de 1540: cómo apenas llueve durante 11 meses
La ola de calor del milenio de 1540: 11 meses casi sin lluvia Derechos de autor  (c) Copyright 2022, dpa (www.dpa.de). Alle Rechte vorbehalten
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Por Franziska Müller
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Hace casi 500 años, una sequía sin precedentes convirtió Europa central en un paisaje árido, secó ríos y quemó cosechas, murieron personas y animales, la megasequía de 1540 muestra hoy los riesgos de la ola de calor extrema.

Un año en el que no llueve durante 11 meses seguidos resulta hoy casi inconcebible. Sin embargo, Europa central vivió esa fase de sequía hace aproximadamente 486 años.

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Cuando enero de 1540 arrancó seco, la población aún no sabía cuánto tendría que esperar hasta la siguiente lluvia de verdad. Un equipo internacional de investigadores ha estudiado esta denominada "megasequía".

A partir de más de 300 informes meteorológicos documentales de primera mano, los científicos reconstruyeron la magnitud de la sequía de 1540. El trabajo estuvo liderado por Oliver Wetter, de la Universidad de Berna, y el estudio se publicó en 2014 en la revista especializada 'Climatic Change'.

En los informes procedentes de Francia, España, Italia y Alemania se describía la sequedad del suelo, lo que permitió extraer conclusiones sobre las temperaturas. Otros relatos sobre los niveles de los ríos y sobre incendios en campos, bosques y asentamientos respaldaron los resultados. En total, un área de entre dos y tres millones de kilómetros cuadrados sirvió de base para la investigación.

Un invierno cálido "como en julio"

"Solo llovió tres días en marzo", anotó el viticultor Hans Stolz en Alsacia. Las noches en Europa central eran despejadas y llenas de estrellas, durante el día el sol brillaba de forma constante incluso en los meses de invierno. Apenas había nieve, apenas hielo. En cambio, en Rusia la población se quejaba de nevadas persistentes y lluvias torrenciales.

Incluso a metro y medio bajo el lecho de algunos ríos suizos no se encontraba "ni una gota", dejó escrito en verano el cronista Hans Salat. Otros testimonios relataban que incluso grandes cursos de agua como el Elba, el Rin y el Sena "eran tan pequeños que se cruzaban a pie". Es algo que estamos empezando a ver en 2026 en el Danubio.

La primavera fue soleada y completamente seca, entre febrero y el 29 de septiembre no habría habido ni un solo día ni una sola noche de lluvia, según dejó constancia el reformador de Zúrich Heinrich Bullinger.

Hoy los meteorólogos saben que la sequía en el sur suele ser un aviso de calor prolongado en el norte del continente. En el invierno de 1540 se recogieron en Italia, por ejemplo, notas que señalaban que hacía calor y que el tiempo era "como en julio", según consta en una crónica meteorológica. En España se organizaron desde octubre de 1540 incluso procesiones de rogativa para pedir lluvia.

Los testimonios históricos, como las anotaciones de agricultores, viticultores y otras personas, informan sobre la ausencia de precipitaciones, pero se considera que esos datos son incompletos y reflejan impresiones personales y subjetivas.

Suelos agrietados, cauces de río vacíos

Según otra crónica, las grietas en el suelo eran tan profundas que la gente podía dejar colgando los pies dentro de ellas. El terreno reseco además dejaba de refrescarse, porque la evaporación se volvía imposible. "Cuanta menos humedad hay disponible para la evaporación, más se calienta el aire", explicó uno de los investigadores, Christian Pfister, de la Universidad de Berna, en el congreso Eco de 2017.

Según otra crónica, las grietas en el suelo eran tan profundas que la gente podía dejar colgando los pies dentro de ellas (imagen de archivo).
Según otra crónica, las grietas en el suelo eran tan profundas que la gente podía dejar colgando los pies dentro de ellas (imagen de archivo). (c) Copyright 2026, dpa (www.dpa.de). Alle Rechte vorbehalten

En 1540, como mínimo en tres veces más días de lo habitual, las temperaturas superaron los 30ºC. El agua empezó a escasear. Faltaba no solo en los suelos y para la agricultura, también afectaba a los animales y a las personas, que apenas encontraban nada en sus campos. De media en Europa central, según Christian Pfister de la Universidad de Berna, a lo largo de todo el año 1540 habría caído solo un tercio de las precipitaciones habituales.

Los animales morían de sed y de golpes de calor, las personas se desplomaban mientras trabajaban. La ola de calor y la sequía tuvieron también efectos sociales, se produjeron tensiones, persecuciones y ejecuciones, y aumentó el miedo a la violencia. Los pozos que aún no se habían secado se vigilaban estrechamente. Se propagaron enfermedades ligadas al agua contaminada.

Consecuencias de la sequía, sin cosecha, sin ingresos, sin comida

En muchos lugares las cosechas apenas dieron rendimiento. Según los informes de Ulm, los árboles ya habían perdido sus hojas en agosto. Y el suelo seco, atravesado en muchos puntos por grietas, era muy inflamable, en una época en la que el fuego era la principal fuente de luz y calor para cocinar y trabajar.

Según los investigadores, especialmente en Alemania se destruyeron por incendios más localidades que nunca en tiempos de paz. Las llamas avanzaban sobre hojas, ramas y matorrales completamente secos. La vegetación reseca hacía que los incendios se descontrolaran con especial rapidez.

A principios de junio de 1540 hizo tanto calor que incluso los canteros de la ciudad francesa de Besanzón obtuvieron días libres. En julio el nivel de varios ríos cayó hasta mínimos históricos. El nivel del lago Constanza también descendió a un récord a la baja y, según los relatos, la ciudad de Lindau, situada en una isla, habría quedado unida al continente.

Según una crónica de Ratisbona, todo lo que debería haber crecido en el campo se había quemado y los animales se habían muerto de hambre. Así lo recoge un artículo de la 'Bundeszentrale für politische Bildung' sobre las consecuencias de la sequía. Según ese texto, los bosques y las estructuras de madera también ardieron.

La sequía de 1540 no refuta el cambio climático

La megasequía de 1540 muestra sobre todo una realidad, los episodios extremos de calor y de sequía ya se producían mucho antes de la industrialización. El clima siempre ha oscilado de forma natural. El equipo de Oliver Wetter subraya que probablemente aquel episodio se debió a una combinación excepcional de situaciones meteorológicas naturales.

Al mismo tiempo comprobaron que los modelos climáticos actuales apenas logran reproducir un fenómeno de esa magnitud, lo que apunta a lo extraordinaria que debió de ser la situación meteorológica de entonces.

Para los expertos en clima, por tanto, aquella sequía del siglo no es un argumento contra el cambio climático de origen humano. Lo decisivo no es si un episodio extremo podría darse también sin la influencia humana, sino con qué frecuencia y con qué intensidad se producen esos eventos.

El calor y las sequías prolongadas transforman el suelo y, en el peor de los casos, arruinan la cosecha (imagen de archivo).
El calor y las sequías prolongadas transforman el suelo y, en el peor de los casos, arruinan la cosecha (imagen de archivo). Copyright 2022 The Associated Press. All rights reserved

Más bien, el calentamiento adicional del planeta modifica las condiciones de partida sobre las que se desarrollan los fenómenos meteorológicos extremos. Estudios sobre la denominada 'Event Attribution' muestran que las situaciones meteorológicas naturales y el cambio climático antropogénico pueden actuar de forma simultánea, la circulación atmosférica general desencadena una ola de calor, pero el calentamiento global aumenta su intensidad y su probabilidad.

También el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change) llega a esa conclusión. Aunque resulta difícil atribuir de forma inequívoca al cambio climático episodios de sequía concretos en distintas partes del mundo, está bien documentado que desde mediados del siglo XX los extremos de temperatura cálida se han vuelto mucho más frecuentes. Para muchas regiones de Europa, los científicos esperan además periodos de calor más largos e intensos, así como un aumento de la aridez en partes de la región mediterránea.

El calor figura entre los mayores riesgos naturales

Ya hoy el calor se considera una de las amenazas naturales vinculadas al tiempo más mortales en Europa. Solo la ola de calor de 2003 se relaciona con alrededor de 70.000 muertes adicionales. En los últimos años se han sumado otros veranos excepcionalmente cálidos, que han provocado decenas de miles de fallecimientos atribuibles al calor.

A diferencia de lo que ocurre con inundaciones o tormentas, muchas personas no mueren de forma inmediata por el calor en sí, sino por sus efectos sobre el sistema cardiovascular, la respiración o enfermedades previas. Junto con las sequías, el calor extremo se considera hoy, según la investigación climática, uno de los riesgos cuya importancia en Europa seguirá aumentando en las próximas décadas.

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