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"La gente se va a reinventar": La resistencia de un sastre portugués frente a la moda rápida

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Sastre Derechos de autor  Euronews/ Bruno Figueiredo
Derechos de autor Euronews/ Bruno Figueiredo
Por Diana Rosa Rodrigues
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En plena era de la moda rápida, Paulo Battista es uno de los pocos sastres que mantiene vivo con éxito el oficio de la sastrería en Portugal.

Entre moldes, tijeras e hilos nos adentramos en un oficio centenario pero cada vez más raro. En el taller de Paulo Battista, situado en una calle paralela a la Avenida da Liberdade de Lisboa, un traje cobra forma a partir de tejidos en bruto y del ingenio de quien aprendió este arte hace más de 20 años.

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"Suelo decir que fue la sastrería la que me descubrió a mí", cuenta Paulo Battista a 'Euronews', y subraya que nunca tuvo ninguna relación con este oficio ni con la industria de la moda o la costura antes de empezar su formación.

Un traje completo, con chaleco, puede llevar hasta 60 horas de trabajo. En este taller, además del sastre que le da nombre, trabajan también costureras que ayudan a dar forma a las piezas que aquí se realizan.

Todo el proceso se lleva a cabo en este espacio, desde el concepto de cada prenda hasta su confección. En la mesa de trabajo, donde mide, marca y corta los tejidos de origen británico con los que da forma a los trajes, Paulo Battista explica que en Lisboa solo son dos los sastres que mantienen vivo el oficio.

"Hice mi curso de corte en Madrid, con 21 españoles, y creo que de esos 21 españoles, a día de hoy, soy de los pocos que aún siguen en la profesión", explica.

"Mientras haya necesidad, habrá oportunidad"

Paulo Battista es así de los pocos que aún insiste, con éxito, en mantener vivo el oficio de la sastrería. En un mundo cada vez más inmediato y "desechable", cree que "las profesiones no van a morir", entre otras cosas porque "mientras haya necesidad, habrá oportunidad".

Paulo Battista controla todo el proceso, desde el diseño hasta la confección de cada prenda
Paulo Battista controla todo el proceso, desde el diseño hasta la confección de cada prenda Euronews/ Bruno Figueiredo

Ante el crecimiento de una industria que produce de forma masiva, este sastre considera que la profesión puede verse afectada y tendrá, con toda seguridad, que adaptarse.

"Mientras haya necesidad, la gente se va a reinventar. Ahora bien, creo que probablemente el sastre de aquí a 20 años no trabajará como trabajo yo, que es igual que se hacía hace 30 y 40 años, porque yo solo aprendí de esa manera. Creo que se irán adaptando."

Hacer un traje a medida puede ser, para algunos, un lujo inasumible. Pero, en un mundo cada vez más dominado por la 'fast fashion', una prenda que dura toda la vida solo resulta cara a ojos de algunos.

"Cuando alguien se queja de que hacer un trabajo a medida es caro, siempre pregunto cuánto tiempo cree que le va a durar el traje. Si es para usarlo dos veces, probablemente es caro. Pero si realmente un traje dura 20 o 30 años, si se diluye el precio en los años de durabilidad, estoy seguro de que sale mucho más barato que la 'fast fashion'."

Paulo Battista es uno de los nombres más conocidos de la sastrería en Portugal.

A menudo se le recuerda como "el sastre de los famosos", ha vestido a varias personalidades, entre ellas el presentador Manuel Luís Goucha, futbolistas como Bruno Fernandes e incluso al actual seleccionador nacional, Jorge Jesus.

La mayoría de los nuevos clientes llega a este taller a través de recomendaciones y del boca a boca. Más que un traje a medida, estos clientes viven una experiencia, como mínimo, distinta a la de una tienda, incluso de lujo.

"Esto es casi como el barbero, es casi como nuestro abuelo, nuestro padre, que se cortaron el pelo toda la vida con el mismo barbero. No quiere decir que ese barbero fuera el mejor del mundo, pero era la relación que creaba con esa persona", explica.

"Lo cierto es que el cliente, cada vez que viene aquí, acaba por quedarse, debido a la relación que se crea, y sé que, incluso pagando más en estas tiendas de la Avenida da Liberdade, no existe esta proximidad ni esta relación, estos lazos que se crean aquí."

"Suelo decir que vienen a charlar un rato y me hacen el favor de encargar el traje", confiesa entre risas el sastre, que explica que a veces el sastre conoce mejor los gustos de un cliente que el propio cliente.

"Siempre que llegan tejidos nuevos y una nueva colección, los voy viendo y pienso: mira, este sería para A, este para B, este le quedaría bien a C... y casi nunca me equivoco".

La UE prohíbe destruir ropa que no se vende

Este sastre mantiene un oficio que sobrevive gracias a la minuciosidad, el tiempo y el detalle, frente a lo rápido y desechable. La industria textil no se detiene, con una producción creciente y un consumo que aumenta cada año.

Con ello llegan los costes medioambientales, y la Agencia Europea de Medio Ambiente explica que, en 2022, la industria ocupaba de media el quinto lugar entre las 12 categorías de consumo doméstico en lo que respecta al uso de materias primas, las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso de agua y suelo.

Según los datos más recientes, el consumo de productos textiles por persona en la Unión Europea aumentó de 17kg en 2019 a 19kg en 2022, suficiente para llenar una maleta grande de viaje.

Además de la producción, esta industria está lastrada por el desperdicio, ya que cada año se tiran en la UE cerca de cinco millones de toneladas de ropa, unos 12kg por persona. Solo el 1% de la ropa usada se recicla realmente en nuevas prendas.

"Contaminas para producir y contaminas para destruir", recuerda Paulo Battista. "Es una locura. Y no es solo en la parte textil, creo que la sociedad es cada vez más desechable", admite el sastre.

Este año ha entrado en vigor el reglamento europeo que prohíbe la destrucción de ropa, complementos y calzado no vendidos por grandes empresas, con el fin de promover la reutilización, el reciclaje y la economía circular en una de las industrias consideradas más contaminantes del mundo.

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