La pretensión del Gobierno de Rumanía de elevar el caudal del brazo del Bala en unos 10 centímetros para alimentar a la central de Cernavodă ha tenido consecuencias insesperadas: tras hacer explotar la formación rocosa de Pârjoaia, las corrientes ahora son demasiado fuertes para seguir el proceso.
El Danubio se rebela. La obra de ingeniería hidráulica con la que Rumanía ha jugado a modificar el curso y cauce de uno de los ríos más importantes no solo de este país, sino del conjunto de Europa, ha tenido consecuencias inesperadas.
La explosión artificial de las rocas hundidas de Pârjoaia, con la que los operarios pretendían desviar gran parte del caudal del brazo del Bala danubiés hacia otro ramal donde se encuentra la central nuclear de Cernavodă, fue exitosa. No obstante, esta operación (mediante la cual se pretende alimentar a la planta energética, mientras el río se ve afectado por la sequía generalizada en toda Europa) contemplaba una segunda fase que aún no puede gestionarse.
Los operarios pretendían hundir varias rocas en el lecho del histórico río mediante una serie de barcazas para, tras haber desviado exitosamente el cauce, aumentar así mismo también su caudal en unos 10 o 12 centímetros. ¿El problema? La voladura controlada de Pârjoaia ha generado unas corrientes peligrosas que impiden al equipo acceder con las barcazas hasta la zona.
A Apele Române, la institución pública nacional que administra los recursos hídricos del Estado, no parece preocuparle demasiado. "Se prevé una estabilización de los caudales en 1 400 metros cúbicos por segundo", asegura su portavoz, Ana-Maria Agiu. "Las previsiones indican que hemos ganado entre dos y tres días adicionales para mantener los caudales mínimos necesarios para el funcionamiento de la central nuclear de Cernavodă".
No obstante, el hudimiento de las barcazas sigue siendo imprescindible para que el nivel del agua suba otros 10-12 centímetros y se pueda prolongar el funcionamiento seguro del reactor 2 de Cernavodă, aseguran los expertos. "Puede que sea necesario aumentar el presupuesto asignado, dado que no estamos identificando nuevos tipos de soluciones de intervención", ha admitido el secretario de Estado del Ministerio de Transportes rumano, Ionel Scrioșteanu.