En Basilea los bañistas pueden dejarse llevar por el río al volver a casa, pero en muchos ríos alemanes está prohibido. El Rin también pasa por aquí, ¿por qué dos países lo gestionan de forma tan distinta?
La temperatura en Basilea es de 32ºC. En el puente la gente come helado, mientras bajo el puente aparecen una y otra vez bañistas que se dejan arrastrar por la corriente del Rin. Porque en Basilea está permitido bañarse en el río, pese al tráfico internacional de mercancías y otras actividades de ocio.
"Una parte del río en el tramo urbano está delimitada con boyas", explica Tim Edler a Euronews. Aquí conviven bañistas, usuarios recreativos y navegación fluvial en estrecha proximidad. Tim Edler es cofundador de Flussbad Berlin, una asociación que quiere convertir el río Spree en Berlín en un lugar apto para el baño. Su última visita a la ciudad fue con motivo del Swimmable Cities European Forum en Basilea. El objetivo de esta red es volver a hacer accesibles los cursos de agua urbanos y que estén lo bastante limpios para poder bañarse en ellos.
Y en Basilea eso ya es una realidad, incluso "uno de los rasgos centrales de la ciudad", como lo describe Edler. La ciudad suiza es considerada el Meca del baño en ríos dentro de las grandes urbes. "Para muchas personas que viven y trabajan aquí, el Rin es una parte importante de su vida cotidiana", afirma también el presidente del Gobierno de Basilea, Conradin Cramer, a SRF.
Bañarse en el río no es un regalo de la naturaleza
A mediados de agosto unas 4.500 personas han dado ejemplo. Tim Edler también participó en el tradicional baño en el Rin, un evento anual en Basilea. El tramo de baño, de unos dos kilómetros, discurre desde Kleinbasel río abajo hasta el puente Johanniter. El baño seguro es posible gracias a normas claras y buena información, explica Christoph Bosshardt, responsable de la promoción de Basilea, en declaraciones a SRF.
El agua limpia por sí sola no basta. "Las duchas, escaleras, puntos de acceso, planes de rescate y normas claras son igual de importantes", añade Bosshardt a la empresa mediática suiza. En Basilea la infraestructura a lo largo del Rin se ha desarrollado de forma planificada durante años.
A raíz de un grave incendio en 1986 en el almacén de una fábrica química de Basilea no solo se vertieron productos químicos al Rin, sino también toneladas de agua de extinción contaminada. Siguió un auténtico ecocidio y un replanteamiento de cómo debía utilizarse el río en el futuro. Basilea no tiene por casualidad un Rin limpio y apto para el baño, sino que ha trabajado durante décadas para conseguirlo. Edler lo resume así: "Es algo que se puede lograr mediante cambios persistentes y bien dirigidos".
Por qué el Rin es apto para el baño en Basilea pero no en Colonia y Düsseldorf
Edler, que también quiere introducir el baño en la Spree berlinesa, ve el problema de fondo en la forma de gestionar las masas de agua. "La condición más importante que se da en Basilea no es la calidad del agua, ni las orillas, ni los puertos, ni las instalaciones, sino la voluntad de permitir a la población un uso del río bajo su propia responsabilidad", afirma.
Porque en Basilea también son conscientes de que el Rin presenta corrientes fuertes y, como curso de agua rápido, entraña riesgos. La ciudad y la Sociedad Suiza de Salvamento SLRG, sección Basilea, ponen a disposición mapas en los que se señalan las zonas seguras.
En la página web (fuente en alemán) de la ciudad de Basilea se pueden consultar avisos sobre el nivel del agua y la temperatura. El agua debe estar al menos a 18ºC, se recomienda nadar siempre acompañado y no abandonar las zonas de baño señalizadas. En Basilea, por tanto, existe plena conciencia de que nadar en el río conlleva peligros.
"La administración y la política no tienen como misión proteger a la ciudadanía de estos riesgos de forma absoluta, sino crear las condiciones para que se pueda hacerles frente de modo razonable", considera Edler. Para él, información concreta y normas claras son una opción mejor que las prohibiciones.
Basilea se encuentra en el punto donde confluyen Suiza, Francia y Alemania. Aquí el Rin marca incluso la frontera directa entre los tres países. Si desde Basilea se nada unos cientos de metros más, "se llega a Francia, donde está prohibido, y al otro lado, en Alemania, también está prohibido", explica Edler a Euronews. Se trata del mismo río, pero se percibe de forma muy distinta.
Por qué fracasa el baño en los ríos en Alemania
En Alemania, el Rin está hoy por hoy muy lejos de ser una gran piscina pública. A unos 500 kilómetros al norte de Basilea se encuentra Colonia. Allí, y también en la vecina Düsseldorf, bañarse o nadar en el Rin está estrictamente prohibido en todo el término municipal. Quien incumpla la prohibición se expone a multas de hasta 1.000€.
Estas prohibiciones rigen en las grandes ciudades desde finales del pasado verano de 2025. La ciudad de Colonia lo justifica por los numerosos accidentes mortales ocurridos durante el baño. "El Rin es especialmente peligroso porque no se perciben los remolinos y el efecto de succión que se crean, entre otros factores, por el paso de los barcos", explican las autoridades municipales. Düsseldorf y otras ciudades ribereñas han adoptado la misma prohibición.
Edler se pregunta, sin embargo, por qué el baño resulta tan peligroso. En especial el Rin está dedicado a la navegación, su cauce se ha modificado en parte para ello. Para conseguirlo se han construido las llamadas espigas o espolones, franjas de grava o diques de piedra que se adentran en el río. En esos puntos se generan corrientes con un fuerte efecto de succión hacia el canal de navegación.
"Si alguien cae al agua desde uno de esos espolones, se encuentra automáticamente en una zona de remolinos mortales", advierte también Edler. "Es realmente extremadamente peligroso", considera, y ve razonable un primer paso de prohibir el baño. A largo plazo, sin embargo, argumenta en contra: "La cuestión es que esos espolones no han caído del cielo".
La navegación tiene prioridad en Alemania
"Lo que tenemos, ante todo, es una administración que acondiciona el río en las zonas centrales de la ciudad únicamente según los criterios de optimización de la navegación", explica Edler. En muchas grandes ciudades alemanas el Rin no es apto para el baño porque se concibe exclusivamente como infraestructura económica.
"Es escandaloso que estas prohibiciones no vayan acompañadas de la obligación de mejorar la situación", afirma Edler. Para Edler, el problema no es tanto la prohibición de bañarse. Lo realmente problemático es que primero se han creado unas condiciones de ribera peligrosas y después simplemente se prohíbe el baño.
Según Edler, la prohibición debería haber ido acompañada de condiciones para los gestores del Rin, en este caso el Estado federal: "[El baño] tenemos que prohibirlo, pero en cinco años, querido Estado, habrás remodelado la orilla de tal manera que podamos volver a dejar entrar a la gente", propone Edler dirigiéndose a la administración federal.
De hecho, en el término municipal de Colonia hubo en el pasado varias zonas de baño. "El informe de la administración municipal contabiliza para 1913 en Colonia un total de seis balnearios públicos, cinco instalaciones de baño en el río y una playa", explicó el consistorio. Las zonas en las que se podía nadar se delimitaban y se aseguraban. Hoy se siguen buscando espacios donde puedan establecerse excepciones. Estas evaluaciones, señalan, llevarán tiempo.
Una estructura histórica, hoy prácticamente inalterada
El conflicto entre la navegación, la gestión del río por parte del Ministerio federal de Transporte y la demanda social de uso para el baño también se da en Berlín. Precisamente aquí Edler critica con dureza la prohibición de bañarse: "La Spree en Berlín es un río del que se puede decir que hace tiempo dejó de servir al transporte y se dedica sobre todo al disfrute".
Según Edler, tanto la Spree como el canal de la Spree se gestionan con una visión equivocada, la de que ante todo deben ser una vía de navegación. Rige una prohibición general de bañarse. La Spree sigue siendo una vía fluvial federal y es utilizada también por barcos de mercancías. Sin embargo, en el tramo urbano de Berlín el transporte clásico de mercancías desempeña un papel relativamente reducido. Lo que domina hoy es sobre todo la navegación de pasajeros y de ocio.
El Senado de Berlín indica, por ejemplo, que la navegación de pasajeros genera alrededor del 60 por ciento de las emisiones de CO² del tráfico fluvial interior de la ciudad. Si una parte significativa del uso actual es local y turístico, Edler se pregunta si la Spree berlinesa debe seguir gestionándose con las mismas prioridades que una ruta de transporte de mercancías de importancia supraregional.
"La prohibición general vigente en Berlín bloquea cualquier proyecto, cualquier iniciativa, cualquier desarrollo positivo del curso de agua", sostiene Edler, que ve potencial para crear zonas de baño públicas en la Spree. Con su asociación Flussbad Berlin quiere llamar la atención sobre ello y convoca cada mes una acción de 'baño de protesta', también el 20 de agosto. En plena campaña para las elecciones al Parlamento regional acuden asimismo representantes de los partidos.
Edler habla de subvenciones de hasta 1.000.000€ que no pueden utilizarse porque la prohibición general frena un proyecto piloto. "Tenemos, por ejemplo, fondos concretos para una zona de baño piloto en el canal de la Spree, por el que ya no circulan barcos", explica Edler, "pero esta inversión no puede materializarse porque nadar en el canal de la Spree está prohibido". La prohibición elimina el incentivo político y práctico para crear siquiera las condiciones de un baño seguro.
Estos fondos forman parte del Concepto Integrado de Desarrollo Urbano (ISEK) para el centro de Berlín. Con él se pretende revalorizar el centro histórico. Sin embargo, la administración se topa en la ejecución con límites en los que deberían intervenir el Senado y, en última instancia, el nivel federal.
Edler se muestra frustrado por la falta de avances. "Si como sociedad no conseguimos desarrollar la idea de que el agua en la ciudad forma parte del espacio público y pertenece a las personas, es casi imposible sacar adelante proyectos en esa dirección". Aun así está convencido de que tarde o temprano el baño en los ríos llegará también a muchas ciudades alemanas.
Porque ya es tema de debate en todas las regiones desarrolladas y acomodadas, sobre todo en ciudades europeas. Así, un evento de Swimmable Cities (fuente en alemán), la organización que también impulsó el foro de Basilea, ya se ha celebrado en Róterdam. Se han barajado ideas similares en el marco de los Juegos Olímpicos de París y en ciudades como Londres o Ámsterdam.
El baño en los ríos, una tendencia en Europa
"Ese cambio de mentalidad aún tenemos que completarlo aquí", afirma Edler. "Las demás condiciones, la calidad higiénica, la navegación, etcétera, son problemas abordables." En su opinión, en Europa el uso común de las aguas, especialmente en la ciudad, es solo cuestión de tiempo. "Ya no es aceptable que el río que atraviesa estas ciudades sea en realidad una cloaca tóxica, lo que se quiere es que el río se pueda experimentar y utilizar como espacio público", subraya Edler.
En París este verano está permitido bañarse los domingos por la tarde en el canal Saint-Martin. En esos horarios hay también socorristas presentes. "El ambiente en el lugar era muy relajado y acudía gente de todo tipo", explica Janett Koch, también miembro de la asociación Flussbad Berlin.
"El agua era muy agradable y tenía buen olor. Tenía espacio suficiente para nadar", describe Koch su experiencia. Se nada un poco en zigzag, admite. "Fue una auténtica maravilla poder refrescarse en un día caluroso de más de 30ºC. Después se vuelve al metro con otra energía", añade Koch.
Según ella, el acceso al canal es sencillo. "En el canal Saint-Martin solo hacen falta unas cuerdas para delimitar la zona de baño y un pontón con escaleras". Además existe un sistema de previsión de la calidad del agua. "Desde mi punto de vista, París podría permitir estas actividades de baño más allá de julio y agosto", concluye Koch.