La relación transatlántica ha cambiado profundamente desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. La llamada 'OTAN 3.0' simboliza ese nuevo equilibrio, con una Europa obligada a asumir más responsabilidad por su propia defensa. Pero ¿qué implica realmente para el futuro de la Alianza?
Incluso antes de que Donald Trump regresara a la Casa Blanca, Washington ya había dejado entrever su intención de desviar recursos de Europa, pero en el último año y medio ese giro se ha acelerado.
El segundo Gobierno de Trump ha anunciado con frecuencia retiradas de tropas y recortes de capacidades militares cruciales que ponía a disposición de la alianza, mientras el propio Trump ha ridiculizado reiteradamente a la OTAN como un "tigre de papel" e incluso ha amenazado con sacar por completo a Estados Unidos de la organización.
Para llenar los vacíos que deja la reducción continua de la presencia estadounidense, Europa y Canadá han aumentado de forma significativa su gasto básico en Defensa, con un acuerdo para destinar el 5% del PIB a Defensa de aquí a 2035.
Conocido como 'OTAN 3.0', este modelo supone en la práctica la aplicación del plan de Washington para reducir de forma sustancial su contribución militar a la Defensa de Europa en el marco de la OTAN. A medida que Estados Unidos se repliega del continente, Europa tendrá que asumir más responsabilidad e intentar cubrir los huecos que se abran.
Lo significativo es que el concepto de 'OTAN 3.0' se elaboró en Estados Unidos, en concreto por el subsecretario de Guerra Elbridge Colby, que desde hace tiempo aboga por una revisión completa de la política estadounidense hacia Europa.
Los críticos sostienen que la 'OTAN 3.0' supone en la práctica una disminución del compromiso de Washington con la seguridad europea y representa un giro de fondo respecto a la idea fundacional de que la seguridad de Europa y la de Estados Unidos son indisociables.
Colby sí admite que Estados Unidos debería mantener una presencia en Europa, y la pertenencia de Estados Unidos a la OTAN sigue contando con apoyo bipartidista en el Congreso. Con todo, Washington ya ha retirado capacidades y fuerzas clave necesarias para disuadir futuros ataques contra territorio aliado, justo cuando la agresión rusa arrecia en Ucrania y los aliados sufren frecuentes incursiones de drones y ataques híbridos.
"Los tiempos han cambiado", dijo Colby a los ministros de Defensa de la OTAN en Bruselas en febrero. "Estamos dando prioridad de nuevo a la defensa de nuestra patria y a la protección de nuestros intereses en nuestro hemisferio", afirmó.
Las nuevas prioridades de Washington
Y mientras los países de la OTAN lidian con las nuevas prioridades estratégicas de Washington y la incertidumbre que generan, la hostilidad frecuente de la Administración hacia Europa no invita a pensar que la 'OTAN 3.0' busque realmente una alianza más integrada y cohesionada.
Nada más regresar a la Casa Blanca, las relaciones entre Trump y sus aliados empezaron a deteriorarse. La insistencia del presidente en que quiere "adquirir" Groenlandia, un territorio semiautónomo de Dinamarca, aliada de la OTAN, ha minado gravemente la confianza europea en Washington, quizá de forma irreversible.
Luego llegó la campaña militar de Trump en Irán. La negativa de los aliados de la OTAN a implicarse ha tensado aún más las relaciones, y Trump ha acusado a los países europeos de abandonar sus obligaciones con Washington.
Italia y España negaron a las fuerzas estadounidenses el acceso a bases en sus territorios, y Francia rechazó permitir a Israel el uso de su espacio aéreo para transportar armas estadounidenses destinadas a emplearse en Irán.
Sin embargo, las afirmaciones de Trump no resisten un análisis detallado, sobre todo porque los Estados miembros de la OTAN no fueron consultados antes de los primeros ataques contra objetivos iraníes. Reino Unido, Alemania y Rumanía –que recientemente aprobó el despliegue de capacidades militares adicionales de Estados Unidos en su territorio en apoyo de la guerra en Irán– han concedido derechos de uso de bases y reabastecimiento a Estados Unidos desde el inicio del conflicto, aunque con condiciones.
Además, una coalición liderada por Francia y Reino Unido ha preposicionado diversos medios, incluidos buques dragaminas, personal y buques de guerra, para ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz, la ruta marítima vital para el comercio mundial que permanece en gran medida cerrada desde que Estados Unidos inició su campaña. Los precios del petróleo, el gas y otras materias primas como los fertilizantes se han disparado como consecuencia.
Pese a estos esfuerzos, la ira de Washington contra los Estados europeos no ha remitido.
En junio, el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, arremetió contra sus aliados por su "vergonzosa" respuesta al conflicto con Irán y calificó a los socios de su país de "polizones". Durante un discurso ante sus homólogos de Defensa en la sede de la OTAN en junio, Hegseth anunció además una revisión del despliegue de tropas estadounidenses en Europa con vistas a reducir su número.
"El objetivo de esta revisión es mejorar la postura de nuestras fuerzas... y reforzar la 'OTAN 3.0'", dijo Hegseth a los ministros en Bruselas. "Es lo correcto para el pueblo estadounidense". "Europa puede y debe asumir la responsabilidad principal de su defensa convencional".
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha presentado la OTAN 3.0 como un refuerzo de la alianza y ha atribuido a Trump el mérito de haber presionado por fin a los Estados europeos para que asuman más responsabilidad en su propia defensa: los aumentos de gasto de europeos y canadienses se han acumulado en la última década hasta conformar lo que Rutte ha bautizado como "el billón de Trump".
Y Martin O'Donnell, jefe de Comunicación Pública en el Cuartel General Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa de la OTAN, celebró la revisión de fuerzas de Hegseth y declaró a 'Euronews' que permite a la OTAN "planificar mejor y de forma más realista en el caso de que, por ejemplo, estallara una guerra en el Pacífico, qué fuerzas podrían esperarse de Estados Unidos". "Eso es positivo para el comandante supremo aliado", añadió.
Una OTAN más fuerte
Pero sigue en el aire una cuestión clave: si la retirada de capacidades estadounidenses está mermando el poder disuasorio global de la OTAN. En este punto, Rutte se muestra optimista. "Estados Unidos ha ajustado sus contribuciones comprometidas y otros aliados han dado un paso al frente para aportar más", dijo a los periodistas el pasado junio. "Y esto es justo. Nos hace más fuertes, y de eso trata la 'OTAN 3.0', de una Europa más fuerte en una OTAN más fuerte", afirmó.
El mensaje contundente que llega desde Washington ha sido escuchado alto y claro por Europa y Canadá. Entre ambos gastaron el año pasado una cifra récord de 139.000 millones de dólares en Defensa, incluidos 60.000 millones en armamento estadounidense, según datos conjuntos de Washington y la OTAN. Y en el Foro de la Industria de Defensa de la OTAN celebrado en Ankara en julio se cerraron contratos y compras de material militar por más de 50.000 millones de dólares.
Uno de los anuncios más destacados fue la compra conjunta de hasta 10 aeronaves suecas Saab GlobalEye para sustituir a los veteranos Boeing estadounidenses del sistema aerotransportado de alerta y control, una muestra de la creciente influencia europea en la alianza y del compromiso de seguir ampliando el gasto militar.
En otra muestra de que Europa avanza hacia una mayor autonomía estratégica y hacia la gestión de su propia seguridad, en julio pasado 10 países europeos se comprometieron a crear una coalición antimisiles balísticos integrada y multinacional.
**"**Nos proponemos construir una capacidad compartida de Defensa antimisiles balísticos para Europa", señalaba una declaración de los miembros fundadores: Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Noruega, España, Suecia, Ucrania y Reino Unido. "Creemos que la protección de Europa exige una solución global basada en una arquitectura integrada de defensa antimisiles que disuada y derrote futuras amenazas de misiles", añadía el texto.
Al mismo tiempo, y quizá como uno de los indicios más claros del declive del compromiso de Washington con la OTAN, el Pentágono confirmó en junio a los principales estrategas militares de la alianza que estaba reduciendo el conjunto de capacidades militares disponibles para ayudar a los países europeos en caso de guerra o de ataque contra territorio de la OTAN.
Entre los numerosos medios que se están retirando figuran bombarderos B52, submarinos y cazas, y el número de aviones de combate F-16 y F-15E puestos a disposición pasará de unos 150 a 100. Entonces, ¿qué supondrá en la práctica la OTAN 3.0 para el futuro de esta alianza de 77 años de historia? Por ahora es demasiado pronto para afirmarlo con certeza, pero 'Euronews' ha hablado con expertos en la OTAN para recabar su valoración.
El nuevo orden
"Es realmente como poner pintalabios a un cerdo", dijo a 'Euronews' el exembajador de Estados Unidos ante la OTAN Ivo Daalder, que considera que el Gobierno de Trump "está lanzando el mensaje de que la seguridad de Europa ya no es importante para la seguridad de Estados Unidos".
"En esencia, las alianzas se basan en una percepción compartida de la amenaza y en la idea de que la seguridad de todos los miembros es indivisible; Donald Trump y su Gobierno han abandonado ambas premisas", afirmó.
"Estados Unidos ya no ve a Rusia como una amenaza relevante para su propia seguridad", añadió Daalder. "Llamarlo 'OTAN 3.0' es ponerle pintalabios al cerdo porque al menos se mantiene la esperanza de que Trump no abandone por completo la OTAN", dijo Daalder.
Ian Brzezinski, exsubsecretario adjunto de Defensa para Europa y la política de la OTAN, coincide en que el segundo Gobierno de Trump, en el fondo, ya no considera Europa un interés vital y que, por tanto, está dando un paso atrás no solo en su papel de garante externo de seguridad, sino también en la función moderadora que desempeñaba en los conflictos intraeuropeos.
"Los intereses vitales son aquello por lo que uno está dispuesto a luchar y a morir, y hay muchos en esta administración que ya no ven Europa con el mismo interés de antes", dijo Brzezinski a 'Euronews' en una entrevista desde su casa en Washington D.C.
"La Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional de esta Administración reflejan un abandono del arreglo posterior a la Guerra Fría. Soy escéptico con la 'OTAN 3.0'", afirmó.
Al retirarse de la seguridad europea, la Casa Blanca también está deshaciendo décadas de política exterior de la era de la Guerra Fría basada en la "defensa avanzada", por la que Estados Unidos invertía en una disuasión robusta en el exterior para impedir que la agresión llegara a su territorio.
Brzezinski advirtió además de que, sin un Estados Unidos comprometido que actúe como mediador, podrían resurgir las tensiones entre países europeos. "Me preocupan los europeos sin el liderazgo de Estados Unidos", señaló. "Seamos sinceros, antes de la OTAN y de la influencia positiva de Estados Unidos en el continente, Europa se estaba destrozando a sí misma con dos guerras mundiales".