Un informe de Ipsos y Socorro Popular Francés revela que un tercio de los ciudadanos recorta en sanidad o alimentación para pagar el combustible. En este 2026, el encarecimiento del crudo Brent agrava la vulnerabilidad económica en diez países del continente.
En toda Europa, la inseguridad económica se está convirtiendo en un elemento estructural de las condiciones de vida de las personas, y la pobreza energética agrava aún más su vulnerabilidad.
Aproximadamente el 29% de los europeos afirma vivir en situación precaria y el 73% teme no poder hacer frente al coste del combustible, según una encuesta anual de la empresa de estudios de opinión Ipsos y de la asociación francesa Secours populaire français (Socorro Popular Francés, SPF).
El estudio entrevistó a 10.000 personas de 18 años o más en Francia, Alemania, Grecia, Italia, Moldavia, Polonia, Portugal, Rumanía, Reino Unido y Serbia.
La guerra de Rusia en Ucrania y el conflicto en Oriente Medio han exacerbado la subida de los precios de la energía y los carburantes en Europa.
En medio de nuevos ataques contra el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, el crudo Brent superó los 100 dólares por barril el miércoles 9 de septiembre y se mantuvo firme la mañana del jueves.
Entre los 10 países europeos analizados, los encuestados griegos, italianos y portugueses son los más preocupados por el coste del combustible.
Los precios de la gasolina y el gasóleo alcanzaron un máximo histórico en Portugal el 7 de septiembre. Se trata del mayor repunte de los precios de los carburantes de los últimos cuatro años y del precio del gasóleo más alto de la historia.
Mecanismos de adaptación
Durante el último año, más de uno de cada tres europeos ha renunciado a gastos esenciales, como la alimentación y la atención sanitaria, para poder pagar sus facturas de energía o combustible, según el estudio.
En Moldavia y Grecia la población renuncia hasta tres veces más que en Alemania y Reino Unido. Ante el aumento del coste del combustible, las primeras renuncias afectan a las vacaciones, seguidas de las visitas a familiares que viven lejos.
Además, tres de cada 10 europeos dejan de usar el coche para ir al trabajo, aunque ello les suponga tardar mucho más en llegar.
De forma preocupante, el 23% de los encuestados ha dejado de acudir a consultas médicas debido al aumento de los costes.
Además, los europeos adoptan muchas otras estrategias para hacer frente a las facturas de energía, desde bajar o apagar la calefacción hasta ducharse con agua fría.
Casi siete de cada 10 encuestados han puesto en marcha al menos una medida para reducir sus facturas de energía, mientras que algo más de cinco de cada 10 afirman aplicar varias.
Por ejemplo, los encuestados franceses y griegos son los más proclives a apagar la calefacción en algunas habitaciones, mientras que los moldavos optan por no utilizar determinados electrodomésticos.