Estas afirmaciones alimentan una teoría de la conspiración más amplia que sostiene que los aerogeneradores provocan problemas de salud en las personas. Son acusaciones muy debatidas pero, hasta ahora, no se han demostrado.
Noruega hizo historia el 6 de marzo de 2024 cuando alcanzó un nuevo pacto de convivencia pacífica entre la comunidad sami y uno de los mayores parques eólicos terrestres de Europa.
El acuerdo concedía a los pastores de renos samis más terrenos de pasto invernal, electricidad parcialmente gratuita y el derecho de vetar futuras concesiones de parques eólicos, a cambio de permitir que las 151 turbinas operadas por Roan Vind permanecieran en el distrito costero de Fosen.
Sin embargo, dos años después, la historia se vio trastocada por un relato falso difundido en redes sociales, con cientos de miles de visualizaciones, que aseguraba que el Tribunal Supremo de Noruega había ordenado retirar las turbinas. Las publicaciones sostenían que el tribunal lo había hecho porque los aerogeneradores estaban provocando el nacimiento de renos deformes.
Como ocurre a menudo con las noticias falsas, había un cierto poso de verdad, el tribunal sí dictaminó en 2021 que las licencias de explotación del parque eólico eran inválidas, pero únicamente porque el proyecto vulneraba los derechos culturales del pueblo sami, no por ningún problema de salud en los animales.
Conspiración de los renos deformes:
Esta conspiración se alimenta de una teoría más amplia que sostiene que las turbinas provocan problemas de salud relacionados con su infrasonido y el ruido de baja frecuencia, generalmente entre 35 y 45 dB.
Por ejemplo, algunos sostienen que causan acúfenos, dolor de oído, vértigo e incluso dolor de espalda y envejecimiento acelerado.
Sin embargo, un amplio cuerpo de trabajos científicos señala que no hay pruebas de que vivir cerca de aerogeneradores correctamente instalados esté asociado a efectos negativos para la salud.
"Según los resultados y el mérito científico de las investigaciones realizadas hasta la fecha, nuestra opinión es que el conjunto de las pruebas sugiere que, cuando se ubican correctamente, los aerogeneradores no guardan relación con efectos adversos para la salud", señala un artículo publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina.
"Esta afirmación está respaldada (y formulada) por los hallazgos de varios organismos públicos de salud y agencias médicas, así como por decisiones judiciales", prosigue. "Otras hipótesis apuntan a que el estrés podría estar relacionado con estímulos visuales desagradables o incluso con una sensación general de preocupación por las turbinas".
De hecho, algunas personas que viven cerca de aerogeneradores han denunciado dolores de cabeza, estrés y trastornos del sueño, pero los investigadores apuntan a que estos se deben a la molestia, a los estímulos visuales o incluso al efecto nocebo (cuando alguien experimenta síntomas reales porque espera que algo sea dañino), más que al sonido que puedan generar las turbinas. En cualquier caso, no existen informes científicos que atribuyan el nacimiento de renos deformes en Noruega o en otros lugares a la presencia de aerogeneradores.