Una tecnología que combina cámaras y sensores con Inteligencia Artificial permite que esta parafarmacia funcione, los empleados solo entran para reponer los productos que faltan.
Sin colas, sin esperas, sin empleados. En Lisboa, esta parafarmacia solo tiene en su interior los productos a la venta. No hay nadie para atender en el establecimiento, situado en la zona del Parque das Nações. Es una innovación en el sector farmacéutico que busca liberar al farmacéutico de funciones ajenas a su labor especializada.
"Cada vez apostamos más por soluciones que nos permitan reservar a los farmacéuticos y a los profesionales que tenemos para la parte clínica y reducir el tiempo que dedican a funciones puramente comerciales", explica Catarina Dias, farmacéutica responsable de Pharma&Go.
"Es una parafarmacia y lo que intentamos ofrecer aquí es todo aquello que las personas pueden comprar de forma autónoma, pudiendo hacerlo cualquier día de la semana, a cualquier hora. El proyecto viene a responder a lo que la gente busca en términos de comodidad y practicidad", explica la responsable de la tienda a Euronews.
El proceso de compra puede parecer extraño al principio, pero en realidad es sencillo.
La experiencia del consumidor empieza en la puerta del establecimiento, con la presentación de un medio de pago, como una tarjeta de crédito o débito. Una vez validado, el cliente puede entrar y comenzar el proceso de compra. Aquí es importante tener en cuenta algunos detalles: tras cerrarse la puerta, la tarjeta presentada queda asociada a todas las personas que entren en ese momento y, en consecuencia, a todos los productos que se lleven hasta el momento del pago.
"La puerta se abre, entran en la tienda, recogen el producto que quieren comprar y salen. Automáticamente, cuando salen, los productos que se llevan se cargan en la tarjeta con la que validaron la entrada. No hay cajas, no hay colas, no hay ningún tipo de fricción ni complicación", explica Catarina Dias.
El seguimiento se realiza mediante una tecnología combinada de cientos de cámaras y sensores, que permite monitorizar tanto al cliente como los productos en la tienda. Todo ello se complementa con tecnología de Inteligencia Artificial, capaz de determinar los productos que se recogen y se llevan hasta el momento de la compra.
El cliente tiene control total sobre el proceso de compra
La automatización total garantiza la privacidad y el control de la experiencia de compra por parte de cada cliente.
"El cliente entra en la tienda y puede estar el tiempo que quiera. Puede tener una experiencia de compra rápida, de entrar, coger lo que necesita y salir en menos de un minuto. No hay colas, no hay cajas, no hay nada que dificulte su recorrido en la tienda. O puede venir, leer los ingredientes de treinta productos y estar aquí media hora eligiendo antes de llevárselos", explica la responsable del espacio, que señala que este ofrece a los consumidores "la opción de hacer su recorrido de compra a su ritmo".
El espacio abrió en noviembre y ha ido ganando nuevos clientes mes a mes. "Cada mes tenemos más clientes que el mes anterior. Creo que la gente está empezando a perder el miedo a esta nueva solución tecnológica", indica Catarina Dias.
Aunque el proyecto es reciente, el margen de error de la solución es mínimo. "Estamos hablando de tasas de error inferiores al 2%, por tanto, muy bajas. Cada vez más los clientes compran, vuelven, se lo cuentan a los amigos y, efectivamente, ha sido un crecimiento constante a lo largo de estos meses".
El error es mayoritariamente humano
El proyecto está en permanente evolución, con la tecnología afinándose con cada nuevo cliente. El margen de error del software, aunque reducido, existe, pero se debe sobre todo al comportamiento humano.
"Día a día tenemos más personas que entran en la tienda, que comprenden cómo funciona y, por tanto, reducimos la tasa de error. Porque la mayor parte de los fallos que surgen, en realidad, en el funcionamiento de la tienda se debe a error humano y no tecnológico, lo que resulta curioso", explica la responsable.
"Por ejemplo, aunque nosotros señalamos que las personas, después de entrar, deben cerrar la puerta porque son responsables de las compras de todos los que entren con ellas, en Portugal es un gesto de caballerosidad que un señor sujete la puerta a una señora, y ya ha ocurrido que un señor entró en la tienda, mantuvo la puerta abierta para la mujer que venía detrás y, obviamente, las compras de ambos se cargaron en su tarjeta, porque la IA no sabe si las personas están juntas o no".
La población joven es el objetivo, pero la aceptación llega a todas las franjas de edad
La elección del lugar para abrir la tienda buscó atraer a un público más joven y con mayor poder adquisitivo.
"Inicialmente pensábamos que sería un público más joven el que buscaría y adoptaría estas soluciones. Y ha sido muy interesante ver que las generaciones con más experiencia también se han sumado mucho. Las personas vienen, incluso con 70 u 80 años, y ya tienen una alfabetización digital que les permite utilizar la tienda sin problemas", explica Catarina Dias.
"Entre otras cosas porque el uso de la tienda es realmente muy sencillo. No hace falta comprender la tecnología para utilizarla. Solo hay que pasar la tarjeta, entrar, recoger los productos y salir. Y, muchas veces, el hecho de que tengamos un acceso peatonal fácil, sin escaleras, sin colas, hace que incluso este público de más edad haya adoptado la tienda de forma masiva".
Con unos 90 metros cuadrados, el espacio, desarrollado mediante una alianza entre Sensei y Glintt Life, se financió íntegramente con fondos privados.
"Nos presentamos a un PRR de Inteligencia Artificial e Innovación. Y fue, diría, muy decepcionante para nosotros que nuestro proyecto no se considerara suficientemente innovador", lamenta la responsable. En un proyecto en constante evolución, Catarina Dias asegura: "El futuro es prometedor".
Actualmente, el espacio ofrece prácticamente todo lo que se puede encontrar en una farmacia, desde dermocosmética, productos para bebés, suplementos y productos de higiene bucal. Quedan fuera, por ahora, los medicamentos de venta libre y, por supuesto, los fármacos sujetos a receta médica.