Encuestas a ambos lados del Atlántico muestran que la ciudadanía mira a la IA con recelo más que con fascinación y extiende su desconfianza a los directivos tecnológicos que la promocionan.
Pese a sus rápidos avances tecnológicos, la inteligencia artificial todavía no ha logrado ganarse a la gente.
Un nuevo estudio de Pew Research muestra que el 52% de los estadounidenses se siente ahora más preocupado que entusiasmado por su creciente presencia en la vida diaria, frente al 37% de 2021. Solo el nueve por ciento se declara más entusiasmado que preocupado, mientras que el 37% restante está dividido a partes iguales entre ambas sensaciones.
Esa inquietud se acentúa entre las generaciones más jóvenes. Por primera vez desde que Pew empezó a seguir esta cuestión, el 55% de los adultos menores de 30 años afirma ahora que está más preocupado que entusiasmado con la inteligencia artificial, es decir, una mayoría.
Esta creciente desconfianza se extiende más allá de la propia tecnología y alcanza a quienes la desarrollan.
Una encuesta de CNBC Generation Lab preguntó a 1.088 participantes si confiaban en nueve de los líderes más destacados del sector para actuar con responsabilidad y concluyó que una mayoría desconfiaba de todos ellos.
El consejero delegado de Microsoft, Satya Nadella, fue el mejor parado, aunque aun así el 65% asegura no confiar en él.
El consejero delegado de Palantir, Alex Karp, ocupó el último lugar, con un 81% de desconfianza. Dario Amodei, de Anthropic, y Sundar Pichai, de Alphabet, no quedaron mucho mejor, ambos rechazados por alrededor del 75% de los encuestados. Solo el 36% considera que un organismo independiente de expertos debería ser el encargado de fijar las normas para la inteligencia artificial.
Más europeos temen que la inteligencia artificial les quite el trabajo
Las mismas inquietudes se observan al otro lado del Atlántico.
Un estudio de 2025 elaborado por EY detectó que el 42% de los empleados europeos teme que la inteligencia artificial pueda poner en riesgo sus puestos, mientras que una encuesta más amplia del Grupo Verian para la Comisión Europea reveló que el 66% del conjunto de la población cree que la inteligencia artificial acabará destruyendo más empleos de los que crea.
Sin embargo, el panorama no es del todo sombrío, la mitad de los europeos consultados por Verian considera que la inteligencia artificial puede ayudar a hacer frente a grandes desafíos globales, desde enfermedades graves hasta el cambio climático.
Las opiniones sobre su impacto más general también estaban divididas, el 55% de los ciudadanos de la UE espera que la inteligencia artificial transforme la vida cotidiana de forma positiva en los próximos 20 años, frente al 35% que anticipa lo contrario.
Los europeos también respaldan de forma abrumadora un mayor control, el 84% cree que la inteligencia artificial y los robots deben gestionarse con cuidado, sobre todo para proteger la privacidad y garantizar la transparencia.
Al mismo tiempo, una mayoría sigue viendo con buenos ojos la presencia de la inteligencia artificial en el entorno laboral, el 62% la valora positivamente, frente al 32% que no.
Esa cautela puede derivarse en parte de una falta de conocimiento. Más de un 60% de los europeos afirma no sentirse informado sobre los riesgos potenciales de utilizar inteligencia artificial en la investigación científica.
En conjunto, los datos apuntan a que los europeos son algo más receptivos a la inteligencia artificial que los estadounidenses, pero también más proclives a exigir regulación y mecanismos de seguridad.
En Estados Unidos, en cambio, la expansión de la inteligencia artificial se topa con otro tipo de resistencia. Los planes para construir nuevos centros de datos de inteligencia artificial por todo el país están encontrando una fuerte oposición social, incluso allí donde los promotores ofrecen incentivos como garantías de empleo.
Buena parte de ese rechazo se explica por una desconexión básica, muchos consumidores no perciben un beneficio claro y personal en la infraestructura que se levanta a su alrededor.
Durante mucho tiempo, la inteligencia artificial fue algo limitado y útil, una herramienta de búsqueda, un chatbot.
Ahora aparece en todas partes, en los televisores, en las plataformas de vídeo, en el correo electrónico, en la música, en las tareas escolares y en muchos otros ámbitos.
Y para muchas personas, la experiencia de esa expansión ha sido más bien negativa, ya sea porque los estudiantes utilizan la inteligencia artificial para hacer trampas o porque los artistas ven cómo su obra se incorpora a los datos de entrenamiento sin su consentimiento.