La «ceguera del tiempo» es una característica del TDAH bien documentada, pero los expertos señalan que no es una excusa automática y no todos los que llegan tarde lo tienen.
Alice Lovatt, música y trabajadora en un hogar tutelado en Liverpool, Inglaterra, solía tener problemas por llegar tarde.
Se sentía avergonzada cuando quedaba mal con sus amigos por su tardanza y con frecuencia estaba estresada por llegar a clase a tiempo.
"No parece que tenga ese reloj que me marca el tiempo en la cabeza", dijo Lovatt.
No fue hasta que le diagnosticaron trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) a los 22 años cuando supo que lo que le pasaba tenía nombre.
A veces se denomina ceguera del tiempo y, en 1997, Russell Barkley, neuropsicólogo clínico retirado de la Universidad de Massachusetts, la llamó miopía temporal.
La ceguera del tiempo describe la dificultad para calcular cuánto duran las tareas o cuánto tiempo ha pasado. Se asocia desde hace mucho al TDAH y, en algunos casos, al autismo.
Más recientemente, el concepto ha ganado fuerza en las redes sociales, lo que ha abierto un debate sobre dónde trazar la línea entre una condición reconocida y conductas que otros ven como desordenadas o incluso de mala educación.
Los expertos señalan que la ceguera del tiempo está vinculada a las funciones ejecutivas en los lóbulos frontales del cerebro y es un rasgo bien documentado del TDAH.
"Cualquiera puede tener problemas para llegar a tiempo, pero con el TDAH hay una alteración funcional", dijo Stephanie Sarkis, psicoterapeuta y autora de '10 Simple Solutions to Adult ADD'.
"Afecta la vida familiar y social, repercute en el trabajo, la gestión del dinero, en todas las áreas", añadió.
¿Puede el TDAH ser una excusa?
Sarkis afirma que si la impuntualidad crónica es "una estrella en la constelación de síntomas", podría apuntar a una condición tratable.
Sin embargo, subraya que no toda persona que llega tarde tiene TDAH ni cuenta con una excusa automática.
Cita investigaciones que muestran que los fármacos estimulantes prescritos para síntomas del TDAH como la falta de atención o la inquietud también pueden ayudar a reducir la ceguera del tiempo.
Jeffrey Meltzer, terapeuta en Estados Unidos que trabaja con personas con dificultades de puntualidad, sostiene que es importante entender las causas de la impuntualidad reiterada.
Algunas personas evitan llegar temprano porque detestan las conversaciones triviales, a menudo ligadas a la ansiedad. Otras pueden sentir que carecen de control sobre su vida y recurrir a llegar tarde para recuperar una sensación de autonomía.
"Es la misma idea psicológica que hay detrás de la 'revenge bedtime procrastination'", dijo, en referencia a quedarse despierto hasta tarde para recuperar tiempo personal tras una jornada exigente.
Meltzer propone usar una sencilla 'tarjeta de afrontamiento', con una cara que cuestione el miedo de fondo y otra que recuerde las consecuencias de llegar tarde.
Por ejemplo, en una cara escribir: "Asistir a esta reunión no significa que pierda mi libertad". En la otra, "Llegar tarde otra vez molestará a la gente en el trabajo".
Más difícil de abordar, dijo, es la impuntualidad motivada por el sentimiento de privilegio. Quienes creen que su tiempo vale más que el de los demás pueden darse permiso para llegar tarde, a menudo junto a otras conductas que evidencian una sensación de superioridad.
Según Meltzer, esas personas también mostrarían ese privilegio en otros ámbitos, como aparcar en plazas reservadas para personas con discapacidad o tender a hacer una entrada triunfal en un acto.
"Quizá llegan 20 o 30 minutos tarde, y es como: 'Oh, mira quién está aquí'", dijo. "Es una manera de atraer la atención".
Sea cual sea la causa, Sarkis recuerda que las personas siguen siendo responsables de cómo su comportamiento afecta a los demás. Las herramientas usadas para ayudar a quienes tienen TDAH también pueden beneficiar a cualquiera con dificultades para gestionar el tiempo.
Sarkis recomienda usar relojes inteligentes o varios relojes para reducir las distracciones del móvil, dividir las tareas en pasos más pequeños y evitar sobrecargar la agenda.
Lovatt ha incorporado muchas de estas estrategias. Se concede bastante más tiempo del que cree que necesita, utiliza aplicaciones para bloquear distracciones y lleva listas detalladas de cuánto tardan en realidad las tareas cotidianas.
Lo que antes parecía una rutina matinal de 20 minutos resulta que lleva 45 minutos cuando se desglosa paso a paso, desde levantarse de la cama hasta encontrar sus zapatos.
"No funciona el cien por cien del tiempo", dijo. "Pero, en general, ahora soy mucho más fiable".