Una investigación sobre tres mohelim en Amberes ha desatado un conflicto diplomático entre Bruselas y Washington. ¿Qué normas rigen en Bélgica y en otros países y cómo ha reaccionado la comunidad religiosa?
Después de que el embajador estadounidense en Bélgica, Bill White, acusara a su país anfitrión de antisemitismo por sus leyes que regulan la circuncisión, el Gobierno belga se vio envuelto en un encendido debate público.
Las críticas de White se desencadenaron por un caso judicial que se remonta a mayo de 2025, cuando la Policía de Amberes registró los domicilios de tres mohelim (personas que practican la circuncisión según los ritos religiosos judíos) sospechosos de realizarla sin la participación de un profesional médico titulado.
"En Bélgica, la ley establece de forma estricta que solo los médicos pueden realizar circuncisiones o cualquier operación similar", explicó a 'Euronews' Dirk Devroey, profesor de medicina de familia en la universidad VUB, con sede en Bruselas.
Además de por motivos culturales o médicos, la circuncisión es una práctica religiosa fundamental tanto en el judaísmo como en el islam. Mientras que en el islam puede ser realizada por profesionales sanitarios formados, en el judaísmo, donde se conoce como Brit Milah o bris, tradicionalmente debe llevarla a cabo un mohel especialmente preparado.
Aunque la mayoría de los mohelim son médicos o rabinos, o ambas cosas, se espera que reciban una formación rigurosa en la forma específica de practicar la circuncisión que exige la fe judía.
Según la tradición judía, un niño debe ser circuncidado ocho días después de nacer. Durante el bris, el mohel desliza un instrumento sobre el prepucio, lo más cerca posible del glande, antes de retirar el prepucio con un bisturí.
Quienes defienden esta práctica sostienen que la circuncisión conforme a los ritos religiosos suele ser menos dolorosa y menos invasiva para el recién nacido que la intervención médica, pero los críticos cuestionan que se respeten todos los protocolos sanitarios cuando no hay presente un profesional médico con licencia.
"La circuncisión puede resultar peligrosa cuando se realiza en condiciones no estériles y sin anestesia", advirtió Devroey. "El dolor puede pasar, pero siempre existe la posibilidad de infección y, en algunos casos, se pierde parte del pene por esta causa". La cuestión de quién debe realizar la intervención también ha generado división dentro de la comunidad judía en Bélgica.
Moshe Friedman, el rabino de Amberes cuyas denuncias dieron lugar a la investigación, afirmó a la radiotelevisión pública flamenca 'VRT NWS' que se han dado casos de niños contagiados con enfermedades graves como consecuencia de la circuncisión ritual. En algunos casos, aseguró, los niños han muerto.
El rabino Menachem Margolin, presidente y fundador de la Asociación Judía Europea, rechazó estas preocupaciones. "La práctica la llevan a cabo profesionales formados que se someten a una preparación muy estricta", declaró a 'Euronews'. "Es muy importante que las autoridades comprueben que todo se hace correctamente", dijo el rabino Margolin.
"Pero hablar de algo que se viene haciendo desde hace 4.000 años y por lo que han pasado millones de niños, mi padre me la practicó a mí y yo se la hice a mis hijos, equivale básicamente a decir: 'No confiamos en que cuidéis de vuestros hijos'", señaló.
'Euronews' se puso en contacto con la Fiscalía para solicitar pruebas que respaldaran las afirmaciones del rabino Friedman. El organismo confirmó que hay en curso una investigación judicial sobre "circuncisiones ilegales", centrada en actos médicos practicados por hombres que no eran médicos.
'Euronews' también contactó con los Servicios de Salud Pública de Bélgica para preguntar si habían recibido informes de hospitales sobre infecciones en lactantes o fallecimientos relacionados, pero al cierre de esta edición no había obtenido respuesta. No existen datos públicos agregados sobre el número de infecciones posteriores a una circuncisión.
Mientras tanto, algunos miembros de la comunidad judía belga temen que la investigación sobre los mohelim de Amberes desemboque en una prohibición de facto del bris.
Qué dice la ley
Por ahora, ningún otro país europeo ha aprobado una prohibición legal de la circuncisión no médicamente necesaria en niños varones. Islandia acaparó titulares en 2018 al plantearse convertirse en el primer país en vetarla, pero la legislación aún no ha sido aprobada.
Muchos países imponen normas similares a las de Bélgica y exigen que la circuncisión la realicen profesionales formados. Otros obligan a utilizar anestesia o el alivio del dolor más eficaz posible. En el pasado, algunos países escandinavos han pedido fijar una edad mínima para que los niños puedan dar su consentimiento.
La ausencia de una prohibición se debe en parte al temor de que la circuncisión pase entonces a practicarse fuera del ámbito sanitario. Sin embargo, Nicolas Maubert, copresidente de Droit au Corps, una asociación dedicada a la prevención, sostiene que esto obedece más bien a presiones políticas y religiosas.
"En cuanto un país intenta prohibir la circuncisión, se ejerce una presión religiosa y/o estadounidense, como ocurre actualmente con el embajador Bill White", declaró Maubert a 'Euronews'.
Recordó el caso de Alemania, donde un tribunal de Colonia dictaminó en 2012 que circuncidar a niños pequeños por motivos religiosos constituye un daño corporal y es ilegal, lo que provocó indignación entre los grupos judíos y musulmanes. Tras esta oleada de protestas, el Gobierno y los partidos de la oposición alemanes elaboraron una ley que confirmaba que la práctica era legal.
En 2013, el Consejo de Europa generó controversia al adoptar una resolución no vinculante en la que expresaba su preocupación por las violaciones de la integridad física de los niños y pedía una regulación que garantizara prácticas médicas sin dolor. La iniciativa se topó con la oposición de grupos religiosos, lo que llevó a aclarar que no se trataba de una prohibición vinculante.
Preocupaciones sobre la libertad religiosa
Para las comunidades basadas en la fe, hablar de endurecer la legislación o imponer vetos toca un derecho existencial. "Estamos hablando de la libertad de religión, que todo el mundo democrático ha decidido respetar", afirmó el rabino Margolin.
"Cualquier intento de poner límites a esto nos envía claramente un mensaje muy contundente de que se quiere dañar nuestros derechos más básicos. Por supuesto, es algo que no podemos aceptar". Un miembro de la comunidad judía belga, que prefirió permanecer en el anonimato, se preguntaba hasta dónde llega este enfoque.
"Si alguien dice que los niños deberían poder elegir por sí mismos cuando cumplan 18 años, siempre le pregunto: ¿me estás diciendo que, como padre, no puedo tomar ninguna decisión por mi hijo?" Y eso, según él, puede interpretarse como 'el Estado sabe mejor'. "Y eso sienta un precedente muy, muy, muy peligroso".
También cuestionó por qué este debate ha recibido tanta atención, dado que solo afecta a alrededor de 500 a 700 niños al año que son circuncidados. Sin embargo, para Devroey el debate en Bélgica, a la que calificó como "uno de los países campeones mundiales en circuncisión", va más allá de la religión y se reduce a la práctica en sí misma al margen de la fe de cada cual.
"Casi en ningún otro lugar se practica tanto la circuncisión como en Bélgica, y muy a menudo sin necesidad", explicó, antes de añadir que se realizan en torno a 26.000 circuncisiones al año. "Solo un por ciento de esas circuncisiones podría ser realmente necesario".
En cuanto a quienes optan por circuncidar a sus hijos por motivos religiosos, Devroey aseguró que son "libres de tener su propia religión", pero que su preocupación es el consentimiento.
"Espere a practicar la circuncisión hasta que la persona sea adulta, o al menos lo bastante mayor como para poder decidir por sí misma. Entonces podrá elegir esa religión", señaló.
Mientras tanto, según el rabino Margolin, si al Gobierno belga le preocupa la salud de los niños judíos y, en general, las inquietudes del pueblo judío, debería dirigirse a la comunidad para abordar estas cuestiones directamente.
"Tenemos problemas realmente serios, problemas que sí son reales. Y la circuncisión y el nivel de higiene de los mohelim no forman en absoluto parte de ellos", dijo el rabino Margolin.