Los exfutbolistas afrontan un mayor riesgo de depresión y ansiedad, según una nueva investigación que también ha detectado cambios en su cerebro.
Los exfutbolistas presentan niveles más altos de depresión y ansiedad y declaran más dificultades para pensar y tomar decisiones que las personas sanas que no han jugado al fútbol, según una nueva investigación.
Los primeros resultados del estudio apuntan a que casi una tercera parte de los 142 exjugadores profesionales analizados presentaba síntomas lo bastante graves como para ser clasificados como depresión clínica, frente solo al 9% del grupo de comparación. En el caso de la ansiedad, el 42% de los jugadores superaba el umbral, frente al 25% de los no jugadores.
"Aunque no observamos diferencias claras entre exjugadores y no jugadores en las pruebas cognitivas estándar, sí vimos diferencias significativas en los síntomas, como ansiedad y depresión, que comunicaron los participantes, así como en las imágenes cerebrales", señaló Caleigh Grace Lynch, autora principal del estudio.
Añadió que los resultados sugieren que podría haber efectos medibles sobre la salud cerebral en exfutbolistas profesionales incluso a mitad de la vida, mucho antes de que trastornos como la demencia suelan hacerse evidentes.
En el estudio participaron 142 exjugadores profesionales de 30 a 60 años, 126 hombres con al menos tres años como profesionales a tiempo completo y 16 mujeres que habían jugado en las dos principales divisiones femeninas del Reino Unido.
Se les comparó con 56 personas sanas de edad similar sin antecedentes de deportes de contacto, servicio militar, lesiones en la cabeza ni problemas neurológicos.
La investigación, realizada por especialistas del Imperial College London y presentada en la conferencia internacional de la Asociación de Alzhéimer (AAIC) 2026, también concluyó que los exjugadores de élite informaron de una menor capacidad para planificar, concentrarse, resolver problemas y gestionar las tareas diarias en comparación con quienes no habían practicado este deporte.
Sin embargo, esta diferencia solo se observó cuando los participantes describían su propia experiencia, las pruebas reales de memoria y pensamiento no hallaron diferencias claras entre los dos grupos.
Las exploraciones mediante resonancia magnética (RM) revelaron diferencias en la estructura cerebral entre algunos exjugadores y el grupo sano de comparación, con indicios de menor volumen cerebral entre los futbolistas.
No obstante, los investigadores advirtieron de que, aunque el aumento de síntomas y los patrones alterados de volumen pueden apuntar a una neurodegeneración relacionada con traumatismos, es necesario realizar más trabajos para demostrarlo de forma concluyente.
"Estudios como este pueden ayudar a los jugadores, a los clínicos y a las organizaciones deportivas a comprender mejor los posibles riesgos y a considerar cómo hacer el juego más seguro, al tiempo que permiten que cada persona tome decisiones informadas", afirmó Maria C. Carrillo, directora científica de la Asociación de Alzhéimer.
Millones de personas en todo el mundo juegan al fútbol cada día y, aunque cualquier actividad física es en general beneficiosa para la salud, este deporte también puede ser una fuente de golpes en la cabeza.
Los jugadores están expuestos a impactos repetidos en la cabeza por remates intencionados de baja intensidad con el balón y por fuertes choques contra el cuerpo de un rival o contra el suelo.
"Al seguir a los participantes a lo largo del tiempo, esperamos comprender mejor cómo los impactos repetidos en la cabeza pueden afectar a la salud cerebral a largo plazo, esto también ayudará a encontrar maneras de reducir los posibles riesgos en el deporte", explicó Thomas Parke, del UK Dementia Research Institute.