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Siete formas de explorar las montañas búlgaras en cualquier época del año

Una vista de los lagos desde las montañas de Rila en Bulgaria
Una vista de los lagos desde las montañas de Rila en Bulgaria   -   Derechos de autor  Canva
Por Euronews

Una vez que haya aterrizado en la hermosa ciudad de Sofía, puede que le resulte difícil imaginar que va a pasar su estancia en otro lugar, durante sus vacaciones en tierras búlgaras. Sin embargo, al salir de la capital del país, le esperan un sinfín de emociones en las cadenas montañosas de zona rural de Bulgaria.

Con las cordilleras de Rila y Pirin en el suroeste, y las montañas balcánicas, que se extienden por el centro del país, hay lugares adecuados para todos los gustos; zonas idílicas que esperan a los visitantes en 2022.

1) El imprescindible viaje en busca de nieve y esquí

A medida que se acercan los meses de invierno, muchas personas piensan en el esquí. Si busca algo diferente a las clásicas ‘vacaciones blancas’ en localidades alpinas, las estaciones de esquí de Bansko, Borovets y Pamporovo pueden resultar de su agrado.

Bansko, un pueblo a los pies de las montañas Pirin, ha sido galardonado con el premio a la ‘mejor estación de esquí de Bulgaria’ en los World Ski Awards, de forma consecutiva, desde 2013. Con 75 kilómetros de pistas esquiables señalizadas y 9 kilómetros de pistas destinadas a la práctica del esquí de fondo, hay espacios adecuados para todos los esquiadores, independientemente de cuál sea su nivel de destreza a la hora de deslizarse por las pistas.

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Esquiadores en la estación de Bansko, en BulgariaAmorphisman vía Wikimedia Commons

Después de un largo día cargado de adrenalina en los respectivos descensos por las pistas, puede relajarse en lugares que ofrecen una buena muestra de la tradición popular de Bulgaria. Las ‘mehanas’, tabernas tradicionales búlgaras, le reservan un lugar al lado del fuego para secar sus calcetines, con frecuencia mojados tras varias horas en la nieve. Además, disponen de una rica oferta culinaria para saciar el apetito y reponer fuerzas y, por supuesto, ‘rakia’, el clásico licor de los Balcanes que calienta el cuerpo y, según afirman algunos, ‘agudiza los sentidos’.

2) Recorrer los puertos de montaña en bicicleta

Cuando se derrita la nieve y queden despejadas las carreteras, cambie los esquís por las ‘dos ruedas’ y viva la emoción de enfrentarse a las montañas búlgaras con la bicicleta. Una de las mejores opciones para ello se encuentra en los montes Ródope.

Cuna de Orfeo, destacado músico de la mitología griega, los montes Ródope son conocidos como el ‘corazón verde de Europa’ por sus bosques de pinos, siempre verdes. Una ‘excursión’ en bicicleta puede llevarle a la ciudad balneario de Velingrad, donde podrá recuperarse del esfuerzo y bañarse en cálidas aguas minerales.

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Vista desde Yagodina, en los montes RódopeCanva

3) Senderismo en Musala y Vihren

Si no le apetece esquiar ni tampoco le atrae la opción de enfrentarse a las pendientes de las montañas búlgaras con la bicicleta, no se preocupe. Quizá, entonces, le apetezca sentir la emoción propia del vértigo.Una excursión a la cima de Vihren o Musala puede colmar las expectativas de cualquier excursionista habitual. Algunos de los picos de las cordilleras de Pirin y Rila rondan los 2 900 metros de altura. El pico del Musala, cuya cumbre se sitúa a 2 925 metros sobre el nivel del mar, es el más alto del sudeste de Europa.

Las montañas de la zona ofrecen unas vistas asombrosas durante todo el año. Si no le apetece completar una caminata a pie, más o menos exigente, hasta la cima, tiene otra opción. En los meses de verano puede ascender las laderas del Musala y llegar a la cima en un solo día, sin fatigarse demasiado, con la ayuda de los remontes mecánicos de la estación de esquí de Borovets.

4) Un viaje a los monasterios situados en las montañas

Una parte ineludible de cualquier viaje a los montes de Bulgaria es la visita a uno de los más de 100 monasterios repartidos por todo el país.

Para vivir una experiencia única en uno de estos lugares, el monasterio de Rila representa una buena opción. Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, la cueva ascética que albergó al ermitaño San Juan de Rila, en el siglo X después de Cristo, ha sido un célebre lugar sagrado desde entonces.

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El Monasterio de Rila está situado en el corazón de una de las cadenas montañosas de BulgariaCanva

Destruido por un incendio en 1862, el monasterio fue reconstruido para encarnar las impresionantes representaciones de la arquitectura renacentista búlgara. Todavía hoy, los monjes recorren los espacios de una impresionante joya cultural, con frecuencia envuelta en la niebla, que deja maravillado al visitante.

5) Impresionantes lagos de montaña

A lo largo de sus viajes por las zonas montañosas, es posible que quiera visitar un hermoso lago con vistas a las cumbres, y en Bulgaria hay muchos lugares propicios para ello.

Los populares ‘Siete Lagos de Rila’ son accesibles desde las viviendas cercanas. A mediados de agosto, se celebra allí la ‘Danza Paneurítmica’, un baile en el llamado ‘lago del riñón’, que rinde homenaje al filósofo búlgaro conocido como ‘Maestro Beinsa Douno’.

6) Vino de montaña de los Balcanes

El licor local ‘rakia’ puede parecer un poco desmedido para acompañar la mayoría de las comidas, debido a su alta graduación. Si es amante del vino, no dude en completar su excursión a la montaña con un viaje al llamado ‘Valle de las Rosas’, una región vinícola situada en el centro del país.

Las montañas no solamente constituyen un bonito escenario para el ‘Valle de las Rosas’. Además, protegen los viñedos de las condiciones climáticas extremas que podrían alterar la producción de algunas de las variedades de uva propias de Bulgaria. Una de las más conocidas es la 'Red Misket', una antigua variedad búlgara que produce ‘vinos blancos con un tono rosado’.

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Un campo en el 'Valle de las Rosas', donde se encuentran muchos de los viñedos de BulgariaCanva

7) Cocina de altura

Al compartir gran parte de su cocina con sus ‘vecinos’ griegos y turcos, los viajeros pueden encontrar en la gastronomía búlgara deliciosos platos de ‘tahini’, ‘börek’ y ‘musaka’. El visitante puede disfrutar de la cocina tradicional búlgara en cualquier parte del país, pero es en los montes Ródope donde se encuentran las verdaderas ‘delicias búlgaras’.

El patatnik, un pastel de patatas con gran cantidad de queso 'feta' búlgaro (sírene), es una buena opción para la cena de un excursionista hambriento o la de un esquiador que quiere saciar su apetito. Los ‘viajeros veganos’ también pueden decantarse por una deliciosa ‘bob chorba’, una sopa de alubias que puede incluir, prácticamente, cualquier tipo de verdura que se encuentre en el mercado.