La mayoría de visitas acuden a Marmaris por el mar, pero es el bosque de pinos que se extiende sobre él lo que, en gran manera, hace que este tramo de la costa de Turquía sea tan singular.
El viaje comienza en el mar, a bordo de una goleta tradicional, una embarcación de madera que todavía se construye a mano en esta costa, tal y como lleva haciéndose durante generaciones. Durante el famoso Viaje Azul, los viajeros recorren las antiguas ruinas de Amos, situadas en lo alto de una colina, antes de echar el ancla en la bahía de Kumlubük. Allí, el agua es tan tranquila y cristalina como para practicar snorkel nada más bajar del barco.
Pero la identidad de Marmaris no solo está en la costa. En el interior, las 30.000 hectáreas de bosque de pino mediterráneo del Parque Nacional de Marmaris conducen hasta la cueva de Nimara, que los seres humanos utilizaban como refugio desde el Paleolítico.
Estos mismos bosques dan lugar a una tradición local que pocos visitantes esperan encontrar: la miel de pino, que no se elabora a partir del néctar sino de la melaza recogida de los árboles, y que es más oscura y menos dulce que la mayoría. En la Marmaris Honey House, se muestra este oficio centenario en todo su esplendor. Y es lógico, pues Turquía produce alrededor del 92% de la miel de pino del mundo, gran parte de la cual procede precisamente de esta región.