El gigantesco navío militar ha abandonado las aguas tailandesas y ha vuelto al mar tras cinco días de escala en Pattaya, la primera autorización para pisar tierra concedida a los 5.000 marineros de la tripulación tras nueve meses de misión.
El portaaviones de propulsión nuclear Abraham Lincoln, de la clase Nimitz, que lleva más de 200 días consecutivos en el mar, ha abandonado el puerto tailandés de Pattaya. La duración ininterrumpida de la misión establece un récord para un buque de guerra estadounidense en la época moderna.
Este zarpó de San Diego el 21 de noviembre de 2025 para un despliegue en el mar de China Meridional, pero la unidad fue desviada posteriormente hacia Oriente Medio tras el estallido del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, con una misión que, de los siete meses previstos inicialmente, se ha prolongado mucho más allá. Una permanencia tan prolongada ha hecho mella en la tripulación, formada por unos 5.000 entre marineros e infantes de Marina.
Diversas fuentes militares y testimonios recogidos por medios como 'Military Times' y 'Stars and Stripes' describen una situación de fuerte malestar a bordo, con turnos de trabajo de hasta 12-16 horas consecutivas, reservas de comida y productos de higiene personal reducidas al mínimo, averías en las instalaciones de agua y problemas en el tratamiento del agua.
Denuncias sobre la salud mental de la tripulación
El panorama más preocupante tiene que ver, sin embargo, con el estado psicológico de los militares. Según un informe difundido por una revista militar, varios marineros habrían intentado arrojarse al mar desde el buque. La Marina estadounidense no ha hecho público un número oficial de casos y se ha limitado a señalar que el mando está supervisando el bienestar del personal a bordo.
Algunos familiares han relatado episodios directos. Una pareja de un marine explicó que su marido, tras intentar tirarse al agua, se encuentra ahora bajo observación médica y teme repercusiones en su carrera militar. Otra mujer contó que su marido logró impedir en el último momento que un compañero llevara a cabo el mismo gesto.
Ante estas denuncias, varios senadores demócratas han alzado la voz. El senador Richard Blumenthal ha escrito al secretario de Defensa, Pete Hegseth, para pedir explicaciones sobre las deficiencias higiénicas y sanitarias a bordo, mientras que su colega Ruben Gallego ha reclamado una inspección bipartidista del buque, considerando que la manera en que la Administración Trump está tratando a los militares implicados en esta guerra es tan inaceptable como arriesgada.
Miles de marineros abandonan una de las capitales del turismo sexual
En las últimas horas miles de marineros han regresado al Lincoln para abandonar definitivamente Tailandia, lo que cierra la primera escala en puerto de todo el despliegue, que ha durado nueve meses. El buque zarpó del puerto de Laem Chabang, a unos 30 minutos de Pattaya, en torno a las 05:00 CET, retomando la navegación después de cinco días de descanso concedidos a la tripulación en uno de los destinos más conocidos del sudeste asiático por su vida nocturna, pero también por el turismo sexual.
La llegada, que coincidió con la temporada baja turística, ha supuesto una inyección de liquidez para la economía de la ciudad. El alcalde de Pattaya ha calculado en unos tres millones de dólares (2.583.315,00 de euros) el gasto total de los marines durante la escala, a lo que se suman suministros vendidos directamente al buque, como dentífrico y otros productos de higiene, por un valor de decenas de miles de euros, precisamente los bienes que habían escaseado a bordo en los meses anteriores.
Seguridad reforzada, pocos incidentes
Las autoridades locales habían intensificado los controles de cara a la llegada del portaaviones, en particular sobre el mercado del sexo en Pattaya. El balance final, según la Policía local, ha sido sin embargo tranquilo, sin detenciones ni incidentes relevantes, salvo una pelea entre varios marines bajo los efectos del alcohol en las inmediaciones de Walking Street, la calle símbolo de la vida nocturna de la ciudad, por la que dos militares fueron devueltos a bordo por la Marina estadounidense.
Con la salida de Laem Chabang, el Lincoln abandona así Tailandia y vuelve a navegar, mientras siguen sobre la mesa las peticiones del Congreso para aclarar plenamente las condiciones reales de vida y de trabajo a bordo de uno de los portaaviones que simbolizan la presencia militar estadounidense en Oriente Medio.