Dianne Apen-Sadler, de Euronews Travel, viaja a la antigua ciudad nepalí de Bhaktapur para el Sa: Paru, el festival que honra a quienes murieron en el último año.
El sonido que más asocio con la muerte es el silencio. No solo por la razón obvia, que quienes se han ido ya no volverán a hablar, a gritar, a llorar ni a reír.
Otros silencios más pequeños, como el que llega después del funeral, cuando se ha ido el último invitado y solo te quedan tus pensamientos y una cantidad desmesurada de comida compartida por quienes quisieron acompañarte. O cuando, semanas después, vas a llamarles o a enviarles un mensaje para contarles tu día y te detienes, porque ya no puedes hacerlo.
Incluso años más tarde, permanece en esa pausa incómoda cuando revelas que alguien cercano ha fallecido y la otra persona no sabe muy bien qué responder.
No lo asocio con tambores ni campanas. La música, más allá de las canciones elegidas para la ceremonia, resulta fuera de lugar. ¿La energía estridente y caótica de un festival? Nunca.
Sin embargo, eso es precisamente lo que define Sa: Paru, un festival anual que rinde homenaje a quienes han muerto en el último año, como descubrí en mi reciente viaje a Bhaktapur, en Nepal.
Celebrado en todo el valle de Katmandú por el pueblo newar, el festival da la vuelta por completo a la idea occidental del duelo y ofrece a los fallecidos una despedida alegre mientras se encaminan hacia la salvación.
"Cuando alguien muere en las sociedades occidentales, la gente viste de negro, guarda el duelo en silencio, es un momento muy solemne", explica Ajay Bahadur Pradhanang. "Pero en Nepal todo el mundo se reúne y se transforma en algo parecido a un carnaval, un momento realmente gozoso de despedida".
Una comunidad que se une
Aunque el festival también tiene lugar en otras ciudades como Lalitpur y en la capital, Katmandú, situada a unos 13 kilómetros, la celebración en Bhaktapur adopta una forma propia y singular.
Antes del día principal del festival, que se celebra después de la luna llena del décimo mes del calendario lunisolar del país, en agosto o septiembre, los vecinos, hayan perdido a alguien o no, se reúnen para crear los taha: sa.
Estas estructuras de bambú, que sustituyeron a las vacas que tradicionalmente se utilizaban en la procesión, se envuelven en tela antes de colocar en la parte superior una pintura del animal sagrado.
Para completar todo el conjunto se requiere destreza y muchas manos. Tras añadir la tela, generalmente roja para las mujeres y blanca para los hombres, y el retrato de la vaca, se colocan diversas decoraciones, como una fotografía del difunto, representaciones de Shiva y, por último, un paraguas que les protege del sol y de la lluvia, una muestra de respeto.
"En Sa: Paru debemos seguir ciertos rituales, y sería imposible hacerlo solo yo, o solo mi familia, sin la ayuda del resto de la comunidad", señala Ajay.
Se suele decir que hace falta un pueblo entero para criar a un niño, y la celebración en Bhaktapur demuestra que también hace falta una comunidad para acompañar el otro extremo de la vida de una persona.
Estoy aquí invitada por The Nanee, un hotel boutique cercano al centro de la ciudad. Ajay, presidente del hotel, perdió a su madre este año, lo que me permite ver el trabajo que se realiza en el patio contiguo, aunque cualquier visitante de Bhaktapur podrá encontrar taha: sa en construcción a lo largo del día.
El festival arranca temprano a la mañana siguiente, con un flujo constante de taha: sa que recorren las calles acompañados de música, tambores, campanas y el chocar de bastones, mientras las parejas participan en la danza Ghintang Ghisi.
La procesión sigue un recorrido fijado y, al principio, parece que cada grupo marcha a su propio ritmo, algunos avanzan deprisa y hacen que las estructuras se balanceen, como si pasara una vaca tambaleante, otros caminan despacio y se detienen para bailar juntos. Solo cuando las calles empiezan a saturarse y el avance se vuelve lentísimo terminan moviéndose al unísono.
Aunque algunos asistentes visten trajes tradicionales, o versiones modernas de ellos, es igual de habitual ver camisetas de fútbol y camisas hawaianas. Se puede acudir como uno quiera, cualquiera es bienvenido a participar en las celebraciones, siempre que no le importen las aglomeraciones.
Tras hacer una pausa para recuperar el aliento, entablo conversación con Mano Dhaubhadel, un nepalí que vive en Estados Unidos, que perdió recientemente a su hermano pequeño y ha regresado para el festival.
"Esto es algo que no se ve en ningún otro lugar del mundo", me comenta. "La cultura aquí es sencillamente magnífica y está para que la disfruten todos, no solo los newar. La mejor manera de aprender es implicarse".
Por supuesto, también se puede asistir al festival acompañado de un guía. A mí me acompaña el curador de The Nanee, Peepul Subedi, sacerdote y doctorando, que está encantado de explicar el significado de los distintos elementos del festival y su importancia.
"La ciudad entera se reúne en torno a este festival y cada familia que ha perdido a un miembro en el último año saca este tipo de estructura", me explica.
"Representa el mensaje de que todos tenemos que morir y de que todos atravesamos el mismo tipo de pena, así es la vida. No celebramos la muerte bailando y cantando, celebramos que el alma que se ha ido avanza hacia la salvación".
En la mayor parte del valle las celebraciones duran solo un día, pero en Bhaktapur el festival se prolonga durante ocho, con distintas actuaciones de danza repartidas por la ciudad.
Los orígenes exactos de Sa: Paru, también conocido como Gai Jatra, no se conocen con precisión, aunque los historiadores creen que la tradición podría haberse iniciado en el siglo XIV.
El personaje que se asocia con más frecuencia al festival es el rey Pratap Malla, del que se cuenta que lo amplió para animar a su esposa tras la muerte de su hijo Chakravartendra Malla incorporando elementos satíricos. Hoy eso se traduce en que muchos participantes llevan máscaras burlescas de dirigentes políticos como el presidente estadounidense Donald Trump o el presidente ruso Vladimir Putin.
Motivos para quedarse en Bhaktapur
Los itinerarios de viaje para turistas que visitan Katmandú suelen incluir un desvío a Bhaktapur, pero normalmente solo mencionan una visita a la plaza Durbar, con sus diferentes templos y el palacio de las 55 ventanas.
Algo parecido a los turistas de crucero que abarrotan las ciudades europeas durante unas horas en verano y vuelven al barco tras haber aportado poco más que el coste de un helado y un imán para la nevera, estos visitantes pasan una o dos horas en Bhaktapur antes de regresar a la capital.
Es una verdadera lástima, no solo para los habitantes, que apenas perciben beneficios económicos, sino también para los propios turistas, que se pierden lo mejor que ofrece Bhaktapur.
Aquí la vida transcurre más despacio y la ciudad se disfruta mejor a primera hora de la mañana, cuando se ve a la gente deambulando, rezando en los templos hinduistas y budistas o comprando productos en el mercado.
Además de la plaza Durbar, se pueden ver las cerámicas secándose al sol en la plaza de los alfareros, probar a hacer barro en alguno de los talleres o elegir piezas para añadir a la vajilla y la decoración del hogar.
La Peacock Shop es otra visita imprescindible, donde su dueño, siempre dispuesto a conversar, explica paso a paso el proceso tradicional de elaboración del papel de lokta.
The Nanee (fuente en inglés) fue fundado por Ajay y Shailaja Pradhanang con la intención de animar a la gente a quedarse más tiempo mientras disfruta de las comodidades de un hotel boutique de lujo.
"Bhaktapur es un lugar de patrimonio vivo y queríamos que siguiera siéndolo", me cuenta Ajay.
"Con The Nanee ofrecemos a los huéspedes un pequeño oasis en la hermosa ciudad de Bhaktapur y nos aseguramos de que la comunidad, que ha hecho tanto por preservar y conservar su patrimonio, se beneficie de su estancia".
Las experiencias que propone el hotel se organizan en colaboración con los vecinos, como un paseo matutino con una ama de casa o una cena nocturna con un artesano.
Además de Sa: Paru, hay numerosos festivales a lo largo del año, entre ellos el célebre Bisket Jatra, que se celebra durante ocho noches cada abril.
Una nota sobre las recientes inundaciones
Apenas unas horas antes de aterrizar en Katmandú para el festival, una serie de riadas repentinas cerca de la frontera con el Tíbet causaron la muerte de al menos 1.369 personas y dejaron alrededor de 5.000 desaparecidos.
Es lógico que muchas personas hayan cancelado o estén pensando en cancelar sus viajes a Nepal, algo que tendrá un grave impacto en un sector turístico que ya está afrontando las consecuencias de la guerra en Irán sobre las rutas aéreas hacia el país.
Los destinos turísticos más populares, como el valle de Katmandú, el monte Everest y otras rutas de senderismo, no se vieron afectados por la tragedia, y el dinero que dejan los visitantes es ahora más necesario que nunca.
Dianne Apen-Sadler se alojó en The Nanee durante el festival de Sa: Paru. Puede contactar con el hotel directamente (fuente en inglés) para informarse sobre una posible estancia y ajustar su viaje a alguno de los muchos festivales de Bhaktapur. Para más información sobre Bhaktapur, visite la página oficial del organismo de turismo (fuente en inglés).