La acción fue organizada por Greenpeace International junto con Greenpeace Alemania y Greenpeace Nordic, dentro de una campaña más amplia que busca frenar la minería comercial en los fondos marinos. Imágenes difundidas por la organización mostraban al robot desplegando el mensaje a una profundidad de unos 2.315 metros, en una zona donde las compañías mineras esperan extraer metales utilizados en baterías y nuevas tecnologías.
El grupo ecologista señaló que la protesta estaba pensada para presionar a los gobiernos y a los delegados implicados en las negociaciones de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, que estudia las futuras normas para los proyectos de minería en aguas profundas.
Los científicos marinos han advertido en repetidas ocasiones de que la actividad industrial en el fondo del océano puede dañar ecosistemas frágiles que todavía se conocen poco. Greenpeace sostiene que los riesgos ambientales superan a los beneficios económicos y pide una moratoria mundial sobre la minería de los fondos marinos.
La organización describió la operación como la protesta con pancarta realizada a mayor profundidad hasta la fecha, en la que recurrió a la robótica para llamar la atención sobre las amenazas ambientales ocultas muy por debajo de la superficie del océano.